Tuesday, August 26, 2014

Pequeñas Maldiciones

35

arnoldo, despeinado, desarreglado y ojeroso, aventó por ahí una maleta vieja, cuadrada y café, se sentó en la cama de su niñez y con un suspiró reconoció la avasalladora resignación. escuchó un instante el silencio del ahora extraño departamento de su padre y recibió las cachetaditas acostumbradas que da la soledad cuando es recordada súbitamente. arnoldo se echó, puso las manos atrás de su cabeza y vio el techo blanco que lo había recibido cada mañana de infancia y adolescencia, hasta que se quedó dormido. tuvo el mismo sueño de siempre; en un cuarto oscuro con sólo una luz cayendo pesada sobre la mesa metálica que lo separaba de tres misteriosos hombres en saco negro y lentes oscuros, arnoldo era sometido a un peculiar interrogatorio. sentando del otro lado del escritorio, uno de los tipos lo interrogaba, balbuceando rápidamente, no se entendía lo que decía; el segundo estaba parado atrás, cerca del primero, viendo a Arnoldo inexpresivo en silencio; el tercero estaba recargado contra la pared, fumando, apenas visible, perdido en la oscuridad. el interrogatorio incrementaba en volumen y velocidad, pero el modo del interrogador no cambiaba; arnoldo, confundido y nervioso, pasaba su vista de un hombre a otro, contestando que no sabía de que hablaba, buscando, desesperado, las respuestas a la preguntas que no entendía. hacía mucho calor y arnoldo, a diferencia de los frescos sujetos, estaba empapado en sudor. sin aviso alguno, los hombres empezaron a flotar, las paredes se separaron y una luz cegadora lo cubrió todo; las paredes desaparecieron y los desconocidos, con la cara hacia arriba y los brazos extendidos, flotaron hacia la fuente de la luz; arnoldo, sentado todavía, más confundido que de costumbre, veía la escena deslumbrado, tratando de hacer sentido sin nada de éxito. entonces despertaba sobresaltado. era de noche ya y la panza rugía un escándalo. fue a su cocina y se hizo unas tristes quesadillas con queso endurecido y tortillas viejas deshaciéndose.

tenía cita con el doctor. recorrió lentamente los pasillos del hospital psiquiátrico escabrosamente vacío y en absoluto silencio. nadie por ningún lado. al final de un pasillo, al dar vuelta, encontró una puerta imponente, con diseños hermosamente tallados del mito de Prometo. la humanidad celebrando el fuego de los dioses mientras unos cuervos se comían y se volvían a comer el hígado de un gigante. un placa dorada a un lado "dr. gonzalez" se leía. arnoldo caminó como atraído, contra su voluntad, sentía flotaba. camino a la puerta, a un lado del pasillo, había una ventana hacia una sala de juntas; staff del hospital, unas 20 personas, sentadas o paradas, alrededor de una mesa con ceniceros atestados, miraban la nada con expresión de absoluto cansancio, todos estoicos, pero se podía percibir que habían vivido algo horrible, fumaban incontables cigarrillos. un viejo flaco y alto, en bata arremangada, viendo hacia adelante, con ojos desbordantes de emoción, tocaba, inspirado, la guitarra acústica y cantaba, acompañado por cada uno de los presentes, una canción triste sobre mejores tiempos y recordaba que tenían que hacer lo mejor que podían porque no tenían de otra. arnoldo se quedó viendo la escena conmovido por el sentimiento; en los mares del espíritu se hizo una tormenta, las olas del corazón se estrellaron violentas y las nubes del alma se deshicieron a chorros; recordó que no sabía nada de nada, el mundo empezó a girar, hubo el reinicio mental causado por la salvación de la autoestima, los ojos perdieron su brillo un segundo, el gesto se tornó idiota y, parado frente a la ventana, con el staff del hospital cantando todavía como soldados en trincheras, arnoldo despertó, el brillo regresó, vio por última vez más el interior de la sala, atesoró el momento y continuó hacia la puerta.

el doctor gonzalez, con la lengua salida y pegada hacia el lado izquierdo del labio superior, armaba un modelo de una nave espacial. pegaba con cuidado y con cada parte pegada decía una y otra vez "oh sí, oh sí, así me gusta, sí, sí". la oficina era gigantesca, toda de madera, con una ventana enorme detrás del escritorio, las cortinas color vino cerradas. una luz cálida y acogedora iluminaba placenteramente el lugar. el escritorio elegante y pesado de madera fina, donde estaba sentando el ocupado doctor, se encontraba al extremo opuesto de la oficina. una sala a la izquierda y cuadros y libreros en las paredes y tapetes exóticos en el suelo. arnoldo tocó la puerta, el doctor abstraído no escuchó nada más que los latidos de su corazón. arnoldo volvió a tocar y sin recibir respuesta, temiendo al doctor muerto, abrió la puerta tímidamente y asomó la cabeza. el doctor pegaba ágilmente una parte más "sí, sí, sí" se escuchaba seguido de eco. "doctor?" dijo quedamente arnoldo y, al notarse ignorado, se fue acercando poco a poco al escritorio que estaba a unos buenos metros. "doctor?" repitió el joven ahora un poco más fuerte, el doctor seguía perdido en la concentración necesaria para armar un modelo no fácil. arnoldo ya estaba muy cerca del escritorio y, contagiado por la intensa dedicación del hombre de medicina, fue hipnotizado por el esfuerzo asombroso. se sentó a ver como eran pegadas las piezas hasta que por fin la tarea fue terminada. el doctor se alejó complacido, viendo su modelo, felicitándose a sí mismo y dándose mentales palmaditas en la espalda notó la presencia de arnoldo, admirando, sentando en uno de los sillones de cuero negro del otro lado de su escritorio con sólo un teléfono, un papel, una pluma y una nave espacial encima.  "arnoldo" susurró el doctor y se le quedó viendo, extrañado. arnoldo encontró la mirada del doctor y se quedaron viendo, tratando de recordar que hacían ahí. "ah sí" dijo de repente el doctor, "tenemos una cita" y sonrió sintiendo tantita pena; arnoldo recordó también, regresó la sonrisa y se acomodó en el sillón. de un segundo a otro, el doctor adoptó su usual actitud profesional y se inclinó sobre su escritorio, juntando las manos, entrelazando los dedos, viendo con interés al ojeroso, despeinado y desarreglado joven. "dime, arnoldo" dijo el doctor "en que te puedo ayudar?" arnoldo bajó la mirada hacia a un lado con los ojos muy abiertos, sacó los labios besando al aire y buscó con cuidado las palabras que describieran su mal. había pensando tanto al respecto, pero ahora, a la hora de la hora, cuando su futuro estaba en juego, tenía que describir su padecimiento lo mejor posible para así poder deshacerse de él. en una milésima repasó su síntomas; era muy afortunado y en general todo iba bien; estaba sano, joven y fuerte, no le faltaba nada, medio gordo y medio feo, pero una vida de eso lo tenía más que acostumbrado; la cosa era que cuando todo estaba listo para ser 100% perfecto, todo se jodía para no acabar ideal, siempre medalla de plata; eso más la imposibilidad de poder quejarse a gusto por lo diminuto y por eso, al mismo tiempo, grave de su problema no aplicable a la simpatía de sus congéneres que bien podían ser extraterrestres, lo empujaba hacia el colapso nervioso y la acumulación de manías y la cada vez más irremediable alienación. pasaron segundos de absoluto silencio. por fin, miró al doctor, quien esperaba paciente, y viéndolo a los ojos, sintiéndose igual partes ridículo y con derecho, con el suspenso a todo lo que daba, ansioso de tantita comprensión, dijo con la voz entrecortada "pequeñas maldiciones".

Wednesday, July 23, 2014

Las Nieves De Don Jacinto

34

estaba sentado sobre una roca en mi jardín delantero, cubierto todo por pequeñas gotas de sudor, quemándome en el sol, soplando besos a las guapas güeras que pasaban en short shorts, viendo el cielo, deslumbrado, con ojos entrecerrados, drogado fuera de mí, sacando una humareda, sintiendo al verano descender sobre mi linda barriga y pequeñas tetas de hombre, con antojo salvaje de algo frío y dulce, esperando a que pasara don jacinto con sus deliciosas nieves que simplemente me volvían loco.

"don jacinto!" grité de rodillas sobre el pasto, "don jacintoooo! aghhh" grité, golpeé el suelo y maté algunas hormigas. desesperado por la espera, con el espíritu agitado, con el ánimo perturbado, canté, con los ademanes correspondientes y los ojos cerrados. le canté a la lenta progresión del tiempo, pero sobre todo a don jacinto, exigiendo que se apurara, confesando que no podía más. al percatarme de las burlas de mis vecinos, regresé a mi roca con el corazón apaleado y clavé la vista cargada de tristeza en el principio de mi calle. miraba hacia la distancia, loco por el suspenso, con los ojos tan abiertos que la retina me quedó tantito bronceada. traté de distraerme, pero la obsesión había hecho de mí una miserable víctima.

siempre que se iba, temía que nunca regresara. don jacinto y yo nos esforzábamos por caernos bien, se veía que perezosamente le echábamos ganas por ser amigos, yo amaba sus nieves y él amaba mi dinero, pero nada más no conectábamos. yo no soy muy agradable en general y menos ansioso y emocionado y él estaba acostumbrado al trámite rápido de la convivencia regular, decir sus lineas e irse, pero, siempre, sin falta, al tratar de hacerme el gracioso, de caerle bien, lo terminaba molestando o insultando y esos momentos incomodos, resultado de forzar una amistad entre dos tan diferentes unidos única y exclusivamente por nieve, tarde o temprano se volverían insoportables. no me mentía y sabía que el adiós estaba siempre cerca, se leía claro en sus ojos, y al verlo alejarse empujando su carrito, con un cono en la mano y la boca manchada, me invadía el miedo de nunca volverlo a ver.

anochecía. don jacinto no pasaría y estaba seguro que nunca volvería a pasar. "adiós, don jacinto" dije al desembonar mi raya de la protuberancia en la roca. con ganas de llorar, caminé de regreso a mi casa, sintiendo el dolor de la perdida y los piquetes de los mosquitos. la única persona que últimamente me había importado se había ido para siempre y era hora de lidiar. "nieves de don jacinto no más" dije, sentando en un sillón azul de tres lugares frente a una tele enorme, con el cabello alborotado por el aire acondicionado a toda potencia. levanté a mi gato Junior, puse su cara a la altura de la mía; junior me miraba con ojos indiferentes, delataban su despreocupación por mí. nos quedamos así, viéndonos, hasta que salió corriendo espantando al ver mi cara deformarse, pasó de linda y coloreada a una mueca espantosa de horror. la conciencia plena de la funesta situación me jodía. por suerte, acostumbrado a mis ataques, recordé antes de hacer más tonterías, mi usual tendencia por la exageración, hice una cara por la vergüenza de ser tan azotado y el aroma del asado de mi tía marta terminó por cortar este cáncer de mi alma. me atasqué de comida y, echado hacia atrás con la barriga salida, vi a junior contemplando su existencia. "junior" le dije, él me miró "creo que estaremos bien después de todo" "miau" dijo junior, pensando que yo tenía corazón de piedra.

salí a la noche, solemne y pensativo, semidesnudo y asoleado, crucé el jardín todavía con un poco de antojo de nieve doliendo en el alma, con un porro quemándose dulcemente en mi boca y me senté en la roca, serio, perdido en la introspección, a ver el cielo estrellado, a sentir la brisa cálida del verano, a esperar sin mucha esperanza haber aprendido algo de toda esta desastrosa experiencia.

Monday, June 30, 2014

Chirpy Chirpy Cheep Cheep

33

miriam hurgaba su nariz, aburrida, vestida con bata y pantuflas, viendo un programa en la tele donde grupos musicales hacían lip sync de sus canciones de moda, canciones que, al ritmo de, las niñas de la edad de miriam ahora mismo, en el club, movían sus traseros y agitaban sus brazos, gritando dominadas por el sentimiento. miriam embarró su moco en la pantalla, pateó la televisión, la cual, al pegarle al suelo, sacó un poquito de humo e hizo un ruido triste, y se paró a ver por la ventana. el bosque y la niebla. miriam estaba internada en un centro de rehabilitación porque era adicta a una droga del futuro conocida como chirpy chirpy cheep cheep la cual te tiraba al suelo y te ponía a sentir terrible felicidad y ricura hasta que te hacia perder el conocimiento para, al día siguiente, no sentir más que inmediata necesidad de consumir más, ah y además de que te ponía hacer chirpy chirpy cheep cheep. pero si le hubieran preguntado a miriam cual, miriam, cual realmente era tu verdadera adicción, ella les hubiera contestado una vez, ahora ya no, ahora se lo guardaba todo, ahora sabía que revelarle al mundo los contenidos del alma sólo empeoraba las cosas, que, con los ojos hinchados, con el puño en el pecho, con la voz cortada, era adicta a pepe luis garcia.

una mañana, miriam estaba comiendo unas mediocres enfrijoladas, sola, en el antecomedor de su típica casa clase media. de repente, un dolor intenso y placentero la tiró de su silla. "pero qué es esto?!" gritó en el suelo retorciéndose, sacando espuma de la boca, con los ojos en blanco. durante el ataque la imagen de la cara cachetona y sonrojada de su amigo pepe luis apareció en su mente. "oh no" miriam sabía lo que le pasaba, había oído suficiente música pop para diagnosticar su mal, para predecir lo que se avecinaba, para darse cuenta que los días de verbena habían acabado, su corazón había hecho golpe de estado y era ahora el estúpido dictador de su cuerpo y mente. "pepe luis" susurró miriam en el suelo, viendo fijamente el techo, con la cara colorada, apenas respirando, con pequeñas convulsiones todavía moviendo una que otra extremidad. después de recobrar el control se fue a sentar a su sala, en silencio, rodeada de la quietud de las nueve a.m. y se puso a pensar, a mecerse progresivamente más rápido, a planear duro, a diseñar la revolución contra ella misma porque ella era una mujer moderna e independiente y había visto lo que el amor le había hecho a sus compañeritas y sobre todo a su mejor amiga carmela que en paz descanse. ella no iba a caer sin luchar, iba a tomar a la vida por el cuello de la playera y le iba a decir "jodete, vida". pero, al mismo tiempo, mientras comparaba precios de ak 47's para rebelarse como dios manda, supo, gracias a todas esas canciones sobre amor/desamor, que no había salvación, la caída era inminente y pepe luis garcia iba a ser su destino oscuro. fue al cuarto de música, se sentó frente su batería y, triste y vencida, se puso a tocar un ritmo lento, pero pesado.

pasaron los años y miriam, llevada por influencia del alcohol, le confesó su amor a pepe luis garcia un millón de veces. despertaba a la mañana siguiente y al acordarse de lo que había hecho se sentía peor que un perro. "no! no! no!" gritaba al ver su celular con mensajes como "te quiero" y "se mío". miriam estaba más que apenada, tenía la dignidad en la basura, el respeto a sí misma era cosa del pasado y lo peor de todo era que pepe luis garcia era mucho más atractivo que ella y sólo le decía con una mueca de ternura y con gracia en los ojos "no, miriam, sólo amigos... sólo amigos" y miriam le gritaba, señalándolo, dejándose llevar en la borrachera "tú qué sabes de la amistad, pepe luis garcia, tú qué sabes de cualquier cosa" y miriam iba a sentarse desesperada e impotente a un tronco en su jardín a llorar toda la noche. olviden el rechazo, era el golpe al orgullo lo que jodía a la pobre mujer. no había escapatoria. trató de dejar de tomar y, al lograrlo, más o menos olvidó a pepe luis pero entonces la vida se volvió insoportablemente aburrida y aveces se encontraba a sí misma viendo sus brazos, imaginando sus venas abiertas chorreando sangre. después de una semana se dijo viéndose al espejo que pepe luis no valía tanto la pena y regresó a los dulces besos de la botella y volvió a equivocarse y a humillarse y a hacer tonterías. "estoy maldita" se tatuó en un brazo y "vida la muerte" en el otro. no podía más y planeó matar a pepe luis, pero no tenía la imaginación para salirse con la suya y abandonó la idea del homicidio. estaba hartada de todo, más que nada porque lo suyo era dibujar y desde esa mañana de enfrijoladas sólo dibujaba sobre el imbécil de pepe luis, cosa que odiaba más que nada.

en la cafetería donde se juntaban los jovencitos de su colonia a tomar malteadas y platicar chisme, mordiéndose las uñas, nerviosa, con un sandwich intacto en frente, miriam investigaba en internet opciones de escape. a lo mejor podía ser marinera, suponía que el mar podía ayudarla a olvidar a ese quien la atormentaba. estaba ya inscribiéndose en un barco japonés que mataba no sólo ballenas sino todo tipo de cosas cuando entró sin ser vista su amiga mercedes con un frasquito con pequeñas píldoras y le susurró en el oído "ya me enteré que estás en dolor, mi miriam, ya me enteré que quieres medicina" miriam volteó lentamente, subió la vista, encontró los ojos rojos y vacíos de su amiga perdida y, reconociendo que el chisme corre como la luz, movió la cabeza de arriba a abajo "sí, sí, sí" intentó decir, pero sólo sacó un casi inaudible chillido. mercedes, ágil y rápida, se sentó del otro lado de la mesa y le enseñó el frasco agitándolo "40 peso" dijo. miriam bajó la cabeza y con los ojos muy abiertos viendo la nada y los labios salidos besando el aire, puso en una balanza la actual adición vs la futura. "de acuerdo" dijo al ver pasar a pepe luis a la distancia, robándole, sin ningún tipo de consideración, el aliento. sacó un billete y lo puso en la mesa, "venga de hay" dijo, tomó el frasco y se fue corriendo graciosamente a su casa. miriam entró a su lindo y acogedor hogar de un salto del tigre, rompiendo una ventana. la mujer del aseo benita le gritó, viéndola subir las escaleras toda ensangrentada y cubierta de vidrios, "oh que para eso es la puerta". miriam se sentó en su cama, ya completamente limpia y linda, respirando con trabajo, viendo el frasco en su palma, con la voz de su papá en su cabeza diciendo "las drogas son para la diversión, miriam, no son una solución, es un manto que tapa el problema, pero si quitas el manto, ahí va a seguir el problema, miriam, soluciona tus problemas, no escapes de ellos, miriam" y ella se asomaba al precipicio de la adicción con los ojos muy abiertos, enseñando los dientes apretados, y se decía, sin ver el fondo, abandonando la razón, que no era tan profundo como se lo había imaginado. "allá voy" dijo y se dejó caer hacia la perdición. tomó unas 8 píldoras y sintió, sonriendo, como prófugo siente la primera brisa de la libertad, el aire dulce de la caída. ese fue el primer paso en este camino a la ruina.

miriam, enloquecida y con la mafia tras de ella, estaba tirada boca bajo en su cuarto, con la cara metida en una alberca inflable llena hasta el tope en droga, tragando píldora tras píldora, alucinando, haciendo chirpy chirpy cheep cheep una y otra vez, libre del dolor, sintiéndose mejor que nunca, viendo desde la altura su obsesión por pepe luis por quien no sentía más que lo que siente un ganador por su competidor vencido. ahora cuando miriam lo veía de vez en cuando, reía, burlándose de ella misma, no pudiendo creer que aquel cachetón la hizo pasar tanta vergüenza, reía viendo a pepe luis a los ojos, incomodando a todos su alrededor y entonces miriam bailaba, moviendo los dedos indices, flaca y ojerosa, soltando dementes carcajadas, alterada por la droga. mientras tanto la tolerancia crecía, la necesidad de cada vez más aumentaba, el consumo salía de control y un martes o un jueves tal vez, la distraída vida le pegó a los frenos de los buenos tiempos y todo se detuvo. a miriam le explotó una parte importante del cerebro y cayó medio muerta durante un importante juego de ping pong. "válgame el cielo!" gritó una muchacha que no sospechaba nada sobre nada y llevaron a miriam al hospital. "es una drogadicta" dijeron los doctores burlándose de papá miriam y mamá miriam. "pero..." dijo miriam, sobreviviendo ilesa sólo por jovencita, dándose cuenta que no era más que una miserable dependiente, sentada en la cama de hospital, con tubos saliendo de ella y con sus papás moviendo la cabeza de derecha a izquierda, viéndola decepcionados. "a rehabilitación" le dijo su papá señalando con el pulgar, pegando y separando el antebrazo de la otra parte del brazo que no es el antebrazo, la puerta. y allá fue miriam, a perderse en la densidad del bosque, maldiciendo a pepe luis, a tratar de olvidar y seguir con su sucia maldita vida.

Friday, May 16, 2014

adiós, linduras, hasta nunca

32

lo había olvidado casi todo, estaba limpio y listo para continuar. miré al cielo y luego hacia adelante, de un segundo a otro el historial de la exploración existencial había sido borrado. dónde está la depresión, dónde está la amargura? parecen nunca haber estado, parece que después de revolcarme durante años en mierda ahora me había dado el más cuidadoso y obsesivo regaderazo. adiós, hasta nunca.

perdido en la pendejez del momento, en el déspota control del instante, escribía un cuento corto titulado "el hospicio del alma, el funeral del corazón" por supuesto todo robado de todos lados. llevaba encarcelado casi 10 años y el tiempo ya no importaba; el segundo y el minuto, el año y la década habían perdido todo su significado. "llevas aquí toda la vida" me decía alguno, yo levantaba los hombros, sacaba el labio, qué más da. "he ganado perdiendo" escribía en mi cuento que jamás nadie leería y miraba mi papel y sentía la sangre acumularse en mis dedos y mi corrector de ortografía instalado en mi cerebro sonaba y fui interrumpido. alguien tocaba la puerta de mi celda. "estás libre, puedes irte, se ha acabado" así no más, de un segundo a otro podía volver al mundo real, yo tan acostumbrado a estar preso, hice lo de los hombros, hice lo del labio, levanté las palmas hacia el cielo y salí con miles de pequeñas hojas forma francesa arrugadas de regreso a ustedes, de regreso a los mini supers, de regreso a matar el tiempo y sentir culpa al respecto. era libre.

caminaba con el mayor estilo que mi cuerpo me permitía, haciendo sonar los barrotes con mis dedos. caminé erguido, tan orgulloso como un estúpido loco idiota puede estarlo y de repente, porque sí, me paré y miré hacia adentro de una celda al azar. me encontré a mí mismo, temblando en el suelo, en los ojos la misma desesperación y confusión que sentí al llegar. uno pensaría que lástima sería lo apropiado, pero que se joda la lástima, la educación está por comenzar, la madurez más dura y merecida apunta y el entrenamiento para utilizar la inercia de la caída está en orden. toqué los barrotes y regresó el vacío de entonces, lo sentí todo otra vez como un traicionero puñetazo en la barriga. el remolino del recuerdo amenazaba con tragarme, pero me salvé a mí mismo como lo había hecho un millón de veces, dije un verso elegante y triunfalmente apropiado, producto de la más disciplinada práctica. reconocí, me deseé suerte y seguí adelante.

antes de bajar a la libertad me detuve unos segundos, frente a la escalera, tenía que decir algo después de años de tonterías, tenía que haber ceremonia, por dios santo. me paré y miré hacia adelante cediendo el control al sentimiento, seguro de que en mí había algo. levanté el puño y las lagrimas bajaron, los miré, la evolución de la mirada de todos estos años y grité, tal vez como el cobarde que siempre he sido, tal vez demostrado la falta de elocuencia, lo que sea maldita sea esta es mi vida y a la única persona a la que le debo una disculpa es mí mismo: "ADIÓS!" grité enloquecido, escupiendo, moviendo locuazmente la cabeza y los brazos. ha terminado. "ADIÓS!" se cerraron mis puños y mis sudor voló y mis venas salieron y de una milésima a otra estaba sereno, consciente de todo, con las promesas sonando y miré decidido, valiente, lleno de coraje. a la mierda el mundo, a la mierda el futuro, a la mierda la vida. estoy listo. "adiós, linduras, hasta nunca".

A LAS MILES DE REINAS

Tuesday, April 08, 2014

para nunca regresar

31

tomé mis cosas y fui a la plataforma interestelar. hace tiempo no tenía nada que hacer y paseando por ahí encontré un panfleto que me invitaba a salir de la tierra. la cosa era que no se podía regresar, una vez en la misión el suicidio era la única manera de renunciar, parecía algo diseñado específicamente para mí. leí por ahí que la gente normalmente se aventaba al espacio y le explotaban los adentros, dura manera de morir. la tarea era ir de planeta en planeta, en una especie de informal investigación sociológica, a investigar la forma de vida de las criaturas en el universo, se aprendía lo que se podía y luego se seguía adelante, al siguiente planeta. sonaba bien y firmé. pasaron los días y se me olvidó que me había inscrito en la aventura espacial. me llegó una carta un día, decía "prepárate" tenía una semana para el comienzo del entrenamiento. "está bien" dije y me fui de fiesta. desperté en un vado 6 días después, pasé el último en la regadera. tomé mis cosas y fui a la plataforma interestelar.

me amarraron a un cohete junto a otros 9 tipos y me lanzaron al espacio. mis compañeros de misión eran tremenda colección de ñoños y raros, nadie adaptado quiere irse para nunca regresar. apenas hablábamos, no teníamos nada que decirnos. las mujeres estaban prohibidas en la expedición porque los hombres fácilmente se rendían ante el deseo y el drama empezaba. muerte, sexo, destrucción y todo se iba a la basura. yo extrañaba ver muchachas, pero más allá de eso me tenía sin cuidado, no tengo la personalidad para enamorar. el entrenamiento fue un paseo por el parque, cuando no tengo distracciones puedo hacer lo que sea. aprendí ruso y me pusieron en la mejor condición física posible. salía a correr y primero me aburría antes de cansarme. "genial" dije y acabé hasta arriba de la lista de desempeño. en un año estaba listo para abandonar el planeta que me vio convertirme en un sucio inadaptado con salir sin regreso como única opción. un martes por la tarde todo estaba estaba listo. un sacerdote fue a darme la bendición, le escupí en la cara y le dije "basura". me amarraron a un cohete junto a otros 9 tipos y me lanzaron al espacio.

así pasó el tiempo y la aventura continuaba. el ambiente en la nave era uno pesado. en menos de año y medio 5 tripulantes ya se habían suicidado. un domingo según la computadora, nos reunimos en la única ventana de la nave y vimos a faustino flotar hacia la nada, "hacia el olvido!" gritó german, "al demonio" dije antes de desayunar deliciosos huevos con jamón. nuestros compañeros se suicidaban, yo suponía tirado en mi camastro, con las manos bajo la cabeza, viendo el techo, porque la misión probó ser más difícil de lo pensando. al parecer los terrestres no son queridos en ningún lado, nuestros vicios en la personalidad son incomprendidos en todos los rincones del cosmos. somos los hijos de puta más odiados en esta y muchas otras galaxias. "mierda" decía al ser discriminado y buscaba la droga de moda del lugar. cuando estoy todo drogado soy muy simpático y poco a poco fui ganando una fama de ser buen tipo y mi ojetez resultó no ser tanto mi culpa, es la tierra la que debe ser señalada cuando tiro basura, mastico chicle ruidosamente o consumo más de lo necesario. yo estaba de acuerdo con la renuncia a la responsabilidad y me gustaba llegar a un nuevo mundo, hacer peligrosa cantidad de droga y no ser tratado con amenazas e insultos. mis compañeros se alegraban de mi popularidad, nos costaba menos hacer nuestro trabajo. contentos íbamos de planeta en planeta juntando información. así pasó el tiempo y la aventura continuaba.

miré mi reflejo en la ventana y me quedé viendo las lágrimas congeladas. en un punto de la misión, si me hubieran preguntando hubiera contestado sarcásticamente "no, no creo que los buenos tiempo duren para siempre... estúpido" y lo hubiera creído también. no había nada que se interpusiera en nuestro camino. los suicidios se habían detenido por completo y los planetas visitados nos recibían cada vez mejor. y de pronto, de la nada, como un balazo perdido cruzando la eternidad sólo para darme en medio de las cejas, llegamos al borde de una galaxia cuyo nombre no puedo pronunciar ni escribir tampoco. aterrizamos en un planeta bello, pasto verde, cielo azul etc y mujeres guapas por doquier. bajamos y echamos un vistazo, el protocolo era descuidadamente seguido y buscamos eso que me hiciera ganarme a la población. ya estaba contra la pared balbuceando carisma y encanto cuando la vi ahí parada sonriendo con los ojos brillando, irrumpiendo en mi alma, prometiendo obsesión, graffiteando en mi corazón su nombre y mis genitales, después de mucho tiempo de permanecer aletargados, rugieron furiosos buscando satisfacción y acabé completa y absolutamente enamorado. caí al suelo y me retorcí quejándome, maldiciendo al destino "todo está acabado" le dije a julian "he aquí mi fin" y fui tras ella. por supuesto, como asqueroso y miserable terrícola que soy, fui rechazo. en ese planeta perdí la dignidad y el respeto hacia mí mismo. hice cosas que jamás haría y todo para nada, ni un centímetro ganado, pura derrota. sonó la alarma en nuestros relojes que marcaban la hora de partida. fui a despedirme de ella y la encontré abrazada con uno de su especie. me sentí como un perro y, colorado y vencido, cantando canciones de desamor, ayudado por mis compañeros de tripulación, subí a la nave sin mirar atrás. nos elevamos y salimos del planeta. una ruina de hombre con la mirada fija en la nada. y así flotábamos casualmente por la oscuridad, mis compañeros me miraban con lástima, "para nunca regresar" me cantó alberto. todos, incluyéndome, sabían lo que iba a pasar, no prologué más lo inevitable y sin ceremonia salí al espacio. miré mi reflejo en la ventana y me quedé viendo las lágrimas congeladas.

Monday, March 31, 2014

vida burguesa: el desmadre

30

la miré a los ojos, me miré reflejado en sus pupilas, vi como me transformaba y desaparecí y fui sustituido por miedo y ruptura de corazón. lo había vuelto a hacer y esa verdad combinada con ser proclive a hacer tonterías, explotó y todo a mi alrededor salió volando y empecé a equivocarme, cada paso que daba era uno en falso. empezó el festival de las malas decisiones. otra verdad con la cual lidiar, otro problema que resolver, maldita sea, a correr sobre hielo. con el mundo girando descontrolado, con las manos temblorosas, abrí lo mejor que pude mi caja mental de herramientas que normalmente no está tan mal equipada, que normalmente me saca ileso, pero el tobogán de cagada no estaba listo para acabar y las malas noticias apenas empezaban. en lugar de arreglar, empecé a aventarle llaves y martillos y clavos y yo que sé al problema. la chispeada de mierda empezó a arreciar y me empapaba de lo que sólo puedo pensar era porquería invencible e inodora porque quienes me rodeaban, pero ellos que se jodan… ella nada más no entendía porque me comportaba como lo hacía y porque decía las cosas que decía y no es como si yo supiera mejor. pero lo último que soy es derrotista y supuse que había algo que salvar, supuse que tenía alguna prerrogativa, que a mí se me perdonaban cosas que a nadie más. traté de reagruparme, no iba a darme por vencido, y me lancé hacia adelante "hay que salvar lo que se pueda, reconstruir lo que se deshace en mis manos, recuperar el diminuto, pero súper valioso territorio que había perdido" era la orden primordial, tenía que escapar del deslave de la realidad que me caía encima, pero las cosas sólo empeoraban. 

me disculpé, traté de decir que lo sentía, que soy un tonto y que no había necesidad de que se fuera, que olvidara el romance, arriba la amistad y que podríamos olvidarlo todo y seguir tan bien como hasta entonces, que yo soy como todo el mundo y si me daba un segundo podía explicar, podía hacer las cosas mejores y, al parecer, lo dije en forma de algo imperdonable, algo increíblemente ofensivo, la boca se me había salido de control y lo que yo pensé chistes eran en realidad insultos y lo que yo pensé excusas, mentiras, pretextos eran vulgaridades, burlas, obscenidades y al final había revelado las desagradables cartas o mis asquerosos planes instintivos de lo que quería hacer con ella y las caras de confusión se volvieron de indignación y llegó por fin la confirmación de que ya no había vuelta atrás, todo estaba perdido. pero no había tiempo para lamentarse por mi pobre elección de palabras, era hora de atacar, pensé por alguna razón, era hora de cambiar la estrategia y decirle que se fuera a la mierda, que a mí no me importaba nada, que era una estúpida y que todos son un montón de hijos de puta como sea y acabé en la calle, sintiéndome como el peor boxeador de la historia después de mil rounds. regresé a mi casa, listo para volver a empezar, listo para perdonármelo todo, listo para no volver a saber de ella.

A KENDRICK LAMAR

Friday, February 28, 2014

vida burguesa: el despilfarro

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la verdadera emoción, el verdadero entretenimiento, la palanca que libera la adrenalina es ir sobre la banda lenta de la vida, paciente, despilfarrando, sentando cómodamente, gastándolo todo, ignorando al futuro que agita aveces un cuchillo muy cerca de tu cara o aveces un par de tetas que te invitan a tomarlas, adentrándose poco a poco en la neblina del mañana, viendo de reojo lo que pasa alrededor, con la vista puesta en el cielo con una mueca, viéndolo cambiar de día a noche y de noche a día y así, con paciencia, despilfarrando, con el corazón vuelto loco, agitando un látigo, dominando al instinto que ruge furioso, despilfarrándolo todo; vida, tiempo, dinero, oportunidad, personas.

estaba sentado en una banca en un parque en algún lado. chiflaba contento con el talón sobre la rodilla, viendo a la gente pasar, con la palma llevando el ritmo en el respaldo de la banca. me sentía bien, estaba de muy buen humor, tenía la barriga llena y el corazón satisfecho, no había queja alguna y todo iba de maravilla, las cosas no podrían estar mejores. me paré de pronto y paseé por el parque, sintiendo, con los ojos cerrados y los brazos extendidos, la dulce brisa, detenido sólo por la vergüenza profundamente programada a dar vueltas, vulnerable ante las caricias del viento, aspirando graciosamente, imaginando mi copete bailando fuera de control al ritmo del aire. hacía muy bonito día, la luz se filtraba por las ramas de los árboles, iluminando estupendamente el paseo. el pasto verde, pajarillos por ahí y por allá gritando quien sabe que cosa, muchachas guapas de repente y gente amable deseándome un buen día. la placidez que corría libre por mi espíritu sólo aumentaba y el mundo, en esos momentos, se pintó todo de rosa. pero, antes de obligarme a mí mismo a reconocer lo bien que me la estaba pasando para luego, en esos tiempos oscuros, recordar que no todo siempre ha sido una mierda, me aburrí y, como hijo del siglo, automáticamente apareció en mi mente el cheque que me acababa de llegar y el antojo cerdo de gastarlo. "pero..." me pregunté a mí mismo parado a la mitad del parque con un dedo en el labio inferior, las pupilas hacia arriba y a la izquierda, en una pose muy coqueta "¿qué quiero? ¿qué necesito?" todo lo que quería lo tenía y la idea de consumir era terriblemente absurda. me sonrojé un poco por mi increíble suerte, soy tipo muy afortunado y no hay nada que quiera. vencido, me dejé caer en otra banca. vi el suelo como quien recibe terribles noticias, no podía ser que no necesitara nada, el dinero en mi bolsillo me quemaba el muslo y me resultaba repulsivo. "no!" grité asustando a un par de viejitas que hablaban sobre revolución, "no! no! no!" grité golpeando con mis pies el suelo, para entonces ya había saltado de la banca, "debo querer algo" y en mi mente, como abogado que descubre el argumento que gana el caso, apareció el despilfarro y en mi cabeza explotó la alegría y grité fuera de mí, señalando el cadáver de dios, "al centro comercial... al centro comercial que puedo gastar... puedo gastar en pendejadas!".

corrí afeminadamente hacia el centro comercial más cercano y paseé por las tiendas viendo porquerías inútiles que sólo un completo idiota querría. una lancha, una grabadora, unos manteles olor a plátano, para hacer el cuento corto, un sin fin de basura. sentí el freno en mi mente y el ruego a detenerme, lo sensato en mí me invitaba a escapar, pero reconocer que me jodía sólo aumentó la emoción a gastar excesivamente, innecesariamente, era justo lo que merecía. el sufrimiento al que me sometía le subía al fuego del entusiasmo y, parado en el borde del precipicio sin fin del desperfecto psicológico, me dejé caer. era hora de sentir de verdad, era hora de gastar y secretar una pus asquerosa y maloliente y bañarme en ella, enloquecido y ciego por el aturdimiento de la disociación, hundiéndome en la arena movediza que es la desesperación absoluta del aburrimiento irremediable. tras una serie de llaves a mi pequeña e inofensiva fuerza voluntad, con la cabeza dando vueltas, una felicidad artificial venció la última defensa que mi sentido común en ruinas ofrecía a la marcha imparable de la idiotez autodestructiva. empapado en sudor y temblando, dándome puñetazos en la panza para evitar que se me ocurriera salir corriendo a incorporarme de regreso a la cordura, llegué frente a una tienda de artículos electrónicos. "oh sí" dije en trance "oh sí", con los ojos muy abiertos, llevado por la fervor consumista, bajando por el tobogán del despilfarro. entré y compré la cosa más estúpida que encontré. al pagar, en lugar de la culminación rica que buscaba con tanta ansia, sentí como me arrancaba el alma, como la pisoteaba y, toda sucia y rota, acababa en la basura. al final, ya cuando todo estaba hecho, salí del centro comercial como un adicto al juego sale de un casino o una ninfómana de un hotel o un sucio adicto de un hoyo infernal. caminé a mi casa, ahora bajo el cielo nublado, cargando la bolsa de la tienda, maldiciéndome a mí mismo, esperando a que me lleve el despilfarro.