Friday, July 31, 2015

Vacas En El Campo

55

Cristina soltó un pequeño casi inaudible pujido, era su manera de venirse, habló unos minutos sobre virilidad, luego se quedó dormida. yo me quité de encima, me senté al borde de la cama, con los codos sobre los muslos, y vi la oscuridad, sintiendo sólo fastidio; era hora de un cambio.

me fui con las vacas. me dirigí a pradera infinita que se extiende hasta que la imaginación se acaba, se extiende tanto que puedes correr hasta derrumbarte sólo para darte cuenta, con la cara cubierta de tierra, abriendo y cerrando los ojos por incredulidad, que apenas empieza; o por lo menos eso decía el folleto. mentiras. cuando llegué, por las ventanas del camión apareció una pradera chica y no súper verde como en las fotos. el pasto era medio gris con café y olía raro, aunque debo decir, era poseedora de cierto encanto. el camión se detuvo, tomé mi mochila, salté fuera y vi, en pleno atardecer, mi temporal hogar, dejando entrar el extraño aroma, acariciado por la brisa del campo de las vacas. mi nariz, acaparando toda la potencia del CPU, no dejó ver a los ojos las enormes criaturas que aparecían, colina abajo, con las primeras estrellas del acaso. "hola vacas" le dije a verlas ahí mugiendo, siendo ellas mismas, ocupándose de sus asuntos. "de acuerdo" le dije al destino, listo para seguir y abandoné el duro pavimento del pasado para así internarme en la suavidad de la pradera del futuro.

conviví con las vacas un mes entero. al llegar olvidé todo lo que suponía sobre ellas y me dediqué simplemente a pasear despreocupado. vi a las vacas comer manzanas, tener sexo, mugir un escándalo y vivir la vida más simple posible. a pesar de no tener ninguna intención de estudiarlas ni saber más de ellas, en nada entendí por completo la sociedad de la vacas; la vaca alpha, la vaca omega, la vaca rara, la vaca dura, la vaca tímida, la vaca etc. información más inútil no ha habido, el funcionamiento social de las vacas es la cosa menos interesante con la que me he topado y, molesto por el uso de memoria que me iba a ser difícil de desocupar, continué con el programa de pura existencia. pasé el tiempo simplemente comiendo pasto bajo el sol y durmiendo junto a ellas bajo el cielo estrellado. perdido en mí mismo, viendo sus ojos de vaca, sumergido en su negrura, adentrado en su mundo, fui poco a poco entendiéndome más y más.

terminó el mes y, al borde de la locura, llegó el final de mi visita. sonó mi alarma y ahí en la intemperie, sucio y hambriento, rodeado de caca de vaca, al darme cuenta que había acabado, lleno de melancolía y nostalgia por mi vida pre-vacas, no tuve de otra que extrañar el mundo de donde venía y apreciar la generosidad de la fortuna y reconocer que, aun cuando cachetea de vez en cuando, el destino me repartió cartas ganadoras. mi convivencia con las vacas fue oportuna experiencia y, con el mentón y la frente elevándose, sólo quedaba irme a encarar y conquistar el mundo de los humanos. trepé la colina, "adiós, amigas" dije con voz quebrada por corazón turbio, tomé mi mochila y regresé a la carretera a esperar el camión, envidiándolas un poco y, al mismo tiempo, reconociendo sin duda alguna, que yo nunca podría ser una de las vacas en el campo.


Wednesday, June 24, 2015

Muerte En La 5ta Dimensión

54

una última vuelta de destornillador y terminé mis goggles para ver la quinta dimensión. me los puse y vi... vi cosas que me cambiaron para siempre. di vueltas sobre mi propio eje agitando los brazos, gritando fuera de control. oh la 5ta dimensión... ohhh. al echar un vistazo me vomité todo, mi cerebro se negó a participar. por suerte sonó mi alarma a lo lejos, de regreso en la 3ra dimensión, no sé cuanto más hubiera aguantado. volteé alarmado cuando tenía ya entre mis manos lo que sólo pude suponer era el cuello de una criatura de la 5ta dimensión. lo solté con las manos en dolor, en realidad estaba ahorcando un cactus. "ok" dije perdido entre física que una vez sólo fue pura teoría. mi alarma siguió sonando, me quité mis goggles, los metí a un bolsillo de mi chamarra y fui a mi clase de karate.

"ku - ya!" y le metí un karatazo a un muchacho, se lo metí justo en la nariz, sentí en el dorso de mi mano como se rompía el puente y no estaba ni cerca de acabar, oh no, "ku ya!" eco y con la otra mano, mientras se desplomaba el muchacho, le metí un segundo karatazo en un lado de la cara. el muchacho cayó al suelo, cubierto de sangre. lo miré sin piedad parado sobre él, con los ojos muy abiertos, respirando duro, colorado, cubierto en sudor. "viva el karate" le dije para que reconociera lo que le acababa de pasar, "viva la muerte" dijo antes de perder el conocimiento y yo, nervioso, le di la espalda, necesitaba un segundo de privacidad. mis pupilas se movían rápido, de izquierda a derecha, mi mente trabajaba a marcha forzada, "un fascista" dije perdido en absoluta y completa confusión, "pensé que esos ya no existían" dije al recordar que estaba en el futuro, tiempo fantástico donde todo puede pasar, y levanté la cara totalmente aterrado. regresé la vista hacia el suelo, hacia el muchacho inconsciente. se me ocurrió colgarlo, pero la gente se congregaba a nuestro alrededor. será otro día.

subí a mi motocicleta y me dirigí a la casa de mi socia, una chinita de 1. 50, que no dice mucho, pero por alguna razón siempre pone mucha atención. ella me había dado lo que necesitaba para llegar a ser el hombre que siempre pude ser, prendió la mecha de la promesa. había algo en el aire que me inspiró, tal vez era el escape fuera de control del camión frente a mí, tal vez mi obsesión por inhalar sólo el mejor pegamento, no lo sé, lo que sí sé y por eso lo estoy contando, es que a unas cuadradas del pequeño y muy bien decorado departamento, parado en un alto, me puse mis goggles y arranqué la motocicleta. salí disparado, me subí a lo que supuse sólo podía ser la espalda de un mamut que empezaba y acababa un millón de veces y volé por el aire. me mantuve suspendido lo que pareció una década y aterricé en una figura que ponía a mi cabeza a doblarse y desdoblarse como playera en manos de obsesivo, pero en realidad estaba metido de la cintura para arriba en el vitral de una tienda de souvenires de perú. con vidrios clavados en la cara y el cuerpo, decidí rebelarme contra mí mismo y mis proyectos sin sentido, ya no podía más, los monstruos de cinco dimensiones me apretaban la panza y me decían groserías. pero, con mis dedos ya sobre los goggles, junté valor, cambié de parecer y los dejé en su lugar, si no me los dejaba nunca me acostumbraría y sería imposible hacer mi sueño realidad, mi sueño de hacer arte para la 5ta dimensión. maldita la vida.

con curitas aquí y allá, llegué con la chinita. la encontré toda drogada, había tomado peligrosa cantidad de lsd. me mordí la uña del dedo gordo con una idea en la cabeza saliendo como topo a guiñarme un ojo. la miré unos segundos, recargado contra la pared, junto a la puerta. la chinita corría de un lado a otro gritando "naai jou wêreld ek is die meisie wat wil om vir ewig te lewe" y al verla correr cerca de mí, la idea tomó control. le puse el pie, la chinita cayó cara primero contra la alfombra morada. me lancé sobre ella, la tomé de la cabeza y le puse los goggles. "mira, chinita, la 5ta dimensión!" y la chinita se paró de un salto, miró hacia delante como congelada en la tiempo, posando como portera que espera a que tiren un penal, se volvió loca y se echó por la ventana. yo me quedé ahí parado viendo atónito el departamento ahora vacío, escuchando los gritos de la gente en la calle, sintiendo la frescura de la noche. toda la responsabilidad era mía y nadie tardó en enterarse. fueron tras de mí, organizada muchedumbre, quería verme sangrar, querían justicia en forma de linchamiento y yo quiero mucho la vida y por supuesto, después de recuperar mis goggles, me di a la fuga. oh cruel destino, que será de mí.

me encontraron quien sabe como. estaba parado al borde del cráter de un volcán, ya no había escape, la gente se acercaba lentamente, con antorchas en la mano, con asesinato en la mirada, listos para acabarme, para decirme adiós para siempre y yo qué podía hacer, con magna de un lado y con inescapable justicia del otro. "paga la cuenta" decía el cielo, "paga la cuenta" decía una y otra vez. tragué tantita saliva y toqué mi pecho, quería sentir por última vez mi enloquecido corazón. al poner mi mano sobre el pezón izquierdo, sentí y recordé los goggles. si iba a morir, no lo iba a hacer en la cochina 3era dimensión que no me ha dado más que pesares y dolores de cabeza. cerré los ojos, un cuchillo en la barriga, los abrí y el mundo en la 5ta dimensión. un poco de aire y me eché a lo que sólo podía suponer era una vagina gigantesca. de regreso a la matriz, de regreso a la nada. esta es la muerte en la 5ta dimensión que se siente como derretirse en helado.

DEDICADO A THU TRAN DE FOOD PARTY

Thursday, May 28, 2015

La Gran Renuncia

53

renunció a la revolución. salió del cuartel sin mirar atrás, todavía aturdido por lo que acababa de hacer, vagamente consciente de qué significaba y lo que venía. afuera, sin cuidado, un segundo, mientras cruzaba la calle, le aventó un vistazo al atardecer, hizo una mueca y, ágil, se subió a su caballo "hola rubén". tomó las riendas y notó que las manos le olían todavía a pólvora, en las palmas sentía todavía el rifle. "oh la revolución" susurró resignado reconociendo un sutil terremoto en la cabeza con epicentro en el corazón. sabía lo que pasaba y que había que darse prisa. puso a rubén en reversa y lo dirigió hacia el futuro. "arre" comunicó telepáticamente, controlándose lo mejor que podía, sintiéndose como se imaginaba un volcán a punto de hacer erupción se sentía. la tormenta en los adentros empezaba. cerró los ojos montado en la salvaje creciente ola de sentimiento, subiendo y bajando, anclado al mundo real por el vaivén del trote de su viejo y experimentado caballo. avanzaban y con ellos, el coraje. el miedo a la incertidumbre era eclipsado por un hastío profundo, era hora de la ofensiva. el mismo insoportable tedio que le provocaban los infinitos discursos, las interminables palabras sin sentido, la abstracción fanática absurda, lo empujaba hacia la salida, ya no quería jugar. tomó el ahora frío rifle de su costado, tan usado y una vez tan útil, y lo dejó caer en la tierra árida. y acabó todo. levantó la frente, separó los párpados, sintió el cálido aire en la cara pálida y demacrada, miró hacia delante con los ojos ojerosos y cansados, dándole la espalda al lugar donde planeó un sin fin de operaciones y misiones que al final sirvieron sólo para convencerlo de que si la misma revolución era tan insoportablemente insignificante, el resto de las cosas sólo podrían serlo más, "renuncio". siguió hacia la oscuridad del desierto y con la repentina negrura llegó la terrible duda que duró nada, la parte de atrás de la cabeza le explotó. su ex camarada Carmelita, a muchos metros, hecha una sombra frente fondo púrpura, sujetaba un rifle humeante. "viva la revolución" susurró Carmelita con las mejillas empapadas. "lo que menos le gusta a la gente de hoy es alguien con mucho sentimiento sin pena" sonaba en la cabeza de Carmelita quien lloraba ruidosamente "al demonio la pena". Carmelita vio unos segundos al caballo parado junto al cadáver, luego cerró los ojos y bajó la cabeza. merecía morir, sí, por traicionar a la revolución, pero eso no significaba que no doliera, mierda. Carmelita se colgó el rifle en el hombro y, sintiéndose de un millón de años, regresó al cuartel, a olvidar su nombre. nadie se acuerda de esos que renuncian.

Tuesday, May 26, 2015

Miedo a Las Niñas

52

"oh nenina, nenina... qué le hiciste... qué le hiciste a mi almaaaa!" la miraba asustado con el corazón pulverizado, ella me miraba de arriba a bajo con asco y molestia. lo peor que podía pasar pasaba y yo, contra la pared, no tenía lo necesario para presentar pelea, la conquista nunca empezó; estaba frente al monstruo despiadado que era nenina epet, mi P.G.O.A.T., sin nada que decir, recibiendo mi merecido, ella tomó mi patético intento, hizo cara de enterarse y se fue tras un certero hachazo a las raíces de mi autoestima. quedé en el suelo, llorando, abrazando mis rodillas, temblando, siendo un completo marica, azotándome duro. el cielo nublado sobre mí y yo ahora con miedo a las niñas.

años después, estaba sentando en pants con manchas de sólo dios sabe qué; gordo, apestoso, con pelo largo seboso. llevaba perdido en el internet una incierta cantidad de tiempo. no me enteraba de nada, con el cerebro engañado por el azúcar, la grasa y la autocompasión. pero de repente, como pájaros escapando antes de desastre natural, sentí en mis bolas cosquillitas, era la biología llamando, quería satisfacción. "oh no" miré mis genitales y luego levanté la cara, asustado, iluminado sólo por el monitor. traté de recordar cuando fue la última vez que tomé la medicina. ni el brazo ni la entrepierna me dolían. mala señal.

me retorcía en el suelo sacando espuma de la boca, con los ojos hacia atrás, con el cuerpo engarrotado, lo intentaba, pero no tenía caso, no había vuelta atrás, no importaba cuanta medicina tomara, el torbellino del deseo pasaba imparable destruyendo el pueblo del delirio y estaba consciente otra vez. la reaparición del ansia y la necesidad básica humana de compañía me habían sacado del viaje y ahora veía las columnas de cajas de pizza y los montones de envases, las montañas de envolturas, la suciedad y la alfombra dura como duela. estaba pasando, era sólo inevitable. tenía que regresar a la normalidad, tenía que encarar el miedo.

como monstruo despertado, salí de mi hediondo cuarto por primera vez en mucho, mucho tiempo. la puerta se abrió lenta y ruidosa y la luz entró poco a poco hasta que me cubrió todo. me quedé parado en el umbral; mis ojos en llamas, mi piel untada de lava, el ruido de afuera como cañones en mis oídos. el mundo de verdad cayendo sobre mí como una avalancha de mierda, oh cuanto lo odio. "bien" dije, asentí decidido y valiente, hacia la regadera. corté y peine mi cabello. me cambié de ropa, hice ejercicio y, viéndome casi normal, sólo quedaba ocuparse de la profunda tristeza en mi mirada. puse el disco quemado lleno de pop de la adolescencia, tenía que entrar en la mentalidad adecuada, no podía salir a la calle como la bestia alienada que era.

pasaron los meses y una, porque la vida es rara así, me hizo caso. "de acuerdo" dije más sorprendido que nadie y quedamos. colgué el teléfono, temblando, sentando en mi cama y, sin perder un segundo siquiera, me lancé y luché lucha grecorromana contra mi miedo a las niñas. lo tomé y lo aventé de aquí a allá hasta que quedé rendido, tirado en el suelo, empapado en sudor, respirando con trabajo. "oh cristo! cristo jesús! por qué?!!" le grité al techo, inseguro como nunca, cuestionando el sentido de las cosas, sintiéndome irreversiblemente solo, oh si tan sólo existieran los extraterrestres y golpeé la alfombra con el puño. el vecino del departamento de arriba, acostumbrado a mi reclamo divino y asumiendo su papel celestial, gritó "hora de trabajar, hermano, hora de ir a la guerra... pero ve a ganar, tú puedes, eres un campeón!" "de acuerdo!" grité de regreso, me puse extra guapo y salí a la cita.

la mujer y yo fuimos a bailar y la pasamos muy bien. mientras girábamos agarrados de las manos, con el corazón acelerado, riendo como idiotas, me di cuenta donde estaba; tenía los pies sobre la maldita cima de la montaña y el fantasma de nenina epet estaba junto a mí, flotando a mi alrededor, recordándome el precio de querer. y ahí se quedaría, ahí conmigo para siempre. mi primera y única monstruosa belleza. mientras tanto, la mujer nueva y yo bailábamos pegados, respirándonos en la cara, con los labios a menos de un centímetro el uno del otro y reconocí que nenina epet es mi guerra de vietnam y ahora tendré trastorno por estrés postraumático el resto de mi vida y eso es algo con lo que tengo que hacer las paces. el miedo a las niñas, una vez que se tiene, nunca se va, se queda aquí, en el corazón, enterrado profundo inoperable el hijo de puta, pero estaré maldito si dejaré que el miedo a las niñas me detenga de sacar a la biología y al romance a jugar de vez en cuando. no soy tan incapaz.

A LAS MUJERES RARAS QUE SE PRESTAN

Thursday, April 30, 2015

Maricruz y Los Hombre Panza

51

Maricruz fumaba un porro en la oscuridad de su cuarto, sentada, esperando, rodeada de los gritos de los pájaros y los primeros claxons, a que dieran las 6 y cuando dieron, como telón del comienzo de otro día, las cortinas se levantaron en automático, dejando entrar al tímido sol. maricruz apagó su porro en el cenicero en forma de guante de beisbol que le había hecho su senil abuela, se limpió de un gracioso manazo la ceniza en su falda y, tenebrosamente seria y decidida, se paró de su cómodo sillón, no pudiendo esperar para abandonarlo todo e irse a vivir con los hombre panza.

maricruz nunca fue buena para la gente. le bastaba ser lo suficientemente no grosera para no llamar la atención y se mantenía al pendiente de su boca para nunca decir en voz alta lo que pensaba de esos que la rodeaban, pero no era lo que nadie podía llamar amigable. desde niña fue muy gruñona y su madre, al darse cuenta del horrible carácter de su pequeña hija, la mandó a un campo de reeducación. ahí le enseñaron que no hacia falta dar a conocer su opinión. maricruz regresó con el cerebro tan lavado que uno podía comer sobre él. ingresó al colegio como cualquier niña de 6 años y durante toda la escuela se repetía una y otra vez que no valía la pena decirle a los demás que eran un montón de buenos para nada.

maricruz colocó con cuidado su maleta llena de calzones en la canasta de su bicicleta. antes de irse vio con cara de asco el edificio feo y gris donde estuvo viviendo los últimos meses. dejándose llevar por el sentimento levantó el puño y se prometió muy seria que nunca, pero nunca iba a regresar a esa ciudad que le dio tantos pensamientos suicidas al verse atorada en el tráfico rodeada de sus supuestos congéneres, "malditos" susurró maricruz en la frescura matutina, agarrando con fuerza su bicicleta, al carro le había prendido fuego. escupió torpemente como un definitivo adiós, se subió a su bicicleta con la cara dura como esa verdad que jode y pedaleó lo más que sus bien formadas piernas le permitían, pedaleó con destino al bosque, con destino a los hombre panza.

maricruz estudió administración de redes sociales y, después de cuatro años, una vez que un viejo idiota con una mueca burlona le dio su título, cayó en cuenta del grave error que había cometido. "oh no, qué dios me salve" dijo como discurso de graduación. su tía, que era una empresaria exitosa, le dio trabajo y antes de que buscara alternativas ya estaba sentada en un cubiculo frente a una computadora, viviendo en el infierno que es estar al pendiente de las tonterías que pregunta la gente por las estúpidas páginas de presión social perpetua y morbo descontrolado. y a sufrir de 9 a 6, de lunes a viernes, sentada aburrida contestando la misma cosa una y otra vez, mirando la ventana, pensando en la caída y la bienvenida muerte.

maricruz se internó en el bosque, sudada y cansada, pero no dispuesta a parar a descansar ni aunque sea un poco. ansiaba tanto lo que la esperaba allá arriba en la cima que su mente y cuerpo habían acordado que en este viaje no habría pausa. atravesó el bosque por un camino poco usado y siguió hasta una pendiente que subió como si no hubiera estado pedaleando las últimas tres horas. fue colina arriba recordando los millones de tragos amargos que habían sido su vida. sintió, con cada centímetro que se acercaba a su meta, la intolerancia desaparecer. maricruz experimentaba, desde mucho antes de llegar, la magia de los hombre panza.

maricruz, en el trabajo, delirando por el aburrimiento, encontró una curiosa página con un gordito en ombliguera bailando al ritmo de una pegajosa canción. "pero qué es esto" dijo maricruz que no huía de la riqueza del internet y dio un rápido experto click. parecía a primera vista una página de una compañía de cerveza. como era su costumbre, maricruz investigó los requisitos para trabajar ahí. leyó voraz toda la información sobre estas personas enclaustradas, alejadas del mundo, en la cima de un monte. los hombre panza eran una especie de monje, pero sin religión, que se dedicaban a hacer y vender cerveza, pero sobretodo a darle la espalda a la sociedad y su monstruosa dinámica. era justo lo que quería maricruz. con ojos brillando de esperanza, se paró de su cubiculo casi cayéndose, no sabiendo que hacer con tanta felicidad. maricruz vuelta loca de alegría agarró del pelo al tipo de a lado y le dijo "mierda, voy a ser un hombre panza!" y salió corriendo a mandar en un sobre manila su solicitud de empleo.

Tuesday, March 31, 2015

Un Cuento de Amor y Anarquía

50

se estrelló mi avión en el pacífico. traté de flotar lo mejor que pude hacia una pequeña linda isla perdida en la inmensidad del mar. el océano me escupió en la playa listo para la morgue. me encontró un señor panzón de cabello largo de unos 55 años. "un gordo güero" le dijo a un perro con síndrome de down y me arrastró a su choza después de ver que sólo tenía dulces en los bolsillos. su mujer me cuidó y me curó y en una semana ya estaba como nuevo y en otra semana ya estaba aburrido y me quería ir a mi casa.

tenía mi maleta hecha de ramas y hojas lista, mi cepillo de dientes en el bolsillo delantero de mi camisa y no faltaba nada para agarrar el bote a otra isla un poco más grande y de ahí a otra isla un poco más grande y así un montón de islas hasta llegar al continente. la señora me tomó de los cachetes y me dijo "bon voyage, conard" y yo le dije "hasta luego, señora" y reflexioné sobre los imperios de antaño. el pueblo enteró me acompañó al puerto; era el primer gordo güero con el que habían convivido y seguían intrigados. "adiós a todos!" les grité, agitando mi mano, sonriendo mi preciosa característica sonrisa; me despedí como artista consagrado se despide de su público. ellos aplaudieron y me mandaron besos, me iban a extrañar estaba seguro. llegó el bote con la gente que iba a la isla. del bote salió una preciosa samoana de la que me enamoré de inmediato. "pues no me voy" le anuncié al pueblo. tomé mi maleta y la aventé al mar.

la samoana era hija del señor que me rescató. bendije mi suerte y luego la maldije cuando me dijeron que ya no podía vivir ahí porque mis constantes erecciones los incomodaban pero no todo estaba perdido, podía construí una choza a lado. para quedarme fui con su líder a que me diera trabajo. "y bueno, qué sabes hacer?" me dijo el líder, un tipo enorme que se encargaba de que nadie se pasara de listo. "sé sobre mijail bakunin" dije después de estar sentado como media hora pensando en que había dedicado todos esos años de vida. "mijail bakunin?" preguntó el hombre samoano atrás de un pequeño escritorio, viéndome con desconfianza, dándole tragos a su latte. moví mi cabeza de arriba a bajo diciendo "aja, aja". una rápida revisada al internet y, con pereza para leer, supuso, como hombre del continente que soy, seguro sé una cosa o dos. "lo que sea" le dije, recordando mis años de escuela, esos días de juventud con mi pandilla, prendiéndole fuego a cosas, incitando a la revuelta, diciéndole a la autoridad por donde se podía ir para llegar a la mierda. al despertar de mi paseo por la vereda del recuerdo me mandaron a la primaria a dar clase de español, yo enseñé sobre la anarquía.

ya tenía trabajo, era hora de conseguirme una novia. cambié mis nikes nuevas por una motocicleta y pasé por la linda samoana. le dije "oye preciosa, vamos a pasear" ella dijo que no porque yo no creía en nada. sentí una roca gigante caerme en el pecho. oh el nihilismo, enfermedad del alma, trastorno de la voluntad y yo tenía tantito de eso, claro, como hombre moderno un rato estaba lleno de esperanza e ideales y otro lleno de cinismo y resignación pesimista, es la enfermedad del siglo XXI como decía el buen Friedrich, es una fuga en el espíritu, pero después de la adolescencia, por la golpiza de la vida y la mamera (como dicen en colombia), concluí que la mejor política era creer en uno mismo, el ejército de yo y yo no sólo creía en mí mismo, me creía la única y valida autoridad. "lo dices neta?" me dijo la samoana impresionada por tanta pasión, y yo, empapado en sudor, alterado, no contesté nada, ya sólo veía esas hermosas piernas morenas, hipnotizado. "qué?" balbuceé, ella me soltó esa mirada que sueltan las mujeres cuando te estás equivocando. "ah sí! lo digo neta" le dije al recordar lo que estuve gritando todo ese tiempo en medio de la calle. "bueno, ok" y fuimos a tomar sodas de sabor.

la samoana y yo nos casamos en el aniversario de mi llegada y la embaracé 10 veces. con la descendencia asegurada, me postulé para ser el nuevo líder, gané las elecciones fácilmente ya que todos en la isla me querían. organice a la gente, renuncié al poder y mis estudiantes, vueltos todos unos jovenctios, entendieron la responsabilidad de la libertad y el autogobierno. sabían que ahora que eran libres tenían que querer y respetar más a su comunidad. "ok" dije todavía enseñando primaria rodeado de mis pequeños hijos querubines cachetoncitos y mi increíble samoana. lo único que faltaba para que todo fuera perfecto era un coro. me di a la tarea y en un mes ya teníamos en la isla el mejor coro del mundo, para cantar, entre otras cosas, por supuesto, himnos de amor y anarquía.

INSPIRADO POR "LOVE AND ANARCHY" DE LINA WERTMÜLLER

Número Equivocado

49

Juaquin estaba sentando junto al teléfono, muerto de la risa, colorado, agarrado de la silla, con la venas marcadas en el cuello y la sien. pasaron unos minutos, recuperó la compostura, acomodó su cabello y tomó el auricular. marcó el número con los cinco dedos como un maestro del piano toca la pieza que ha estado practicando toda su vida, y esperó. el suspenso; un segundo, dos segundos y al tercero "BUENNNNEEEE?" se oyó. juaquin aspiró con ansía loca y "puerca idiota!" gritó con todas sus fuerzas. colgó torpemente y rió fuera de control. juaquin se vengaba de una que, según él, había jugando con su corazón y ahora, con cada llamada, efectuaba su venganza. "ay qué risa!" gritaba pegándose en el muslo con la palma de la mano y con la planta del pie al suelo. el eco de los golpes, la risa demente y la silla rechinando, se escuchaba por la casa entera.

Juanita Riviero Ha Perdido Su Fe En La Humanidad

48

conocí a juanita riviero una gris y maloliente tarde de un nuevo mes que habían inventado para compensar por el ligero cambio en el movimiento de traslación del planeta. llegué con mi solicitud de empleo llena de mentiras y busqué al gerente sólo para descubrir que el hijo de su madre no estaba por ningún lado. "oye, preciosa" le dije a juanita dándole un juguetón codazo en una costilla, "on ta el patrón, eh, on ta" pregunté ahora recargado con el codo en la caja, viéndola coquetamente, comiendo un poco de carne seca. juanita miraba la nada sentada en un banco atrás de la caja, fumando con cara de cero amigos. pasaron unos segundos de incómodo silencio, luego me miró con un odio que me sigue persiguiendo hasta este día 50 años después, y me dijo "jodete, basura". ay pero cuanta genuina amargura! pero cuanto crudo desprecio! y luego hacia mí! uno que no tiene culpa de nada. "pero..." le dije con el mundo dándome vueltas, mareado por la indignación. "PERDÓN?!" reclamé, con la boca abierta, viendo con los ojos muy abiertos a juanita que para entonces ya había regreso a la nada y a su cigarro. me fui al reconocer que no haría nada más, pero no me fui como si nada, no, señor, me fui ceremoniosamente, con el mentón levantado y con los ojos cerrados, sacando molestos pujidos de enfado.

meses después me dieron el trabajo y como era el único al que le daba pereza quejarse y luchar, me dieron el turno de noche con juanita. oh dios, pero qué pesadilla. noche tras noche juanita odiaba fuera de control; "pinche esto" y "pinche lo otro". harto, una madrugada, agarré a juanita de los hombros y la zarandeé en busca de tantito contexto, de un poco de antecedente, de algo de explicación. también, no más porque ya estaba ahí, le di dos cachetadas bien acomodadas. la dejé colorada respirando ruidosamente. pensé que juanita me mataría, pero para mi sorpresa abrió su podrido corazón y me dejó ver dentro. juanita, tomando expertos tragos a una botella especialmente corriente de mezcalito, me contó llena de sentimiento su historia. no siempre fue dura y pesada. cuando empezó a trabajar en el minisuper tenía el corazón intacto, las mejillas llenas de color y los ojos con tanto brillo que aveces, para hacerle el favor a los amigos, se iba sobre los cofres de carros sin faros. todo era felicidad y todo era esperanza hasta que juanita se estrelló de frente contra una dura verdad que todos los demás aceptamos con fácil y cómoda resignación. el trato con la gente castigó la inocencia de juanita. la tomó del pelo y la arrastró por la podredumbre de la naturaleza humana. le hizo unas llaves a su espíritu y le escupió un gigantesco viscoso gargajo a su alma. al final, juanita, después de meses de lidiar con hijos de puta, había perdido su fe en la humanidad y ahora odiaba a todos sin excepción. "oh ok" dije peinando mi cabello distraído con alguna tontería.

Despertar Con Braquets

47

lo había logrado, era inimaginablemente exitoso y todo lo que quería lo tenía. fui al banco con un cheque por millones. era hora. todo había salido como planeado y sólo faltaba una cosa para alcanzar eso que siempre quise, eso con lo que había soñado una febril noche hace mucho.

salté de mi bicicleta en movimiento y atravesé mi casa corriendo tan rápido como mis piernas de sedentario radical me permitían. sentando listo para comenzar, recordé y le grité a la señora paty que ahuyentara a cualquier visitante y que tirara el teléfono a la basura, ella asintió decidida, obediente.

me tomó una tarde escribir la única obra de teatro que he querido hacer en realidad. la imprimí y la pegué a mi cara, la sentí como una madre siente a su bebé recién salido. me tiré sobre mi cama y, fascinado, la leí una y otra vez. era justo lo que dictaba la imaginación.

entré al banco muy seguro, grité en la cara de una señorita "quiero!", me dieron 100 sacos de dinero e invertí cada peso a mi nombre. la gente pensaba que me había vuelto loco y mucho trataron de detenerme, pero yo era simplemente implacable. estaba listo para tomar mi última forma.

llegó la noche de estreno. la gente curiosa e incrédula fue a comprobar que la obra en realidad se trataba sobre lo que decían los rumores y a ver en lo que había invertido todo mi dinero. el teatro que construí sólo para esa obra se lleno hasta reventar y, en la oscuridad, la gente esperó ansiosa.

las luces se prendieron y empezó una de las obras más largas de la historia. duraba 7 horas y, en lugar de actores, usé robots porque nadie quería participar, decían era un asesino de carreras. el abucheo empezó a los 5 minutos y continuó hasta que sólo quedaban tacaños en los asientos.

fue un fracaso colosal y terminé en la calle. nadie se acuerda de mi nombre ni de mi pasada gloria. había acabado por fin, el trabajo de una vida estaba completo. bajo un puente, con el libreto de "despertar con braquets", sonrio orgulloso y satisfecho.

El Robot De Mis Sueños

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limpié el sudor de mi frente y, temblando, retrocedí unos pasos. sentí el dolor en mi espalda, el ardor en mis dedos. llevaba inclinado trabajando, conectando cables y pegando microchips, demasiado tiempo. con la tarea terminada mi cuerpo se quejó y presentó el reporte del daño. me faltaba el aire, me sentí desfallecer y casi caigo pero recobré el equilibrio justo a tiempo. no tuve tiempo de experimentar todos los males, había que lidiar con la preocupación por el éxito. años de trabajo y todo se reducía a ese momento. un ataque de pánico se asomó con la idea de que había acabado y la posibilidad del fracaso. el terrible suspenso del cocinero que está apunto de abrir el horno para comprobar si el pastel más importante de su carrera había llegado a un final feliz o todo era sólo tragedia. a comprobar si funcionaba, si todo ese tiempo había valido la pena. me tabaleé al tablero de control, me quedé parado unos segundos, nervioso, lleno de miedo. por creer sólo en las leyes de física y la voluntad humana no se me ocurrió pedirle nada a nadie. "de acuerdo" dije, cansado de mi mierda, y piqué el botón de encendido. el robot acostado en la mesa de metal empezó, sonó como si se prendiera una computadora vieja. unos cuantos pip's y abrió los ojos, se incorporó, se sentó en la mesa y vio por primera vez. abrió la boca e inhaló para enfriar sus tripas metálicas. se paró, dio unos pasos y echó una mirada. me encontró, nos quedamos viendo unos segundos. me acerqué todavía inseguro. me sonrió, extendí mi mano, la vio, la tomó y le hizo una caricia. no podía creerlo, lo había logrado, había escapado y ahora podía dedicarme a otra cosa. por fin... por fin! la maldita ansia estaba bajo control, capturada y controlada y la soledad era cosa del pasado. lagrimas salieron haciéndome daño, mis ojos eran gargantas que llevaban mucho sin hablar, todo el sentimiento reprimido explotó. me sentí como pueblo que gana la revolución contra tirano y tiene un plan excelente para lo que sigue. celebré, salté, reí como loco y destruí mi laboratorio de la felicidad. "de acuerdo" dije al ver a mi creación verme sonriendo tiernamente, y lleve al bello y voluptuoso robot a mi recamara a, antes que nada, hacerle el equivalente a años de porquerías. acabé incontables veces. después me tiré sobre él y lloré como nunca. el robot entendía lo que pasaba, todo estaba diseñado, todo programado. mientras yo lloraba escandalosamente, enterrado en sus increíbles voluminosos senos, aferrado a su cuerpo terso y suave olor a flores, él me acariciaba el cabello, sin importarle que lo llenara de baba y moco. acabó la crisis y el triunfo estuvo completo al verme libre de pena e incomodidad. "lo logré" dije riendo llorando. nos bañamos, nos vestimos y platicamos tomando café, comiendo croissants, riendo, pasándola bien, en absoluta sintonía, conectados para siempre.

Muerte y Destrucción

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muchos no entendieron cual era el plan cuando nos inscribimos al programa militar de robot gigantes, pero yo supe de inmediato, yo supe desde el primer día. estábamos ahí para llevar muerte y destrucción. acaté mi responsabilidad y perfeccioné mi oficio. esos que nunca llegaron a entender encontraron sólo locura y maldición.

por suerte, los otros cuatro pilotos de mi robot gigante comprendieron tan bien como yo. las cinco mentes y cuerpos en la cabina se coordinaron a la perfección. éramos los mejores y nuestro robot arrasó, dejando a nuestro paso tanta muerte y destrucción que el gobierno, al final de la guerra, al ver las ciudades aplanadas y cubiertas de cuerpos, nos desconoció y fuimos traicionados.

los cinco escapamos y, al vernos sin opciones, recuperamos nuestro robot e hicimos lo único que sabíamos hacer. ahora la muerte y destrucción estaban sobre los que una vez fueron nuestros hogares, sobre las calles de la infancia y las memorias de un vida. fuimos tan efectivos en nuestro país como en cualquier otro lugar.

al final, después de meses de lucha sangrienta y terrible contra otros robots gigantes, nos vimos superados y llegó lo inevitable. fuimos destruidos y morimos en batalla furiosa, orgullosos y satisfechos, con la frente en alto, con el honor recuperado. fuimos destruidos y morimos para vivir por siempre en la gloria inmortal de nuestro robot gigante.

Homeless Run

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martin era un vagabundo y vivía en un camellón. a las 6 de la tarde, de lunes a viernes, era despertado por el ruido del tráfico. martin, sobresaltado y ansioso, agarraba una rama y se paseaba por el camellón muy emocionado, viendo con atención las filas interminables de carros, esperando paciente lo que sin duda pasaba cada tarde. por fin, se abría una ventana. salía una mano con basura, señal para ponerse en posición. el pitch de la botella de refresco y pum! martin, experto, bateaba la basura y, orgulloso, la veía alejarse hasta perderse en la avenida a la distancia. y allá iba martin, a recorrer las bases. pisaba el teléfono público, al hombre vende cigarros y el semáforo para regresar al camellón y celebrar, saltando y riendo, su homeless run.

Hueles A Chicharrón

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manejaba mi microbus a 200 km/ h escuchando klaus nomi con las rayas hasta el tope. la gente nunca me hacía la parada porque no aprobaba mi manera de manejar ni mi gusto musical. yo soy un tipo libre y si no les gusta ya se pueden ir en otro microbus.

manejaba bañado en pedazos de pavimento, acariciado por el aire, tomando a la existencia del cuello y diciéndole muy de cerca, picándome el pecho con la punta del dedo gordo "aquí sólo hay un patrón y se llama federico gustamante".

aprovechaba porque cada vez que salía a hacer ruta podía ser la última. como no recogía pasaje mi padrino me tenía amenazado con quitarme la unidad y mandarme de regreso a mi pueblo a que terminara la escuela y así volverme cartero como era el sueño de mi no muy imaginativa abuela.

a la media noche, ya camino a encerrar el microbus, una mujer me hizo la parada. pise esos frenos como uno pisa una cucaracha particularmente problemática. me detuve justo frente ella. subió la mujer con vestido chiquito rojo brillante y perfume hipnótico.

"hola linda" le dije llevado por la inmediata violenta erupción de deseo. ella me hizo una caricia, había algo en su modo y su mirada que pedía aunque fuera un poco de cariño, lo necesitaba. fue de esas veces que encuentras sin querer lo que siempre has buscado.

la llevé a mi cuarto de azotea donde de tanto terminar y volver a comenzar, acabamos sudados y malolientes. deleitado, con los sentidos más despiertos que nunca, la exploré con la nariz, el olor termina de confirmar que no es un sueño.

"hueles a chicharrón" susurré, restregando con ansia mi cara contra su cuerpo sudado, empapándome de ella. esa noche empezamos en el plural y terminamos en el singular, esa noche acabamos nuestro rompecabezas de dos piezas y terminamos oliendo a chicharrón.

Corte A La Moda

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El cabello de Mireya caía en grandes mechones. el suelo estaba tapizado de güero. mireya, con la lengua salida sobre el labio superior, contenta, cortaba y cortaba, sentada muy lejos del espejo más cercano; había leído que así era como se hacía.

Fermin, su amigo estilista, entró al cuarto y se detuvo al ver lo que pasaba. el mundo dio vueltas, el suelo se movió descontrolado y, después de un grito agudo que lastimó mis oídos de perro, fermin le arrebató las tijeras a su amiga de décadas. "mujer... pero qué haces?!" mireya volteó hacia fermin, poseída por el espíritu de las revistas para mujeres y dijo con una voz grave no propia de una linda señorita "corte a la moda". femin, como estilista que era, comprendió de inmediato, ya le había cuarteado su creatividad demasiadas veces como para que él hiciera lo mismo, pero sin embargo no aprobaba el corte para nada. "bueno, mi reina, ahí tú sabes", subió los hombros, sacó el labio inferior, cerró los ojos y levantó las palmas hacia el cielo. fermin le regresó las tijeras a mireya y siguió haciendo lo que hacia, extinguir el fuego en el orfanato.

fermin, días después, se encontró a mireya en la tienda de pelucas. "pero mireya... "dijo fermin poniendo la manos en la cintura y haciendo una posee que decía más que cualquier orden de palabras. unos segundos paralizados y él y mireya rompieron en carcajada. esa tarde la pasaron increíble, escogiendo la peluca perfecta.

Wednesday, February 18, 2015

Sandías En La Terraza

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un martes o jueves, no estoy seguro, estaba sentando en un banca de esas que se columpian, sin playera, en trusa de días, comiendo mi tercera sandía entera, en una linda terraza llena de flores y plantas. era un caluroso y soleado día de verano. tenía la cara, el cuello, el pecho, la barriga y la entrepierna llenos de semilla y jugo. "yuuum!" gritaba al tragar contento un poco de sandía después de pequeñas, sensibles y un tanto afeminadas mordidas. había un carnaval en mi espíritu. mi alma estaba en serio peligro de sobredosis en ricura."descarado hijo de perra" y "menso idiota infeliz" me decía la gente al pasar, haciéndome caras, viéndome en la terraza que daba a la calle. a mí no me importaba la recriminación, apenas la notaba, caso raro en verdad, porque desde bebé me preocupo por lo que la gente piensa de mí ya que yo, preciosos lectores que aprovechan los preciados segundos de su vida leyendo este cuento, soy un jugador de equipo. la liberación a la opinión no era mi culpa, ustedes comprenderán, se debía al placer producido por la sandía, al día en general, la suerte y al goce casi blasfemo estancado en mi corazón donde se gestaba bacteria de la confianza y los minerales del ánimo, receta infalible para el caldo primordial de la liberación individual. y veía a la gente a los ojos, yendo de delante hacia atrás, sin conflicto, libre de deseo, con los cachetes llenos de sandía, simplemente contemplándolos como de seguro nos contemplaría un extraterrestre que está por encima de nuestros banales placeres mundanos y programados prejuicios imborrables, lleno de una serenidad sin fin e indiferencia sobrehumana.

"oh cristoooo!... cristo jesús!" gritó una viejecilla al desplomarse en medio de la banqueta aventando toda su compra por el cielo sólo para ser devorada por perros de la calle; la muy idiota se dio cuenta en ese segundo frente a mí que todo lo que creía no era y la seguridad en la que había cimentado el sacrificio y esfuerzo de décadas podía ser y era puesta en peligro tan casualmente como ir a comprar pan. "querida señora" dijo algún preocupado con caquis y suéter, bigote y mente infectada por propaganda, por promesas y mentiras, al pisarla sin querer. volteó hacia mí y, al computar la situación, un asco soberbio emergió en sus ojos, su boca se volvió una mueca de amargura e indignación y el repudio tomó control. porque créanme cuando les digo que la escena que yo protagonizaba esa tarde agradable era verdadero espectáculo. olviden al teatro contemporáneo o al anterior o posterior, la verdad no he estado al pendiente... como sea, olviden, les digo, que la transgresión a los valores burgueses no ocurría en algún lugar de moda, oh no, estaba en aquella maldita terraza. el señor encontró a su satán en mí. todo lo que odiaba estaba encarnado ahí frente a él, columpiándose muy contento lleno de sandía. y una mezcla de sentimientos, desde envidia patética hasta desprecio terrible, lo obligaba a ejercer su derecho imaginario a hacerme parar, a obligarme a limpiarme, a forzarme a ponerme ropa y a empujarme, con uso de violencia si era necesario, a encontrar trabajo.

"debería darte vergüenza..." dijo el señor al levantar de las axilas a la vieja, sin poder hacer más, vencido por su siempre súbita aversión al conflicto verdadero y "sinvergüenza desgraciado" dijo ahora entre dientes, antes de dejarse llevar por el enojo. "como es posible... hmmm que un adulto, un hombre, pueda andar así, eh, umm..." dijo y "¡debería darte vergüenza!" gritó en ira, agitando vehementemente su dedo hacia mí. la vieja, para entonces, toda perturbada, ya se alejaba gritando agudamente, encordaba y temblando. el señor siguió ahí parado buscando algo más que decir, las cosas no se podían quedar así, yo no podía desafanarme a mi antojo de mi responsabilidad social y quedar impune, porque donde está la justicia, donde quedó la civilización, eh, donde está la convención y el orden, donde! pero, por desgracia para él y suerte para el resto de la humanidad, al insulso hombre nada más no le alcanzaba la imaginación, no se le ocurría como seguir, "uh duh" fue lo último que le escuché decir antes de dejarlo ahí colorado viendo el pavimento reconociendo su imperfección mental "no soy tan bueno como me creo... no puedo insultar tan bien como me gustaría" pensaba el tipo ese yendo sin remedio, como pequeña barca rumbo a tormenta marítima gigante, hacia severo y trascendental conflicto existencial. yo, mientras tanto, viéndome sucio y sintiéndome pegajoso, fui a darme una ducha.

EN LA TRADICIÓN DE PEEPR