Friday, January 29, 2016

Polvo De Papita

59

román, todas las noches, soñaba que bailaba con su esposa muerta. bailaban en un salón bajo un candelabro, bailaban flotando y las risas y el brillo lo penetraban como a virgen enamorada. román soñaba que paseaba por Viena, agarrado de la mano con la mujer que hacía a su corazón saltarse un latido; su sonrisa, su modos, su manera de comer, de dormir, ¡ay!, y la felicidad se esparcía  hasta el último sótano, hasta la azotea entre nubes del edificio que era el espíritu de román. despertaba por los sonidos de la calle y, acostumbrado a que era imposible acostumbrarse a la diaria ruptura de corazón, suspiraba, acariciaba el lado vacío y se levantaba porque qué más daba.

iba y despertaba a su hijo ñoño. el hijo se ponía sus lentes y, viendo el reflejo de la parte de arriba de su cabeza, parado frente al lavabo, sintiendo la frialdad del mosaico, se cepillaba los dientes y el cabello. llegaba a sentarse a la mesa de desayuno silenciosa y por siempre fúnebre, y comía sus huevos con jamón, tomaba su jugo de naranja viendo a su padre roto. se preguntaba, viéndolo con curiosidad, sobre las decisiones, el pasado, del señor con el que vivía contemplando la nada con su perpetuo gesto de absoluta tristeza. se iba a la escuela a esperar quieto y callado. iba a práctica de lucha grecorromana donde era lanzado de aquí a allá, azotando el suelo, hasta acabar tendido, sintiendo cada molécula torturada, transfiriendo el dolor de adentro al de afuera. el azote del alma es peor que el azote del cuerpo. se paraba, cojeaba hacia el equipo congregado, juntaba la mano con las del resto de sus compañeros y gritaba "viva la lucha!". regresaba a su casa a comer en silencio, a ver la tele sin poner atención e irse a su dormir para repetir el día siguiente la aparentemente eterna rutina.

román gutierrez era ingeniero en alimentos y creó el polvo de papita más exitoso de la historia. los gorditos del mundo nunca se cansaban de su sabor y, en nada, remplazó a la sal como la opción obvia. la compañía de papitas le dio dos cheques pegados con yurex para cubrir la cantidad de 0's y, como a román nunca le gustó hacer nada más que estar con su mujer, dejó de ir a trabajar. unos meses de estar moviéndose como madero en una marea de sabanas, fuera del oscuro túnel de depresión paralizante, se paró a distraerse. paseando por la calle, encontró el lugar del canto. entró atraído por la voces y desde entonces ahí se quedó, llenando sus días cantando, llorando, queriendo morir, con el alma irreparablemente desgarrada. cantaba entre desconocidos todos los días, especialmente los martes de miseria, hasta que cerraban. al principio iba solo, pero al tropezarse con la mochila de su hijo y abrirse la cabeza, se le ocurrió invitarlo, justo lo que el niño necesitaba.

el lugar del canto empezó, hace mucho, cuando uno muy emprendedor compró una iglesia, echó todo lo religioso a la basura, puso buen sistema de sonido, contrató a varios aptos dj's y, conocedor de la relación pública y la publicidad, volvió a su negocio la actividad favorita de todo con dinero unos buenos 4 años hasta que pasó de moda y se empezó a llenar de puro raro. la gente que iba, por 5 pesos, se sentaba a cantar el rato que quisiera, en viejas bancas de madera y, con ayuda, si era necesario, de un cuadernillo con las letras, cantaba su corazón contento o hasta lo que la garganta diera. ahí, román y su hijo picaban su mal como llaga en paladar, como par de drogadictos en edificio abandonado, llegaban sabiendo todas las canciones en rotación y así pasaban su vida exprimiendo el barro tenaz de la tristeza con los dedos del canto.

pasó el tiempo y román, ya viejo, después de muchos años, solo, con el hijo quien sabe donde, sentando, mirando hacia el frente, esperaba a que empezara la siguiente canción. solemne, llegó el dj cargando una caja enorme con discos. román se acomodó, aclaró la garganta, unos segundos de silencio absoluto y empezó una canción que no estaba en el programa, una canción que román reconoció de inmediato. no la había escuchado desde ese viaje a europa y ahora provenía de todos lados. la sorpresa, lentamente, lo fue poniendo de pie y se le hizo un nudo en la garganta, se le llenaron los ojos de lágrimas, puso el puño en la boca trémula cuando, de las excelentes bocinas, salió una voz dorada y veintisiete ángeles del más allá. román, tambaleándose, abandonado unos segundos por el equilibrio, se tardó dos palabras en alcanzar y unirse al canto. cantaba y su voz aumentaba de volumen, con cada nota la mente se le iba llenando de recuerdos de ella. acercándose al final, se acordó de esa su parte favorita y, antes de que empezara otro pensamiento, la escuchó como si estuviera cantando junto a él. sintió su mano agarra la suya, sintió su calor cubrirlo todo. como uno en la primera regadera después de estar perdido en el desierto, se sintió román y el espíritu apareció como recién llegando de la lavandería espiritual. cantaron juntos ese día y el siguiente y así hasta que el cuerpo se detuvo.

OBVIO INSPIRADO POR TAKE THIS WALTZ DE LEONARD COHEN

Monday, January 11, 2016

10! años de locura y emoción!

Hola,

10 años...

cristo jesús, no sé que decir. cuantos años, cuantos cuentos.

una década de m.u.n... madre.

un súper beso y abrazo a todos los que leen o han leído y por qué no a los que leerán en el futuro.

seguiré escribiendo hasta que mis dedos de anciano enfermo no puedan y mi cerebro infectado por senilidad y una vida de abuso no me permita darle click en publicar.

espero cosas grandes próximamente, tal vez ahora sí publicar en el mundo real, tal vez no, qué importa. muerdemeunanalga es para siempre.

sigan leyendo, pasándola bien y perdonando el ocasional typo.

otro beso y otro abrazo,

atte.

A.M. "pompitas" Alonzo

Tuesday, December 08, 2015

Paella y Paranoia

58

I

Josefina, tierna y linda, se subió a su motocicleta y se fue a toda velocidad con lágrimas saliendo disparadas hacia atrás, hacia el pasado, hacia la nada.

era cocinera y le quedaba una paella, pero divina. como talentosa que era, no le costó encontrar trabajo en la cocina de un restaurante en una playa perdida en algún lado. playa que permanecía dormida hasta que era despertada por el ruido de las caravanas infinitas de turistas. mientras tanto, en los meses de silencio, en las mañanas de inspiración, josefina salía de su diminuto cuarto, se desperezaba y caminaba a la frontera entre la sombra y el sol, cerraba sus ojitos primorosos castaños y escuchaba las olas chocar, dejando entrar la brisa, invadida por el sentimiento. se quedaba ahí unos segundos hasta que abría los ojos ahora libres de sueño ahora llenos de determinación, tenía trabajo que hacer.

se ponía sus delantal, juntaba sus instrumentos e ingredientes, y se dedicaba enajenada a perfeccionar su receta para la mejor paella de la historia. cocinaba con mucho ahínco, con movimientos ágiles y expertos, con los dientes apretados, los ojos muy abiertos y la mente completa ocupada con la tarea. se corría la voz por los aldeanos de los fuegos artificiales de arroz, mariscos, vegetales, pollo y especias que ocurrían en la cocina y la gente se congregaba para verla trabajar; la maestra de la primaria llevaba a los niños cuando tocaba la lección sobre esfuerzo, técnica y sacrificio. después de unos minutos de arduo guiso, la genio en paella salía a fumar a la terraza la mejor marijuana de toda la región, era su manera de recordar los sueños.

josefina no se detenía ni dormida. en las noches, desparramada en su sorprendentemente cómodo catre, trabajaba en desenterrar un secreto más hacia la paella perfecta. pero el avance se quedaba en los sueños, desapareciendo al alba; el gallo gritaba y el progreso era perdido. por eso fumaba para recordar, fumaba hasta que, convertida en pequeña dulce chinita, brotaba de su inconsciente el descubrimiento onírico de la noche anterior. con toque tras toque esa nueva idea brotaba, anunciada con una sonrisa sutil de pasajero triunfo. escupía el porro que cachaba con la boca samuel, un muchacho que cantaba muy bonito acompañado por su sintetizador en el comedor del restaurante, y allá iba, de regreso a la cocina, empujando a los niños, a la maestra y a todo quien se pusiera en su camino.

II

la dueña del restaurante se llamaba martha; una señora grande, gorda, con cabello esponjado chino, que disfrutaba más de la cuenta del buen whiskey. la mayoría de los días uno la podía encontrar sentada en la quietud del comedor vacío de su restaurante, con un vaso en la mano, la vista húmeda clavada en el horizonte y la mente apuntada hacia afríca, había perdido a su marido francés en la revolución de Algeria, se había quedado atorada en el pasado y, para aguantar el dolor, se pasaba las tardes tomando. a doña martha normalmente le importaba poco su negocio; si no fuera por josefina y un montón de sudamericanos, el restaurante se hubiera venido abajo hace mucho.

había estos otros inusuales días en los que a doña martha se le ocurría revisar sus asuntos. éstos se anunciaban con el estruendo de vaso explotando contra pared y seguían con la ruidosa marcha borracha hacia la cocina. josefina y los sudamericanos lo llamaban la marea martha y, preparados, ejecutaban una coreografía muy ensañada. la llevaban, fingiendo un tour, paso a paso fuera de la cocina, de regreso al bar donde la dejaban distraída con la tele y el whiskey. la marea acababa con gritos en francés, señal para poner un colchón detrás de ella, y con el derrumbe final se marcaba como completa la pesadilla. un sudamericano tomaba el colchón y la arrastraba hacia una bodega donde ahí era dejada, entre latas de salsa y vegetales frescos, a dormir la borrachera. el equipo del restaurante suspiraba de alivio y seguían con su rutina ganadora, trabajando en sintonía envidiable hacia un futuro deslumbrante.

el tiempo galopaba furioso, ciego y raudo, perdido en la vorágine, con destino sin remedio hacia la infinita negrura del fin de todo. josefina estaba cada vez más cerca de la ambicionada perfección. había pasado casi toda una temporada baja desde que llegó al restaurante de doña martha y una tarde, cerca de periodo vacacional, daba los últimos toques a una paella muy parecida a lo que dictaban los sueños. acabó y la gente se congregó alrededor del caldero, todos con platos en mano, listos, ya llorando por la ricura, intercambiando ruidos de alegría. se repartió la paella, comieron, felicitando a josefina, quien ruborizada, hacia reverencias y daba las gracias con las palmas pegadas. y uno pensaría con el corazón hinchado de sólo los mejores sentimientos, que los tiempos de verbena durarían para siempre, pero no, el festín fue interrumpido por el sonido de un vaso haciéndose pedazos. todos en la cocina, con cara de espanto, voltearon hacia el comedor. una marea martha estaba por empezar, todos a sus puestos. llegó la señora martha, le enseñaron el bote de basura, le enseñaron la colección de estampitas de mauricio, le propusieron revisar el bar y, ansiosos por regresar al angelical platillo, se apuraron a dejar a la patrona en la barra. lo lograron en tiempo récord, se dieron cinco, entonado la canción de la victoria, y, sonrientes, regresaron a la cocina, sin darse cuenta de que, ahora con resistencia sobrehumana al alcohol, doña martha ponía atención a lo que pasaba en la tele; un maratón del programa sobre restaurantes al borde de la quiebra rescatados por un chef rudo, pero con corazón de oro.

horas de las lagrimas y gritos de tanto triste perdedor implantaron una idea en la cabeza trastornada de doña martha. enferma en paranoia, se dijo, mientras se servía y se tomaba de un trago su último whiskey, que no iba a permitir que la arruinaran, iba a hacer todo lo que estaba en su poder para salvar de la catástrofe imaginaria a la única cosa que le había dejado su finado marido. la idea paranoica brilló entre las tinieblas de la bebida y tomó control de la descontrolada mujer. doña martha, viniéndose abajo, desesperada, decidida a no olvidar, se le ocurrió mandar un mensaje a la mañana después. revolcándose en el colchón, rompió el vaso y, con un pedazo de vidrio, siendo arrastrada hacia la bodega, cortó una vena, un chorro de sangre voló por el aire y "no a la ruina" fue escrito con rojo carmesí en el bonito, pero ya viejo, vestido parisino. el sudamericano encargado del arrastre lo presenció todo sin saber qué hacer, absolutamente desconcertado, finalmente atribuyéndole el extraño acto a los misterios de la borrachera. la llevó a la bodega, la vendó y, sin darle mayor importancia a lo que acababa de pasar, se fue a jugar fútbol con sus compañeros sin patria. doña martha se quedó echada en la oscuridad húmeda de la bodega, cantando ruidosamente "naaaaaadaaaa maaaaaaas esoooooo sooooomooooos naaaaaaadaaaa maaaaaas" hasta que se quedó dormida.


III

doña martha desapareció y regresó de rehabilitación un mes después. un grupo de psicólogos muy capaces arrancaron de su alma las ganas de morir. llegó en forma, con dureza en el rostro y obsesionada enfermizamente con una idea. tiró sus maletas y fue directo a la cocina. el alcoholismo estaba curado, pero la paranoia corría desenfrenada por su mente. "oye tú" le dijo a Josefina quien agregaba un poco de azafrán para terminar su obra maestra. la ricura salió por la ventana, fue amplificada por la brisa y el aroma de aquella paella volvió locos a los perros y la gente de la aldea se quedó inmóvil con los ojos cerrados y la nariz hacia el cielo, oliendo, pero duro, pareciera que el lugar había caído bajo un hechizo. en la cocina, josefina, sonriente, se enderezó y volteó a ver a doña martha apenas reconociéndola, el viento movió cabello y vestidos, unos segundos en pausa. poco a poco, a josefina, al ver la antipatía en forma de su jefa, el gesto le fue cambiando hasta que su linda cara la declaraba absolutamente horrorizada. algo no andaba bien.

llegó el mes de junio y la aldea, como monstruo marítimo enfurecido en busca de venganza playera, despertó abruptamente con un escándalo ensordecedor del bajo potente del éxito del verano y los claxóns y los gritos de desesperados ansiosos de deleite, emocionados vacacionistas listos para pasarla bien. las calles y los hoteles reventaban, la playa y restaurantes se desbordaban. el ruido llegó hasta josefina y doña martha quienes seguían paradas, inmóviles, una como quien reconoce la eventual tragedia y vive un último segundo sin ella y la otra como boxeador un tanto lento que manda la orden al puño de un poco de knock out. doña martha, cegada en paranoia, efectuaba justicia, señalando a josefina como única responsable de su ruina. josefina, ya maldiciendo su suerte, sabía que los ratos de alegría habían encontrado su fin. la señora se acercó a la estufa, mirando con pequeñas calaveras en las pupilas, pasando su lengua por sus todavía sensuales labios y se quedó parada en silencio, viendo con mirada asesina a la inocente josefina.

"yo sé lo que estás haciendo" dijo doña marta con los dientes apretados, con ojos de demente, viendo como quien está a punto de culminar ansiada venganza, a la joven sin culpa alguna, víctima de desequilibrio mental ajeno. " uhh... cómo?" fue todo lo que pudo responder la muchacha genio de la paella antes de ser cacheteada sonoramente con "estás despedida, te quiero fuera... ahora!". doña martha acababa de firmar su sentencia de muerte, emprendía a toda velocidad el viaje hacia la desgracia, era su fin, la ruina que tanto quería evitar había sido puesta en movimiento por ella misma, metió la cabeza a la guillotina, la accionó sin pensar dos veces y ahora la navaja bajaba sin misericordia. "despedida?" repitió para entender la joven chef y el significado cayó como pared de ladrillos, enterrándola toda. "pero..." trató de argumentar josefina, pero ahí no había lugar para la razón. "fuera! mierda!" gritó doña martha agitándose locuazmente, señalando la salida. un torrente de ideas azotaron la mente de la artesana culinaria y, al final, sólo quedo la resignación. josefina, en el límite de la tristeza, salió de la cocina arrastrando los pies, con la vista clavada en el suelo, "hasta nunca" le dijo a su taller de magia y salió del restaurante chocando contra hambrientos de un poco de paella, incautos de lo que único que recibirían ahí es pura paranoia.

Josefina, tierna y linda, se subió a su motocicleta.

Thursday, October 15, 2015

No Hay Escape Del Planeta De Las Súper Perras

57

en un día gris, húmedo y frío, el capitán Gabrosh, al borde de la muerte, iba a toda velocidad a la capital, en un vagón casi vacío del tren proveniente de la plataforma espacial. el capitán regresaba de una misión especialmente difícil, una que casi le cuesta la vida, pero más que nada, la cordura. regresó a su planeta en piloto automático, lo sacaron de su nave y lo metieron al tren, "buena suerte, gabrosh" le dijeron y allá iba, rebotando, mirando, con la mente trastornada, con flashes de senos, culos y caras, con la consciencia yendo y viniendo, su antebrazo vendado a través de un agujero en la manga de su abrigo negro, sucio y gastado. Gabrosh sufría, sentía la angustia y la presión que querían hacer a su cráneo estallar. nadie sabe cómo, pero aguantaba un poco, sólo un poco más. el tren llegó por fin. el capitán se levantó, se tambaleó hacia la salida y cayó con la mente colapsando.

en un salón gigantesco con mil maquinas regenerativas que parecían ataúdes plateados ovalados, se prendieron las luces y entraron un hombre y una mujer en batas de científicos, tan parecidos que podían ser gemelos. caminaron entre los ataúdes futuristas hasta uno con una luz parpadeando y masking tape pegado con "GAVROSHE" escrito. la mujer picó unos botones y la maquina se abrió. adentro, desnudo y como nuevo, estaba el capitán Piotr Gabrosh, flotando en un liquido transparente, pacíficamente dormido. abrió poco a poco los ojos. "bienvenido de regreso, capitán" dijo el hombre sosteniendo una trusa y una toalla. Gabrosh se despabiló a su tiempo y después, con pereza, vio atontado a las personas paradas junto a él. "con que sigo vivo, eh" balbuceó, preguntándose de pasada cuando acabaría esta tortura, sentado dentro de la maquina, frotando su cara. "así es, capitán, más vivo que nunca" Gabrosh azotó con la mirada, carente de sentido del humor, a la mujer y arrebató la toalla y la trusa. un minuto después y "bueno, ¿ahora qué?" preguntó seco y semi desnudo, siguiendo hacia la salida al par. la mujer y el hombre voltearon, se miraron y, carcajeándose, vieron a Gabrosh que empezaba a recordar el programa, cayendo en cuenta que venía algo horrible.

Gabrosh, bien peinado, vestido con su uniforme, esperaba sentado en la oficina del general McAndrews. el general entró sin hacer ruido y se quedó observando con curiosidad la parte de atrás de la cabeza del capitán en pleno trance. cubierto de sudor, con la vista fija en la nada, Gabrosh sufría por los trastornos de su mente afectada; tetas y culos y caras hermosas, cuerpos inimaginablemente en forma, piel tersa, cabello brillante y sedoso, juventud y belleza infinita explotaban en todos los niveles de la mente, como minas durante paseo casual, traumas que brotaban como pus, que reventaban como en llagas, fisuras en la memoria, recuerdos como ampollas, secretando desesperada lujuria y deseos imposibles de satisfacer y así, una y otra vez, empezaba en automático, como en computadora infectada sin remedio, la lucha violenta e interminable contra el simio dentro, simio que quería salir a violar entre explosiones catastróficas de lo más elemental, la desagradable erupción de la ansia sexual y la maldita rebelión de la biología. todo como consecuencia de la última misión que no había salido nada bien. "GABROSH!" gritó el travieso general McAndrews, asustando al capitán, una prueba más a su entrenado esfínter de astronauta. Gabrosh volteó al borde del infarto y, en lugar de maldecir hasta el cansancio, se gobernó y se paró a saludar. "hola, señor!" gritó Gabrosh en posición de firmes, "hola, Piotr" dijo con una mueca el general ya sentándose detrás de su escritorio. "siéntate, mierda" dijo McAndrews cansando de todo. los dos hombres se vieron un segundo. habían pasado meses desde que regresó el explorador del cosmos, en su planeta hacia muy buen tiempo y a través de la ventana detrás del general, se sentía el agradable clima del verano. "Gabrosh" dijo el general, mordiendo una pluma, echado en su silla, viendo fijamente al experimentado oficial, "eres el primero en regresar del planeta de las súper perras", una mueca y "no fue fácil, señor", el general soltó una risa, "ya lo creo que no", se echó para delante, jugando con la pluma y se hizo un silencio denso aparentemente eterno. el hombre al mando, súbitamente solemne, se puso de pie, le dio la espalda a su subordinado y porque podía, se tomó su tiempo y paseó la mirada por los jardines de la ciudad del futuro que se extendía hasta el horizonte. el silencio se prolongó y, después de segundos de tensión destructora de alma, dijo "estás listo para la siguiente misión?".

el planeta de Gabrosh y McAndrews se dedicaba a conquistar planetas para imponer impuestos. algunos planetas les costaban mucho trabajo, pero ninguno como el planeta de las súper perras. habían pasado generaciones de invasores, miles de guerreros que encontraron sólo tragedia. ninguno había regresado, llevados a la locura por las nativas del planeta. no hay otro lugar en el universo con población más bella, millones de mujeres una más guapa que la siguiente, indiferentes a los visitantes, absolutamente inaccesibles. esto, naturalmente, era insoportable hasta para el más asexual conquistador. ponían un pie en el planeta y todos sin remedio se dejaban golpear y arrastrar por el deseo como quien hace suicidio por tsunami, con la perdición como último destino. incontables habían intentando de inimaginables maneras, todas súper ingeniosas, todas súper creativas y todas con el fracaso como único resultado y, a pesar de lo pasado, los esfuerzos maniáticos no estaban ni cerca de acabarse. el planeta de Gabrosh y McAndrews no se iba a rendir, no podía renunciar a conquistar, tenían que seguir intentándolo no importara a cuantos perdieran y los que eran asignados a ese planeta, no tenían de otra más que resignarse a su fin. pero ahora Gabrosh podía testificar lo que había visto esos años, sabía de primera mano contra lo que se enfrentaban y podía planear, prepararse y regresar a intentarlo una vez más. era una apuesta razonable. como sea, el pobre desgraciado estaba física y mental arruinado, si lo perdían qué más daba. Gabrosh, por su parte, aceptaba sin reproche la misión, listo para regresar porque, después de verse fuera, era lo que más quería. extrañaba con locura el planeta de las súper perras, extrañaba estar rodeado de tanta belleza y más que nada, lo mejor de todo, extrañaba ese momento cuando creía ya haber visto a la más bella y descubrir a una superior de repente y maldita sea, a arder hasta consumirse y volverse ceniza. Gabrosh quería... tenía que ir a morir ahí, como adicto miserable que era, necesitaba que su adicción a las súper perras fuera su verdugo y mientras antes mejor.

"estás listo, capitán Gabrosh?" repitió el general McAndrews con tono severo. Gabrosh bajó la cabeza con flashes de ojos, de labios, de pecas, de cabello, de narices y orejas, vio unos segundos sus manos llenas de callos, levantó la cara, riendo llorando y, lleno de sentimiento, dijo "estoy listo, general, siempre lo he estado".    

Thursday, September 03, 2015

Besito Con Baba

56

estábamos nerviosos, hiperactivos, ansiosos, tomando preocupantes cantidades de café, diciendo cosas horribles, sentados en una mesa en una plaza vacía, era lunes o miércoles a las 11 de la mañana, la gente decente ya en sus oficinas, con el sol arriba brillando, pleno, y nosotros temblábamos, haciendo ruido, llevados por la cafeína y el desperfecto mental, Irma y yo, sin nada amable que decir, pero no callándonos ni un segundo, con ese clima que en cualquier otro inspiraría alegría, pero en nosotros no, en nuestras cabezas un mal que no nos permitía disfrutar y menos aún mirar al rededor y decir "¡pero qué feliz soy! ¡qué suerte tengo!", no,  nosotros sólo nos quejábamos de todo, yo menos que ella, yo más por seguir la corriente que en realidad sí experimentando seria amargura, yo sólo era el coro, era el acompañamiento, la segunda voz, la queja rítmica, ella era la principal, la líder en el disgusto, ella, la hija de hombre rico, educada por sirvientas, desconcertada por la brutal cantidad de opciones, no sabiendo lo que quería, perdida en terrible confusión y después de casi 30 años de no tener ni la menor dirección o trascendente interés, se dejaba caer hacia la nada y yo ahí jugando al psicólogo sabiendo que no estaba ni cerca del diagnosis verdadero, ¿la tocaron de chica? ¿vio algo horrible? o nada más era el producto de sádico experimento en malcriadez, quien sabe, me faltaban años de educación para empezar a imaginar la razón atrás de maldecir al ganar, yo, entretenido con mis teorías sobre la patología de lo que supongo uno podría llamar mi novia, me limitaba a verla sentada frente a mí, con cara de total amargura, con un cigarrillo en la mano, naturalmente guapa, sana como sólo la que es alimentada por alguien más es, elegante y casualmente vestida, una de un millón, extraordinariamente rara, pero no por sus ideas o sus modos o lo que sea, peculiar al extremo por ser peor que yo, por ser menos aguantada, la única persona más insoportable y yo lo disfrutaba todo, masoquista un tanto, morboso otro, sabiendo que un día ella maduraría y me dejaría, la fecha de caducidad me reconforta, y entre nosotros no había nada serio, cosa que me recordaba en cada encuentro, tarde o temprano se cansaría de hacer repelar a su madre y ser iría con un hombre de su clase, su familia ya había arreglado el matrimonio desde que se enteró que era mujer y así, en esa tarde, acariciado por el calor agradable y el viento amigable, ese tipo de pensamientos desfilaban a toda velocidad por mi mente alterada por café tras café patrocinado por el padre porque yo nunca pagaba nada y eso, como maldito infeliz que soy, era mi parte favorita del trato, desde hace mucho había dejado de intentar pagar, después de cierto número de batallas perdidas con miradas, me había rendido, y al llegar la cuenta sonreía desvergonzado, viendo a mi alrededor, contento, nervioso, hiperactivo, al borde del brote psicótico por el abuso de la cafeína y ahora siento que debo decir en mi defensa que no era como si yo fuera un abusivo pobretón pordiosero, no, yo era despreocupadamente clase media, libre desde la adolescencia de los males de mi clase, y para ese punto de mi vida hasta había alcanzado cierto éxito, nada más estaba contento por no pagar o no pagar con dinero, por lo menos, porque era generoso con el tiempo y con el alma, Irma disponía de mí como yo de ella, sonaba el teléfono y tenía que saltar de la cama a bañarme e ir con ella al mismo café, a sentarnos a fumar, tomar y quejarnos hasta que nuestros cerebros no podían más y después a mi casa a tener sexo flojo, sin sentimiento, como uno va al baño, así cada vez que el antojo le llegaba, así durante casi 10 años de conocernos, esperando la noticia de su matrimonio, como hombres de negocio que tienen que tratar el uno con el otro porque no tienen de otra, esperando lo inevitable, esperando ese último beso de despedida, encariñados en secreto por el tiempo en común y, a la vez, ya nos extrañábamos porque sabíamos con absoluta certeza que una vez que nos dejáramos, o más bien que me dejara, era el regreso a las arenas movedizas de la soledad y la oscuridad de tener que lidiar sin ayuda con nosotros mismos otra vez.

UNA DISCULPA POR LA TARDANZA

Friday, July 31, 2015

Vacas En El Campo

55

Cristina soltó un pequeño casi inaudible pujido, era su manera de venirse, habló unos minutos sobre virilidad, luego se quedó dormida. yo me quité de encima, me senté al borde de la cama, con los codos sobre los muslos, y vi la oscuridad, sintiendo sólo fastidio; era hora de un cambio.

me fui con las vacas. me dirigí a pradera infinita que se extiende hasta que la imaginación se acaba, se extiende tanto que puedes correr hasta derrumbarte sólo para darte cuenta, con la cara cubierta de tierra, abriendo y cerrando los ojos por incredulidad, que apenas empieza; o por lo menos eso decía el folleto. mentiras. cuando llegué, por las ventanas del camión apareció una pradera chica y no súper verde como en las fotos. el pasto era medio gris con café y olía raro, aunque debo decir, era poseedora de cierto encanto. el camión se detuvo, tomé mi mochila, salté fuera y vi, en pleno atardecer, mi temporal hogar, dejando entrar el extraño aroma, acariciado por la brisa del campo de las vacas. mi nariz, acaparando toda la potencia del CPU, no dejó ver a los ojos las enormes criaturas que aparecían, colina abajo, con las primeras estrellas del acaso. "hola vacas" le dije a verlas ahí mugiendo, siendo ellas mismas, ocupándose de sus asuntos. "de acuerdo" le dije al destino, listo para seguir y abandoné el duro pavimento del pasado para así internarme en la suavidad de la pradera del futuro.

conviví con las vacas un mes entero. al llegar olvidé todo lo que suponía sobre ellas y me dediqué simplemente a pasear despreocupado. vi a las vacas comer manzanas, tener sexo, mugir un escándalo y vivir la vida más simple posible. a pesar de no tener ninguna intención de estudiarlas ni saber más de ellas, en nada entendí por completo la sociedad de la vacas; la vaca alpha, la vaca omega, la vaca rara, la vaca dura, la vaca tímida, la vaca etc. información más inútil no ha habido, el funcionamiento social de las vacas es la cosa menos interesante con la que me he topado y, molesto por el uso de memoria que me iba a ser difícil de desocupar, continué con el programa de pura existencia. pasé el tiempo simplemente comiendo pasto bajo el sol y durmiendo junto a ellas bajo el cielo estrellado. perdido en mí mismo, viendo sus ojos de vaca, sumergido en su negrura, adentrado en su mundo, fui poco a poco entendiéndome más y más.

terminó el mes y, al borde de la locura, llegó el final de mi visita. sonó mi alarma y ahí en la intemperie, sucio y hambriento, rodeado de caca de vaca, al darme cuenta que había acabado, lleno de melancolía y nostalgia por mi vida pre-vacas, no tuve de otra que extrañar el mundo de donde venía y apreciar la generosidad de la fortuna y reconocer que, aun cuando cachetea de vez en cuando, el destino me repartió cartas ganadoras. mi convivencia con las vacas fue oportuna experiencia y, con el mentón y la frente elevándose, sólo quedaba irme a encarar y conquistar el mundo de los humanos. trepé la colina, "adiós, amigas" dije con voz quebrada por corazón turbio, tomé mi mochila y regresé a la carretera a esperar el camión, envidiándolas un poco y, al mismo tiempo, reconociendo sin duda alguna, que yo nunca podría ser una de las vacas en el campo.


Wednesday, June 24, 2015

Muerte En La 5ta Dimensión

54

una última vuelta de destornillador y terminé mis goggles para ver la quinta dimensión. me los puse y vi... vi cosas que me cambiaron para siempre. di vueltas sobre mi propio eje agitando los brazos, gritando fuera de control. oh la 5ta dimensión... ohhh. al echar un vistazo me vomité todo, mi cerebro se negó a participar. por suerte sonó mi alarma a lo lejos, de regreso en la 3ra dimensión, no sé cuanto más hubiera aguantado. volteé alarmado cuando tenía ya entre mis manos lo que sólo pude suponer era el cuello de una criatura de la 5ta dimensión. lo solté con las manos en dolor, en realidad estaba ahorcando un cactus. "ok" dije perdido entre física que una vez sólo fue pura teoría. mi alarma siguió sonando, me quité mis goggles, los metí a un bolsillo de mi chamarra y fui a mi clase de karate.

"ku - ya!" y le metí un karatazo a un muchacho, se lo metí justo en la nariz, sentí en el dorso de mi mano como se rompía el puente y no estaba ni cerca de acabar, oh no, "ku ya!" eco y con la otra mano, mientras se desplomaba el muchacho, le metí un segundo karatazo en un lado de la cara. el muchacho cayó al suelo, cubierto de sangre. lo miré sin piedad parado sobre él, con los ojos muy abiertos, respirando duro, colorado, cubierto en sudor. "viva el karate" le dije para que reconociera lo que le acababa de pasar, "viva la muerte" dijo antes de perder el conocimiento y yo, nervioso, le di la espalda, necesitaba un segundo de privacidad. mis pupilas se movían rápido, de izquierda a derecha, mi mente trabajaba a marcha forzada, "un fascista" dije perdido en absoluta y completa confusión, "pensé que esos ya no existían" dije al recordar que estaba en el futuro, tiempo fantástico donde todo puede pasar, y levanté la cara totalmente aterrado. regresé la vista hacia el suelo, hacia el muchacho inconsciente. se me ocurrió colgarlo, pero la gente se congregaba a nuestro alrededor. será otro día.

subí a mi motocicleta y me dirigí a la casa de mi socia, una chinita de 1. 50, que no dice mucho, pero por alguna razón siempre pone mucha atención. ella me había dado lo que necesitaba para llegar a ser el hombre que siempre pude ser, prendió la mecha de la promesa. había algo en el aire que me inspiró, tal vez era el escape fuera de control del camión frente a mí, tal vez mi obsesión por inhalar sólo el mejor pegamento, no lo sé, lo que sí sé y por eso lo estoy contando, es que a unas cuadradas del pequeño y muy bien decorado departamento, parado en un alto, me puse mis goggles y arranqué la motocicleta. salí disparado, me subí a lo que supuse sólo podía ser la espalda de un mamut que empezaba y acababa un millón de veces y volé por el aire. me mantuve suspendido lo que pareció una década y aterricé en una figura que ponía a mi cabeza a doblarse y desdoblarse como playera en manos de obsesivo, pero en realidad estaba metido de la cintura para arriba en el vitral de una tienda de souvenires de perú. con vidrios clavados en la cara y el cuerpo, decidí rebelarme contra mí mismo y mis proyectos sin sentido, ya no podía más, los monstruos de cinco dimensiones me apretaban la panza y me decían groserías. pero, con mis dedos ya sobre los goggles, junté valor, cambié de parecer y los dejé en su lugar, si no me los dejaba nunca me acostumbraría y sería imposible hacer mi sueño realidad, mi sueño de hacer arte para la 5ta dimensión. maldita la vida.

con curitas aquí y allá, llegué con la chinita. la encontré toda drogada, había tomado peligrosa cantidad de lsd. me mordí la uña del dedo gordo con una idea en la cabeza saliendo como topo a guiñarme un ojo. la miré unos segundos, recargado contra la pared, junto a la puerta. la chinita corría de un lado a otro gritando "naai jou wêreld ek is die meisie wat wil om vir ewig te lewe" y al verla correr cerca de mí, la idea tomó control. le puse el pie, la chinita cayó cara primero contra la alfombra morada. me lancé sobre ella, la tomé de la cabeza y le puse los goggles. "mira, chinita, la 5ta dimensión!" y la chinita se paró de un salto, miró hacia delante como congelada en la tiempo, posando como portera que espera a que tiren un penal, se volvió loca y se echó por la ventana. yo me quedé ahí parado viendo atónito el departamento ahora vacío, escuchando los gritos de la gente en la calle, sintiendo la frescura de la noche. toda la responsabilidad era mía y nadie tardó en enterarse. fueron tras de mí, organizada muchedumbre, quería verme sangrar, querían justicia en forma de linchamiento y yo quiero mucho la vida y por supuesto, después de recuperar mis goggles, me di a la fuga. oh cruel destino, que será de mí.

me encontraron quien sabe como. estaba parado al borde del cráter de un volcán, ya no había escape, la gente se acercaba lentamente, con antorchas en la mano, con asesinato en la mirada, listos para acabarme, para decirme adiós para siempre y yo qué podía hacer, con magna de un lado y con inescapable justicia del otro. "paga la cuenta" decía el cielo, "paga la cuenta" decía una y otra vez. tragué tantita saliva y toqué mi pecho, quería sentir por última vez mi enloquecido corazón. al poner mi mano sobre el pezón izquierdo, sentí y recordé los goggles. si iba a morir, no lo iba a hacer en la cochina 3era dimensión que no me ha dado más que pesares y dolores de cabeza. cerré los ojos, un cuchillo en la barriga, los abrí y el mundo en la 5ta dimensión. un poco de aire y me eché a lo que sólo podía suponer era una vagina gigantesca. de regreso a la matriz, de regreso a la nada. esta es la muerte en la 5ta dimensión que se siente como derretirse en helado.

DEDICADO A THU TRAN DE FOOD PARTY