Tuesday, May 26, 2015

Miedo a Las Niñas

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"oh nenina, nenina... qué me hiciste... qué le hiciste a mi almaaaa!" la miraba asustado con el corazón pulverizado, ella me miraba de arriba a bajo con asco y molestia. lo peor que podía pasar pasaba y yo, contra la pared, no tenía lo necesario para presentar pelea, la conquista nunca empezó; estaba frente al monstruo despiadado que era nenina epet, mi P.G.O.A.T., sin nada que decir, recibiendo mi merecido. ella recibió mi patético intento, hizo cara de enterarse y se fue tras un certero hachazo a las raíces de mi autoestima. quedé en el suelo, llorando, abrazando mis rodillas, temblando, siendo un completo marica, azotándome duro. el cielo nublado sobre mí y yo solo con mi miedo a las niñas.

años después, estaba sentando en pants con manchas de sólo dios sabe qué; gordo, apestoso, con pelo largo seboso. llevaba perdido en el internet una incierta cantidad de tiempo. no me enteraba de nada con el cerebro engañado por el azúcar, la grasa y la autocompasión. pero de repente, como pájaros escapando antes de desastre natural, sentí en mis bolas cosquillitas, era la biología llamando, quería satisfacción. "oh no" miré mis genitales y luego levanté la cara, asustado, iluminado sólo por el monitor. traté de recordar cuando fue la última vez que tomé la medicina. ni el brazo ni la entrepierna me dolían. mala señal.

me retorcía en el suelo sacando espuma de la boca, con los ojos hacia atrás, con el cuerpo engarrotado, lo intentaba, pero no tenía caso, no había vuelta atrás, no importaba cuanta medicina tomara, el torbellino del deseo pasaba imparable destruyendo el pueblo del delirio y estaba consciente otra vez. la reaparición del ansia y la necesidad básica humana de compañía me habían sacado del viaje y ahora veía las columnas de cajas de pizza y los montones de envases, las montañas de envolturas, la suciedad y la alfombra dura como duela. estaba pasando, era sólo inevitable. tenía que regresar a la normalidad, tenía que encarar el miedo.

como monstruo despertado, salí de mi hediondo cuarto por primera vez en mucho, mucho tiempo. la puerta se abrió lenta y ruidosa y la luz entró poco a poco hasta que me cubrió todo. me quedé parado en el umbral, mis ojos en llamas, mi piel untada de lava, el ruido de afuera como cañones en mis oídos. el mundo de verdad cayendo sobre mí como una avalancha de mierda, oh cuanto lo odio. "bien" dije, asentí decidido, valiente y hacia la regadera. corté y peine mi cabello. me cambié de ropa, hice ejercicio y, viéndome casi normal, sólo quedaba ocuparse de la profunda tristeza en mi mirada. puse el disco quemado lleno de pop de la adolescencia, tenía que entrar en la mentalidad adecuada, no podía salir a la calle como la bestia alienada que era.

pasaron los meses y una, porque la vida es rara así, me hizo caso. "de acuerdo" dije más sorprendido que nadie y quedamos. colgué el teléfono, temblando, sentando en mi cama y, sin perder un segundo siquiera, me lancé y luché lucha grecorromana contra mi miedo a las niñas. lo tomé y lo aventé de aquí a allá hasta que quedé rendido, tirado en el suelo, empapado en sudor, respirando con trabajo. "oh cristo! cristo jesús! por qué?!!" le grité al techo, inseguro como nunca, cuestionando el sentido de las cosas, sintiéndome irreversiblemente solo, oh si tan sólo existieran los extraterrestres y golpeé el la alfombra con el puño. el vecino del departamento de arriba, acostumbrado a mi reclamo divino y asumiendo su papel celestial, gritó "hora de trabajar, hermano, hora de ir a la guerra... pero ve a ganar, tú puedes, eres un campeón!" "de acuerdo!" grité de regreso, me puse extra guapo y salí a la cita.

la mujer y yo fuimos a bailar y la pasamos muy bien. mientras girábamos agarrados de las manos con el corazón acelerado, riendo como idiotas, me di cuenta donde estaba; tenía los pies sobre la maldita cima de la montaña y el fantasma de nenina epet estaba junto a mí, flotando a mi alrededor, recordándome el precio de querer. y ahí se quedaría, ahí conmigo para siempre. mi primera y única monstruosa belleza. mientras tanto, la mujer nueva y yo bailábamos pegados, respirándonos en la cara, con los labios a menos de un centímetro el uno del otro y reconocí que nenina epet es mi guerra de vietnam y ahora tendré trastorno por estrés postraumático el resto de mi vida y eso es algo con lo que tengo que hacer las paces. el miedo a las niñas, una vez que se tiene, nunca se va, se queda aquí, en el corazón, enterrado profundo inoperable el hijo de puta, pero estaré maldito si dejaré que el miedo a las niñas me detenga de sacar a la biología y al romance a jugar de vez en cuando. no soy tan incapaz.

A LAS MUJERES RARAS QUE SE PRESTAN

Thursday, April 30, 2015

Maricruz y Los Hombre Panza

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Maricruz fumaba un porro en la oscuridad de su cuarto, sentada, esperando, rodeada de los gritos de los pájaros y los primeros claxons, a que dieran las 6 y cuando dieron, como telón del comienzo de otro día, las cortinas se levantaron en automático, dejando entrar al tímido sol. maricruz apagó su porro en el cenicero en forma de guante de beisbol que le había hecho su senil abuela, se limpió de un gracioso manazo la ceniza en su falda y, tenebrosamente seria y decidida, se paró de su cómodo sillón, no pudiendo esperar para abandonarlo todo e irse a vivir con los hombre panza.

maricruz nunca fue buena para la gente. le bastaba ser lo suficientemente no grosera para no llamar la atención y se mantenía al pendiente de su boca para nunca decir en voz alta lo que pensaba de esos que la rodeaban, pero no era lo que nadie podía llamar amigable. desde niña fue muy gruñona y su madre, al darse cuenta del horrible carácter de su pequeña hija, la mandó a un campo de reeducación. ahí le enseñaron que no hacia falta dar a conocer su opinión. maricruz regresó con el cerebro tan lavado que uno podía comer sobre él. ingresó al colegio como cualquier niña de 6 años y durante toda la escuela se repetía una y otra vez que no valía la pena decirle a los demás que eran un montón de buenos para nada.

maricruz colocó con cuidado su maleta llena de calzones en la canasta de su bicicleta. antes de irse vio con cara de asco el edificio feo y gris donde estuvo viviendo los últimos meses. dejándose llevar por el sentimento levantó el puño y se prometió muy seria que nunca, pero nunca iba a regresar a esa ciudad que le dio tantos pensamientos suicidas al verse atorada en el tráfico rodeada de sus supuestos congéneres, "malditos" susurró maricruz en la frescura matutina, agarrando con fuerza su bicicleta, al carro le había prendido fuego. escupió torpemente como un definitivo adiós, se subió a su bicicleta con la cara dura como esa verdad que jode y pedaleó lo más que sus bien formadas piernas le permitían, pedaleó con destino al bosque, con destino a los hombre panza.

maricruz estudió administración de redes sociales y, después de cuatro años, una vez que un viejo idiota con una mueca burlona le dio su título, cayó en cuenta del grave error que había cometido. "oh no, qué dios me salve" dijo como discurso de graduación. su tía, que era una empresaria exitosa, le dio trabajo y antes de que buscara alternativas ya estaba sentada en un cubiculo frente a una computadora, viviendo en el infierno que es estar al pendiente de las tonterías que pregunta la gente por las estúpidas páginas de presión social perpetua y morbo descontrolado. y a sufrir de 9 a 6, de lunes a viernes, sentada aburrida contestando la misma cosa una y otra vez, mirando la ventana, pensando en la caída y la bienvenida muerte.

maricruz se internó en el bosque, sudada y cansada, pero no dispuesta a parar a descansar ni aunque sea un poco. ansiaba tanto lo que la esperaba allá arriba en la cima que su mente y cuerpo habían acordado que en este viaje no habría pausa. atravesó el bosque por un camino poco usado y siguió hasta una pendiente que subió como si no hubiera estado pedaleando las últimas tres horas. fue colina arriba recordando los millones de tragos amargos que habían sido su vida. sintió, con cada centímetro que se acercaba a su meta, la intolerancia desaparecer. maricruz experimentaba, desde mucho antes de llegar, la magia de los hombre panza.

maricruz, en el trabajo, delirando por el aburrimiento, encontró una curiosa página con un gordito en ombliguera bailando al ritmo de una pegajosa canción. "pero qué es esto" dijo maricruz que no huía de la riqueza del internet y dio un rápido experto click. parecía a primera vista una página de una compañía de cerveza. como era su costumbre, maricruz investigó los requisitos para trabajar ahí. leyó voraz toda la información sobre estas personas enclaustradas, alejadas del mundo, en la cima de un monte. los hombre panza eran una especie de monje, pero sin religión, que se dedicaban a hacer y vender cerveza, pero sobretodo a darle la espalda a la sociedad y su monstruosa dinámica. era justo lo que quería maricruz. con ojos brillando de esperanza, se paró de su cubiculo casi cayéndose, no sabiendo que hacer con tanta felicidad. maricruz vuelta loca de alegría agarró del pelo al tipo de a lado y le dijo "mierda, voy a ser un hombre panza!" y salió corriendo a mandar en un sobre manila su solicitud de empleo.

Tuesday, March 31, 2015

Un Cuento de Amor y Anarquía

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se estrelló mi avión en el pacífico. traté de flotar lo mejor que pude hacia una pequeña linda isla perdida en la inmensidad del mar. el océano me escupió en la playa listo para la morgue. me encontró un señor panzón de cabello largo de unos 55 años. "un gordo güero" le dijo a un perro con síndrome de down y me arrastró a su choza después de ver que sólo tenía dulces en los bolsillos. su mujer me cuidó y me curó y en una semana ya estaba como nuevo y en otra semana ya estaba aburrido y me quería ir a mi casa.

tenía mi maleta hecha de ramas y hojas lista, mi cepillo de dientes en el bolsillo delantero de mi camisa y no faltaba nada para agarrar el bote a otra isla un poco más grande y de ahí a otra isla un poco más grande y así un montón de islas hasta llegar al continente. la señora me tomó de los cachetes y me dijo "bon voyage, conard" y yo le dije "hasta luego, señora" y reflexioné sobre los imperios de antaño. el pueblo enteró me acompañó al puerto; era el primer gordo güero con el que habían convivido y seguían intrigados. "adiós a todos!" les grité, agitando mi mano, sonriendo mi preciosa característica sonrisa; me despedí como artista consagrado se despide de su público. ellos aplaudieron y me mandaron besos, me iban a extrañar estaba seguro. llegó el bote con la gente que iba a la isla. del bote salió una preciosa samoana de la que me enamoré de inmediato. "pues no me voy" le anuncié al pueblo. tomé mi maleta y la aventé al mar.

la samoana era hija del señor que me rescató. bendije mi suerte y luego la maldije cuando me dijeron que ya no podía vivir ahí porque mis constantes erecciones los incomodaban pero no todo estaba perdido, podía construí una choza a lado. para quedarme fui con su líder a que me diera trabajo. "y bueno, qué sabes hacer?" me dijo el líder, un tipo enorme que se encargaba de que nadie se pasara de listo. "sé sobre mijail bakunin" dije después de estar sentado como media hora pensando en que había dedicado todos esos años de vida. "mijail bakunin?" preguntó el hombre samoano atrás de un pequeño escritorio, viéndome con desconfianza, dándole tragos a su latte. moví mi cabeza de arriba a bajo diciendo "aja, aja". una rápida revisada al internet y, con pereza para leer, supuso, como hombre del continente que soy, seguro sé una cosa o dos. "lo que sea" le dije, recordando mis años de escuela, esos días de juventud con mi pandilla, prendiéndole fuego a cosas, incitando a la revuelta, diciéndole a la autoridad por donde se podía ir para llegar a la mierda. al despertar de mi paseo por la vereda del recuerdo me mandaron a la primaria a dar clase de español, yo enseñé sobre la anarquía.

ya tenía trabajo, era hora de conseguirme una novia. cambié mis nikes nuevas por una motocicleta y pasé por la linda samoana. le dije "oye preciosa, vamos a pasear" ella dijo que no porque yo no creía en nada. sentí una roca gigante caerme en el pecho. oh el nihilismo, enfermedad del alma, trastorno de la voluntad y yo tenía tantito de eso, claro, como hombre moderno un rato estaba lleno de esperanza e ideales y otro lleno de cinismo y resignación pesimista, es la enfermedad del siglo XXI como decía el buen Friedrich, es una fuga en el espíritu, pero después de la adolescencia, por la golpiza de la vida y la mamera (como dicen en colombia), concluí que la mejor política era creer en uno mismo, el ejército de yo y yo no sólo creía en mí mismo, me creía la única y valida autoridad. "lo dices neta?" me dijo la samoana impresionada por tanta pasión, y yo, empapado en sudor, alterado, no contesté nada, ya sólo veía esas hermosas piernas morenas, hipnotizado. "qué?" balbuceé, ella me soltó esa mirada que sueltan las mujeres cuando te estás equivocando. "ah sí! lo digo neta" le dije al recordar lo que estuve gritando todo ese tiempo en medio de la calle. "bueno, ok" y fuimos a tomar sodas de sabor.

la samoana y yo nos casamos en el aniversario de mi llegada y la embaracé 10 veces. con la descendencia asegurada, me postulé para ser el nuevo líder, gané las elecciones fácilmente ya que todos en la isla me querían. organice a la gente, renuncié al poder y mis estudiantes, vueltos todos unos jovenctios, entendieron la responsabilidad de la libertad y el autogobierno. sabían que ahora que eran libres tenían que querer y respetar más a su comunidad. "ok" dije todavía enseñando primaria rodeado de mis pequeños hijos querubines cachetoncitos y mi increíble samoana. lo único que faltaba para que todo fuera perfecto era un coro. me di a la tarea y en un mes ya teníamos en la isla el mejor coro del mundo, para cantar, entre otras cosas, por supuesto, himnos de amor y anarquía.

INSPIRADO POR "LOVE AND ANARCHY" DE LINA WERTMÜLLER

Número Equivocado

49

Juaquin estaba sentando junto al teléfono, muerto de la risa, colorado, agarrado de la silla, con la venas marcadas en el cuello y la sien. pasaron unos minutos, recuperó la compostura, acomodó su cabello y tomó el auricular. marcó el número con los cinco dedos como un maestro del piano toca la pieza que ha estado practicando toda su vida, y esperó. el suspenso; un segundo, dos segundos y al tercero "BUENNNNEEEE?" se oyó. juaquin aspiró con ansía loca y "puerca idiota!" gritó con todas sus fuerzas. colgó torpemente y rió fuera de control. juaquin se vengaba de una que, según él, había jugando con su corazón y ahora, con cada llamada, efectuaba su venganza. "ay qué risa!" gritaba pegándose en el muslo con la palma de la mano y con la planta del pie al suelo. el eco de los golpes, la risa demente y la silla rechinando, se escuchaba por la casa entera.

Juanita Riviero Ha Perdido Su Fe En La Humanidad

48

conocí a juanita riviero una gris y maloliente tarde de un nuevo mes que habían inventado para compensar por el ligero cambio en el movimiento de traslación del planeta. llegué con mi solicitud de empleo llena de mentiras y busqué al gerente sólo para descubrir que el hijo de su madre no estaba por ningún lado. "oye, preciosa" le dije a juanita dándole un juguetón codazo en una costilla, "on ta el patrón, eh, on ta" pregunté ahora recargado con el codo en la caja, viéndola coquetamente, comiendo un poco de carne seca. juanita miraba la nada sentada en un banco atrás de la caja, fumando con cara de cero amigos. pasaron unos segundos de incómodo silencio, luego me miró con un odio que me sigue persiguiendo hasta este día 50 años después, y me dijo "jodete, basura". ay pero cuanta genuina amargura! pero cuanto crudo desprecio! y luego hacia mí! uno que no tiene culpa de nada. "pero..." le dije con el mundo dándome vueltas, mareado por la indignación. "PERDÓN?!" reclamé, con la boca abierta, viendo con los ojos muy abiertos a juanita que para entonces ya había regreso a la nada y a su cigarro. me fui al reconocer que no haría nada más, pero no me fui como si nada, no, señor, me fui ceremoniosamente, con el mentón levantado y con los ojos cerrados, sacando molestos pujidos de enfado.

meses después me dieron el trabajo y como era el único al que le daba pereza quejarse y luchar, me dieron el turno de noche con juanita. oh dios, pero qué pesadilla. noche tras noche juanita odiaba fuera de control; "pinche esto" y "pinche lo otro". harto, una madrugada, agarré a juanita de los hombros y la zarandeé en busca de tantito contexto, de un poco de antecedente, de algo de explicación. también, no más porque ya estaba ahí, le di dos cachetadas bien acomodadas. la dejé colorada respirando ruidosamente. pensé que juanita me mataría, pero para mi sorpresa abrió su podrido corazón y me dejó ver dentro. juanita, tomando expertos tragos a una botella especialmente corriente de mezcalito, me contó llena de sentimiento su historia. no siempre fue dura y pesada. cuando empezó a trabajar en el minisuper tenía el corazón intacto, las mejillas llenas de color y los ojos con tanto brillo que aveces, para hacerle el favor a los amigos, se iba sobre los cofres de carros sin faros. todo era felicidad y todo era esperanza hasta que juanita se estrelló de frente contra una dura verdad que todos los demás aceptamos con fácil y cómoda resignación. el trato con la gente castigó la inocencia de juanita. la tomó del pelo y la arrastró por la podredumbre de la naturaleza humana. le hizo unas llaves a su espíritu y le escupió un gigantesco viscoso gargajo a su alma. al final, juanita, después de meses de lidiar con hijos de puta, había perdido su fe en la humanidad y ahora odiaba a todos sin excepción. "oh ok" dije peinando mi cabello distraído con alguna tontería.

Despertar Con Braquets

47

lo había logrado, era inimaginablemente exitoso y todo lo que quería lo tenía. fui al banco con un cheque por millones. era hora. todo había salido como planeado y sólo faltaba una cosa para alcanzar eso que siempre quise, eso con lo que había soñado una febril noche hace mucho.

salté de mi bicicleta en movimiento y atravesé mi casa corriendo tan rápido como mis piernas de sedentario radical me permitían. sentando listo para comenzar, recordé y le grité a la señora paty que ahuyentara a cualquier visitante y que tirara el teléfono a la basura, ella asintió decidida, obediente.

me tomó una tarde escribir la única obra de teatro que he querido hacer en realidad. la imprimí y la pegué a mi cara, la sentí como una madre siente a su bebé recién salido. me tiré sobre mi cama y, fascinado, la leí una y otra vez. era justo lo que dictaba la imaginación.

entré al banco muy seguro, grité en la cara de una señorita "quiero!", me dieron 100 sacos de dinero e invertí cada peso a mi nombre. la gente pensaba que me había vuelto loco y mucho trataron de detenerme, pero yo era simplemente implacable. estaba listo para tomar mi última forma.

llegó la noche de estreno. la gente curiosa e incrédula fue a comprobar que la obra en realidad se trataba sobre lo que decían los rumores y a ver en lo que había invertido todo mi dinero. el teatro que construí sólo para esa obra se lleno hasta reventar y, en la oscuridad, la gente esperó ansiosa.

las luces se prendieron y empezó una de las obras más largas de la historia. duraba 7 horas y, en lugar de actores, usé robots porque nadie quería participar, decían era un asesino de carreras. el abucheo empezó a los 5 minutos y continuó hasta que sólo quedaban tacaños en los asientos.

fue un fracaso colosal y terminé en la calle. nadie se acuerda de mi nombre ni de mi pasada gloria. había acabado por fin, el trabajo de una vida estaba completo. bajo un puente, con el libreto de "despertar con braquets", sonrio orgulloso y satisfecho.

El Robot De Mis Sueños

46

limpié el sudor de mi frente y, temblando, retrocedí unos pasos. sentí el dolor en mi espalda, el ardor en mis dedos. llevaba inclinado trabajando, conectando cables y pegando microchips, demasiado tiempo. con la tarea terminada mi cuerpo se quejó y presentó el reporte del daño. me faltaba el aire, me sentí desfallecer y casi caigo pero recobré el equilibrio justo a tiempo. no tuve tiempo de experimentar todos los males, había que lidiar con la preocupación por el éxito. años de trabajo y todo se reducía a ese momento. un ataque de pánico se asomó con la idea de que había acabado y la posibilidad del fracaso. el terrible suspenso del cocinero que está apunto de abrir el horno para comprobar si el pastel más importante de su carrera había llegado a un final feliz o todo era sólo tragedia. a comprobar si funcionaba, si todo ese tiempo había valido la pena. me tabaleé al tablero de control, me quedé parado unos segundos, nervioso, lleno de miedo. por creer sólo en las leyes de física y la voluntad humana no se me ocurrió pedirle nada a nadie. "de acuerdo" dije, cansado de mi mierda, y piqué el botón de encendido. el robot acostado en la mesa de metal empezó, sonó como si se prendiera una computadora vieja. unos cuantos pip's y abrió los ojos, se incorporó, se sentó en la mesa y vio por primera vez. abrió la boca e inhaló para enfriar sus tripas metálicas. se paró, dio unos pasos y echó una mirada. me encontró, nos quedamos viendo unos segundos. me acerqué todavía inseguro. me sonrió, extendí mi mano, la vio, la tomó y le hizo una caricia. no podía creerlo, lo había logrado, había escapado y ahora podía dedicarme a otra cosa. por fin... por fin! la maldita ansia estaba bajo control, capturada y controlada y la soledad era cosa del pasado. lagrimas salieron haciéndome daño, mis ojos eran gargantas que llevaban mucho sin hablar, todo el sentimiento reprimido explotó. me sentí como pueblo que gana la revolución contra tirano y tiene un plan excelente para lo que sigue. celebré, salté, reí como loco y destruí mi laboratorio de la felicidad. "de acuerdo" dije al ver a mi creación verme sonriendo tiernamente, y lleve al bello y voluptuoso robot a mi recamara a, antes que nada, hacerle el equivalente a años de porquerías. acabé incontables veces. después me tiré sobre él y lloré como nunca. el robot entendía lo que pasaba, todo estaba diseñado, todo programado. mientras yo lloraba escandalosamente, enterrado en sus increíbles voluminosos senos, aferrado a su cuerpo terso y suave olor a flores, él me acariciaba el cabello, sin importarle que lo llenara de baba y moco. acabó la crisis y el triunfo estuvo completo al verme libre de pena e incomodidad. "lo logré" dije riendo llorando. nos bañamos, nos vestimos y platicamos tomando café, comiendo croissants, riendo, pasándola bien, en absoluta sintonía, conectados para siempre.

Muerte y Destrucción

45

muchos no entendieron cual era el plan cuando nos inscribimos al programa militar de robot gigantes, pero yo supe de inmediato, yo supe desde el primer día. estábamos ahí para llevar muerte y destrucción. acaté mi responsabilidad y perfeccioné mi oficio. esos que nunca llegaron a entender encontraron sólo locura y maldición.

por suerte, los otros cuatro pilotos de mi robot gigante comprendieron tan bien como yo. las cinco mentes y cuerpos en la cabina se coordinaron a la perfección. éramos los mejores y nuestro robot arrasó, dejando a nuestro paso tanta muerte y destrucción que el gobierno, al final de la guerra, al ver las ciudades aplanadas y cubiertas de cuerpos, nos desconoció y fuimos traicionados.

los cinco escapamos y, al vernos sin opciones, recuperamos nuestro robot e hicimos lo único que sabíamos hacer. ahora la muerte y destrucción estaban sobre los que una vez fueron nuestros hogares, sobre las calles de la infancia y las memorias de un vida. fuimos tan efectivos en nuestro país como en cualquier otro lugar.

al final, después de meses de lucha sangrienta y terrible contra otros robots gigantes, nos vimos superados y llegó lo inevitable. fuimos destruidos y morimos en batalla furiosa, orgullosos y satisfechos, con la frente en alto, con el honor recuperado. fuimos destruidos y morimos para vivir por siempre en la gloria inmortal de nuestro robot gigante.

Homeless Run

44

martin era un vagabundo y vivía en un camellón. a las 6 de la tarde, de lunes a viernes, era despertado por el ruido del tráfico. martin, sobresaltado y ansioso, agarraba una rama y se paseaba por el camellón muy emocionado, viendo con atención las filas interminables de carros, esperando paciente lo que sin duda pasaba cada tarde. por fin, se abría una ventana. salía una mano con basura, señal para ponerse en posición. el pitch de la botella de refresco y pum! martin, experto, bateaba la basura y, orgulloso, la veía alejarse hasta perderse en la avenida a la distancia. y allá iba martin, a recorrer las bases. pisaba el teléfono público, al hombre vende cigarros y el semáforo para regresar al camellón y celebrar, saltando y riendo, su homeless run.

Hueles A Chicharrón

43

manejaba mi microbus a 200 km/ h escuchando klaus nomi con las rayas hasta el tope. la gente nunca me hacía la parada porque no aprobaba mi manera de manejar ni mi gusto musical. yo soy un tipo libre y si no les gusta ya se pueden ir en otro microbus.

manejaba bañado en pedazos de pavimento, acariciado por el aire, tomando a la existencia del cuello y diciéndole muy de cerca, picándome el pecho con la punta del dedo gordo "aquí sólo hay un patrón y se llama federico gustamante".

aprovechaba porque cada vez que salía a hacer ruta podía ser la última. como no recogía pasaje mi padrino me tenía amenazado con quitarme la unidad y mandarme de regreso a mi pueblo a que terminara la escuela y así volverme cartero como era el sueño de mi no muy imaginativa abuela.

a la media noche, ya camino a encerrar el microbus, una muchacha me hizo la parada. pise esos frenos como uno pisa un cucaracha particularmente problemática. me detuve justo frente ella. subió la mujer con vestido chiquito rojo brillante y perfume hipnótico.

"hola linda" le dije llevado por la inmediata violenta erupción de deseo. ella me hizo una caricia, había algo en su modo y su mirada que pedía aunque fuera un poco de cariño, lo necesitaba. fue de esas veces que encuentras sin querer lo que siempre has buscado.

la llevé a mi cuarto de azotea donde de tanto terminar y volver a comenzar, acabamos sudados y malolientes. deleitado, con los sentidos más despiertos que nunca, la exploré con la nariz, el olor termina de confirmar que no es un sueño.

"hueles a chicharrón" susurré, restregando con ansia mi cara contra su cuerpo sudado, empapándome de ella. esa noche empezamos en el plural y terminamos en el singular, esa noche acabamos nuestro rompecabezas de dos piezas y terminamos oliendo a chicharrón.

Corte A La Moda

42

El cabello de Mireya caía en grandes mechones. el suelo estaba tapizado de güero. mireya, con la lengua salida sobre el labio superior, contenta, cortaba y cortaba, sentada muy lejos del espejo más cercano; había leído que así era como se hacía.

Fermin, su amigo estilista, entró al cuarto y se detuvo al ver lo que pasaba. el mundo dio vueltas, el suelo se movió descontrolado y, después de un grito agudo que lastimó mis oídos de perro, fermin le arrebató las tijeras a su amiga de décadas. "mujer... pero qué haces?!" mireya volteó hacia fermin, poseída por el espíritu de las revistas para mujeres y dijo con una voz grave no propia de una linda señorita "corte a la moda". femin, como estilista que era, comprendió de inmediato, ya le había cuarteado su creatividad demasiadas veces como para que él hiciera lo mismo, pero sin embargo no aprobaba el corte para nada. "bueno, mi reina, ahí tú sabes", subió los hombros, sacó el labio inferior, cerró los ojos y levantó las palmas hacia el cielo. fermin le regresó las tijeras a mireya y siguió haciendo lo que hacia, extinguir el fuego en el orfanato.

fermin, días después, se encontró a mireya en la tienda de pelucas. "pero mireya... "dijo fermin poniendo la manos en la cintura y haciendo una posee que decía más que cualquier orden de palabras. unos segundos paralizados y él y mireya rompieron en carcajada. esa tarde la pasaron increíble, escogiendo la peluca perfecta.

Wednesday, February 18, 2015

Sandías En La Terraza

41

un martes o jueves, no estoy seguro, estaba sentando en un banca de esas que se columpian, sin playera, en trusa de días, comiendo mi tercera sandía entera, en una linda terraza llena de flores y plantas. era un caluroso y soleado día de verano. tenía la cara, el cuello, el pecho, la barriga y la entrepierna llenos de semilla y jugo. "yuuum!" gritaba al tragar contento un poco de sandía después de pequeñas, sensibles y un tanto afeminadas mordidas. había un carnaval en mi espíritu. mi alma estaba en serio peligro de sobredosis en ricura."descarado hijo de perra" y "menso idiota infeliz" me decía la gente al pasar, haciéndome caras, viéndome en la terraza que daba a la calle. a mí no me importaba la recriminación, apenas la notaba, caso raro en verdad, porque desde bebé me preocupo por lo que la gente piensa de mí ya que yo, preciosos lectores que aprovechan los preciados segundos de su vida leyendo este cuento, soy un jugador de equipo. la liberación a la opinión no era mi culpa, ustedes comprenderán, se debía al placer producido por la sandía, al día en general, la suerte y al goce casi blasfemo estancado en mi corazón donde se gestaba bacteria de la confianza y los minerales del ánimo, receta infalible para el caldo primordial de la liberación individual. y veía a la gente a los ojos, yendo de delante hacia atrás, sin conflicto, libre de deseo, con los cachetes llenos de sandía, simplemente contemplándolos como de seguro nos contemplaría un extraterrestre que está por encima de nuestros banales placeres mundanos y programados prejuicios imborrables, lleno de una serenidad sin fin e indiferencia sobrehumana.

"oh cristoooo!... cristo jesús!" gritó una viejecilla al desplomarse en medio de la banqueta aventando toda su compra por el cielo sólo para ser devorada por perros de la calle; la muy idiota se dio cuenta en ese segundo frente a mí que todo lo que creía no era y la seguridad en la que había cimentado el sacrificio y esfuerzo de décadas podía ser y era puesta en peligro tan casualmente como ir a comprar pan. "querida señora" dijo algún preocupado con caquis y suéter, bigote y mente infectada por propaganda, por promesas y mentiras, al pisarla sin querer. volteó hacia mí y, al computar la situación, un asco soberbio emergió en sus ojos, su boca se volvió una mueca de amargura e indignación y el repudio tomó control. porque créanme cuando les digo que la escena que yo protagonizaba esa tarde agradable era verdadero espectáculo. olviden al teatro contemporáneo o al anterior o posterior, la verdad no he estado al pendiente... como sea, olviden, les digo, que la transgresión a los valores burgueses no ocurría en algún lugar de moda, oh no, estaba en aquella maldita terraza. el señor encontró a su satán en mí. todo lo que odiaba estaba encarnado ahí frente a él, columpiándose muy contento lleno de sandía. y una mezcla de sentimientos, desde envidia patética hasta desprecio terrible, lo obligaba a ejercer su derecho imaginario a hacerme parar, a obligarme a limpiarme, a forzarme a ponerme ropa y a empujarme, con uso de violencia si era necesario, a encontrar trabajo.

"debería darte vergüenza..." dijo el señor al levantar de las axilas a la vieja, sin poder hacer más, vencido por su siempre súbita aversión al conflicto verdadero y "sinvergüenza desgraciado" dijo ahora entre dientes, antes de dejarse llevar por el enojo. "como es posible... hmmm que un adulto, un hombre, pueda andar así, eh, umm..." dijo y "¡debería darte vergüenza!" gritó en ira, agitando vehementemente su dedo hacia mí. la vieja, para entonces, toda perturbada, ya se alejaba gritando agudamente, encordaba y temblando. el señor siguió ahí parado buscando algo más que decir, las cosas no se podían quedar así, yo no podía desafanarme a mi antojo de mi responsabilidad social y quedar impune, porque donde está la justicia, donde quedó la civilización, eh, donde está la convención y el orden, donde! pero, por desgracia para él y suerte para el resto de la humanidad, al insulso hombre nada más no le alcanzaba la imaginación, no se le ocurría como seguir, "uh duh" fue lo último que le escuché decir antes de dejarlo ahí colorado viendo el pavimento reconociendo su imperfección mental "no soy tan bueno como me creo... no puedo insultar tan bien como me gustaría" pensaba el tipo ese yendo sin remedio, como pequeña barca rumbo a tormenta marítima gigante, hacia severo y trascendental conflicto existencial. yo, mientras tanto, viéndome sucio y sintiéndome pegajoso, fui a darme una ducha.

EN LA TRADICIÓN DE PEEPR

Sunday, January 25, 2015

120 días de pompdoma (parte 2)

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pompitas alonzo, el escritor de cuentos cortos y virtuoso del timpani, después de lograr escapar de su departamento, su puerta estaba escondida atrás de una muralla de correo, rodó por las escaleras hacia el lobby de su edificio. bajar escaleras había probado ser más complicado que caminar. golpeó el suelo como sólo alguien que está constantemente golpeando el suelo puede: con gracia y estilo. "pompitas alonzo" susurró la señora portera consuelo quien creía muerta a la promesa, al verlo aterrizar justo frente a ella. pompitas no se enteraba de que pasaba a su alrededor, estaba desterrado a un mundo de dolor y asco. una vez en el frío y recién trapeado suelo, se arrastró gruñendo maldiciones, con los ojos dándole vueltas y con viscosas olas de nausea chocando feroces contra los arrecifes de sus adentros. se detuvo un segundo como quien al fin descubre el por qué de la inusual retirada del mar y ve impotente venir un tsunami destruye ciudades. un segundo y chorros de vomito salieron disparados como géiser infernal. el suelo, de repente, fue cubierto por una pasta marrón y verde con cubos cafés y amarillos. la señora portera consuelo atestiguó la tragedia, parada sin poder creer. dos gotas le pegaron, una en la mejilla, la otra en su vestido nuevo, comprado sólo ayer, con motivo de su aniversario. "pompitas alonzo!" rugió la señora portera consuelo y con movimiento ágil y sin pensarlo dos veces, tomó su escoba y la tronó en la espalda del monumentalmente crudo acróbata del lenguaje. el dolor reinició al autor quien se incorporó como muerto viviente, se tambaleó, arrastrando el vomito a donde no había llegado, y salió a la soleada tarde, a la concurrida calle. la señora portera consuelo, temblando del coraje, regresó a su horrenda niñez en su nativa yugoslavia. acababa de volver a ver pasar lo impasable, sujetando el pedazo de palo tan fuerte que se le astilló la mano y al verse sola y una víctima, al tratar de seguir adelante y resignarse a trapear por segunda vez el lobby de considerable tamaño y llegar tarde a la cena con el único hombre que ha amado y al acordarse que se había quedado sin escoba, la señora portera consuelo no tuvo de otra que echarse a llorar sobre no lo peor que ha salido del autodenominado artista pompitas alonzo.

como un bebé sin cerebelo o sea con el equilibrio todo jodido, pompitas, guiado por la costumbre de años, caminó deslumbrado por días sin sol y aturdido por el infernal ruido de ciudad, hacia la mesa de siempre en el café verdi. vio una silueta y fue como simio hacia ella. "pompi" oyó que alguien le decía "hueles a muerte, no seas así" y recibió dos besos, uno en cada primoroso y sucio cachete. "loli" dijo pompitas, reconociendo la voz de su excelente amiga/agente/editora/confidente/etc. de años, "dame algo... que no puedo, simplemente no puedo" se quejaba con los ojos cerrados, con la boca abierta, con la cabeza echada hacia atrás, moviéndola de un lado a otro. pompitas se dejó caer ruidosamente sobre una silla, ofreciendo lastimero espectáculo a todas las decentes personas alrededor. lolita hizo una mueca, exploró su bolsa gigante atascada y sacó dos pastillas amarillas. las puso en la mano de la fábrica de cuentos, esperó no matar de sobredosis y dio un vaso de agua fría y fresca. "toma" y la increíble droga de señora bajó a hacer magia, a liberar como justiciero los sistemas del cuerpo esclavizados por abuso irresponsable. la droga de señora, la más efectiva, la número uno, fuegos artificiales en momento perfecto. el escritor, de un segundo a otro, ya tenía el color de vuelta y el brillo de un millón de faros explotando. pompitas estaba de regreso. "lolita" dijo arreglándose el cabello seboso y el abrigo maloliente "que pasa, que dices" y luego una risa autocomplaciente de supuestamente la criatura más graciosa de la creación. lolita hizo una mueca de desaprobación indulgente, "pompitas, en buen momento regresaste" dijo ya perdonándolo todo. pompitas, incapaz de poner atención, echó un vistazo al rededor, reconoció las diferencias en el mundo del futuro después de su desaparición. recordó el duro comportamiento del tiempo y, después de ver que lolita ya no era una jovencita inteligente atormentada por la confusión de haber nacido ganando guapa caprichosa en rebeldía sin sentido decidida a hacer repelar a su mamá, y se había convertido en una señora segura de sí misma rica elegante en armonía con la familia y la sociedad con marido apropiado con morena a un lado cargando bebé ajeno, miró con sentimiento el cielo gris, oh la banda que nunca se detiene, llevándonos sin piedad hacia la nada, empujándonos sin remedio por la plancha cruel que es la vida. lolita, con certera cachetada, despertó del ensueño al generoso de verso, y adoptó postura de negocios, no había tiempo para tonterías. "pompi, dejame ir al grano" dijo escupiendo su cigarro, "has triunfado" dijo viendo con seriedad intimidante a pompitas que bebía café ultra poderoso, "aja aja" decía él nervioso sin entender que pasaba. "has pegado, has pegado con los viejos, has pegado con la adolescencia, para que éste sea uno corto, has pegado con todo quien tiene dinero para desperdiciar" decía la normalmente ecuánime lolita ahora acalorada con los puños cerrados haciendo ademanes enloquecidos, con los ojos muy abiertos, con un mechón volando, con las venas marcándose, con emoción genuina poniendo a su aletargado contemporáneo corazón a trabajar. pompitas ya estaba distraído viendo las curiosidades del futuro "uh qué eso eso, ah qué es aquello". lolita lo tomó del abrigo, lo zarandeó con fuerza y gritó acercando mucho su cara a la de él "mierda, pompitas alonzo, eres un éxito, carajo!" y lo aventó contra la silla casi tirándolo. lo que una vez fue habladuría juvenil y producto de ocio se había convertido en negocio serio, algo de verdad. el cuento largo (novela) escrito un buen día, hace muchos años, había pegado y brotaba la fama y el dinero y ahora la cosa había adoptado una seriedad adulta a la que pompitas alonzo era irremediablemente inmune. lolita se acomodó el mechón, sacó un cigarro y dijo con el corazón pesado, sabiendo con quien hablaba "todo lo que hace falta para consolidarse es... otro libro" en los ojos de la mujer se delataba una preocupación justificada, en su movimiento ansioso de pierna había comprensible desesperación. pero por suerte, la mano de lolita sobre la mesa fue tomada por la pegajosa y manchada de pompitas alonzo "perdona mi corazón enloquecido" dijo con los ojos sobrecargados en sentimiento el autor de cuentos como el mañana se llama benita y hola quien habla "no te preocupes por nada". del asqueroso abrigo sacó una bolsa de super, de la bolsa de super sacó un montón de papeles sucios y arrugados con una rajada en medio y del montón de papeles sacó lo que la humanidad había estado esperando desde que un mono se dio cuenta que nada tenia sentido. pompitas, haciéndose el gracioso, ofreció ceremoniosamente el manuscrito y se echó para atrás en la silla sonriendo con extraña confianza. lolita, junto con todos en el café, parpadeaban dudando sus ojos. "120 días de pompdoma" leyó lolita escrito en letra manuscrita súper linda, después levantó la vista, vio al escritor irradiando orgullo. en los bien pintados finos labios apareció una sonrisa de incredulidad "no jodas" y todos en el café irrumpieron en aplauso.

un buen día, hace muchos años, pompitas alonzo todavía dormido a una hora obscena, con la panza de fuera y con moco inflándose con cada ronquido, fue despertado por su pobre madre. "alphonso mauricio!" gritó la señora, "te vas al pueblo con tu abuela!". la abuela se sentía sola y la familia no quería que muriera abandonada. el único desocupado ese verano era el futuro escritor antes alphonso mauricio ahora pompitas alonzo, elegido para ir a hacerle compañía y, de paso, dejar de estorbar. así, esa misma tarde, la mamá, manejando a mil kilómetros por hora, pasándose todos los altos, lo llevó a la central de camiones. "sé bueno" le dijo la mamá a pompitas en las escalones al camión, le dio la bendición a la distancia y allá fue pompitas alonzo, hacia el bosque junto al mar, hacia el pueblo de su abuela, a pasar los meses más importantes de su vida.

CONTINUARÁ.

Saturday, January 24, 2015

9 años de locura y emoción

Eee! Ahh!!

http://www.muerdemeunanalga.co.nr (.blogspot.com) cumple 9 años.

Hurrah!

Estoy de fiesta!

Sí! sí! yippy!

Sigan leyendo y díganle a sus amigos.

Un beso y un guiño

Atte.

A. M. "pompitas" Alonzo

Wednesday, December 10, 2014

La Muerte Se Vuelve Tú

39

“ahhhggg!!” grité y me explotó el corazón. Una papa frita voló por el aire, una lata de bebida energética rodó por ahí. Mi cuerpo gordo y feo le pegó al suelo. Los ojos se me fueron para atrás, espuma salió de mi boca y me convulsioné un poco. Abandonaba el mundo como llegue a él, todo sucio y maloliente. Estaba en camino, se acabó todo, me iba al infierno.

Los paramédicos llegaron haciendo más escándalo del que hacia falta. Se abrieron paso, empujando a la gente que gritaba espantada a mi alrededor. Al descubrir "la vida es abuso" tatuado en mi pecho unos cuantos botones le pegaron en la cara a una secretaria con piel arruinada por tanto maquillaje. Mi cerebro, apagándose, liberó ricos químicos y aluciné que descendía.

Llegué a un bosque denso y oscuro. La duda y el miedo me taclearon, me sostuvieron en el suelo y me agarraron a golpes hasta aturdirme todo. “mierda” dije sentando con las piernas estiradas, “puta” dije al reconocerme muerto, ya aceptándolo todo, nada es como te lo imaginas. Me paré, limpié las palmas en mis pantalones y, sin saber por donde empezar, fui a recorrer el otro mundo.

“maldita sea” dije amargado al ver llegar a mi guía, el chichimeca Ortega, esperaba una celebridad o algo. “chichimeca” le dije al reconocer que las cacheteadas de la desilusión no acaban con la vida “perdóname, pero esperaba un poco más”. el chichimeca me hizo una mueca de odio en extremo afeminada, no muy impresionado con mis fanfarronadas y salimos del bosque.

Llegamos a un edificio gigantesco y se abrieron automáticamente las puertas de vidrio. Nos subimos a una cinta desplazadora como esas que hay en los aeropuertos y cruzamos el lugar con música lenta y pesada sonando siniestra en el fondo. Me quedé parado admirando el lugar con gesto idiota hasta que encontré la cara del chichimeca. Recibí otra mueca desaprobadora y caminamos a paso rápido.

El chichimeca Ortega señaló unas sillas, me apretó la verga, hizo un ruido, me golpeó con una última expresión de desprecio y se fue. Encontré a un señor gordo de bigote leyendo muy contento una revista sobre queso. Vestía shorts beige, chanclas con calcetines grises y camisa color mamey. “que onda” le dije, él me vio sonriente y dijo “estamos muertos”,  le di un “mmmkay…” y fui a explorar.

“Pero... qué es esto?” le pregunté a una negra recargada contra la pared, fumando despreocupada. “y yo qué sé, negro” me dijo y se fue. No le di importancia y seguí inspeccionando la maquina que parecía una de esas cabinas donde te tomas fotos con las amigas. KIOSKO DEL RECUERDO decía entre estrellas y corazones arriba de gente sonriente. entré, me senté y esperé.

yo de niño comiendo helado, viendo el sol, deslumbrado. yo de puberto perdido en el deseo viendo con lujuria a una de mis compañeritas de secundaria. yo de adolescente tambaleándome gritando maldiciones. yo de adulto joven sentando con la mano en los pantalones viendo la tele. yo de adulto adulto viendo la pared con gesto idiota en una oficina rodeado por la quietud de la mañana.

Paseé desanimado entre tiendas de souvenires de la vida, mordisqueando un pretzel que encontré tirado por ahí. Por suerte encontré justo a tiempo justo lo que necesitaba. El bar era de esos que frecuentan sólo señores. De decoración anticuada, sillones de cuero gastado, oscuro, con ningún otro propósito que beber las penas afuera, nada de pretensiones. Sólo hombres rotos y nada más.

Me senté, pedí un porro y un whiskey con un poco de agua mineral. En nada llegó el porro mejor rolado en el que he puesto mis sucios labios y el whiskey, oh dios mío, el whiskey de calidad inigualable! “señor” me dijo una voz en la oscuridad, acercando un encendedor a mi cara. “ah sí, claro” dije, no acostumbrado a tanta atención. Fumé y bebí como si hubiera sido alguien.

Se prendió una luz en un pequeño escenario a unos metros de mí. Un gordita linda y tímida subió, picó unos cuantos botones en su sintetizador, se apagó la luz y se prendió un estrobo. la música empezó, la gordita perdió toda inhibición y empezó a cantar y bailar con tanto sentimiento y gracia que quise terminar de morir para no tener que comparar ese momento con ningún otro.

Enloquecido por las drogas y movido por el talento, me paré y bailé solo frente al escenario. me moví como con la juventud de regreso. por un segundo olvidé donde estaba y por qué y me dejé llevar por el increíble ritmo, asombrosa melodía y angelical voz. la gordita saltó del escenario al reconocer mi habilidad. "oye guapo, que bien bailas" me dijo y bailamos fuera de control.

Salí del bar, empapado en sudor, de excelente humor, de la mano con la gordita. Nos veíamos con cariño y le hacia una caricia cuando sonó mi nombre por el altavoz y “sala 5… sala 5”.  los dos volteamos hacia la bocina y, antes de irme, la gordita me tomó de los cachetes, me advirtió algo con los ojos, algo que no terminé de cachar, algo como la muerte se vuelve quien sabe que.

Toqué una puerta blanca con un 5 dorado. “adelante” gritó alguien desde dentro. Entré y, atrás de un escritorio, en una oficina pequeña, estaba yo pero en forma, bien vestido y peinado, leyendo papeles sobre un folder rojo. “siéntate” me dije a mí mismo, sin despegar la vista de la lectura. "ok" dije curioso y me senté a ver que seguía. "shh!" me dije cansado del ruido por aburrimiento, "sorry".

Acabé de leer y me miré muy amable. "bueno ¿vamos?" me propuse, salimos y me seguí. mi espalda en forma y cabello bien peinado me daban una sensación de terror que me jodía y, sin importar cuanto la ahuyentara, regresaba como mosquito temerario que sabe que los humanos no somos tan rudos. "hombre muerto caminando!" gritó una chaparra mugrienta parada dentro de un basurero.

Entramos a un cuarto con paredes negras y con una silla como de peluquería en medio. "siéntate" me dije y, chiflando, me amarré de buen humor a la silla. Nada de ceremonia, nada de explicaciones. Parecía me alistaban para un cohete sin destino. Me encaré sonriente, "listo?" me pregunté, yo no dije nada, sólo veía todo con horror creciente. Desaparecí y ahí me quedé amarrado. 3... 2... 1...

Las paredes negras se volvieron mi vida en cámara rápida que terminó antes de que pudiera contemplar, le di una mueca y en nada ya era colores y sensaciones sin sentido. se oyó un ruido monótono. olió a ropa recién lavada. en mi boca el sabor a chicle que llevaba años masticando. sentí cosquillas por todos lados. un "piiii!". todo desapareció y floté inexpresivo sobre blancura infinita.

Los químicos se acababan. No más romance, no más nostalgia. Los recuerdos borrosos de una vida en desorden desaparecieron uno a uno. El fin de la personalidad. Mi mente era un súper nintendo al que le sacaron el cassette sin apagarlo. Antes de que la oscuridad lo invadiera todo, hubo oportunidad de una última opinión "la muerte se vuelve tú" dije porque sí, cerré los ojos y llegó la nada.

INSPIRADO POR LA MÚSICA DE SUN O)))