Tuesday, April 08, 2014

para nunca regresar

31

tomé mis cosas y fui a la plataforma interestelar. hace tiempo no tenía nada que hacer y paseando por ahí encontré un panfleto que me invitaba a salir de la tierra. la cosa era que no se podía regresar, una vez en la misión el suicidio era la única manera de renunciar, parecía algo diseñado específicamente para mí. leí por ahí que la gente normalmente se aventaba al espacio y le explotaban los adentros, dura manera de morir. la tarea era ir de planeta en planeta, en una especie de informal investigación sociológica, a investigar la forma de vida de las criaturas en el universo, se aprendía lo que se podía y luego se seguía adelante, al siguiente planeta. sonaba bien y firmé. pasaron los días y se me olvidó que me había inscrito en la aventura espacial. me llegó una carta un día, decía "prepárate" tenía una semana para el comienzo del entrenamiento. "está bien" dije y me fui de fiesta. desperté en un vado 6 días después, pasé el último en la regadera. tomé mis cosas y fui a la plataforma interestelar.

me amarraron a un cohete junto a otros 9 tipos y me lanzaron al espacio. mis compañeros de misión eran tremenda colección de ñoños y raros, nadie adaptado quiere irse para nunca regresar. apenas hablábamos, no teníamos nada que decirnos. las mujeres estaban prohibidas en la expedición porque los hombres fácilmente se rendían ante el deseo y el drama empezaba. muerte, sexo, destrucción y todo se iba a la basura. yo extrañaba ver muchachas, pero más allá de eso me tenía sin cuidado, no tengo la personalidad para enamorar. el entrenamiento fue un paseo por el parque, cuando no tengo distracciones puedo hacer lo que sea. aprendí ruso y me pusieron en la mejor condición física posible. salía a correr y primero me aburría antes de cansarme. "genial" dije y acabé hasta arriba de la lista de desempeño. en un año estaba listo para abandonar el planeta que me vio convertirme en un sucio inadaptado con salir sin regreso como única opción. un martes por la tarde todo estaba estaba listo. un sacerdote fue a darme la bendición, le escupí en la cara y le dije "basura". me amarraron a un cohete junto a otros 9 tipos y me lanzaron al espacio.

así pasó el tiempo y la aventura continuaba. el ambiente en la nave era uno pesado. en menos de año y medio 5 tripulantes ya se habían suicidado. un domingo según la computadora, nos reunimos en la única ventana de la nave y vimos a faustino flotar hacia la nada, "hacia el olvido!" gritó german, "al demonio" dije antes de desayunar deliciosos huevos con jamón. nuestros compañeros se suicidaban, yo suponía tirado en mi camastro, con las manos bajo la cabeza, viendo el techo, porque la misión probó ser más difícil de lo pensando. al parecer los terrestres no son queridos en ningún lado, nuestros vicios en la personalidad son incomprendidos en todos los rincones del cosmos. somos los hijos de puta más odiados en esta y muchas otras galaxias. "mierda" decía al ser discriminado y buscaba la droga de moda del lugar. cuando estoy todo drogado soy muy simpático y poco a poco fui ganando una fama de ser buen tipo y mi ojetez resultó no ser tanto mi culpa, es la tierra la que debe ser señalada cuando tiro basura, mastico chicle ruidosamente o consumo más de lo necesario. yo estaba de acuerdo con la renuncia a la responsabilidad y me gustaba llegar a un nuevo mundo, hacer peligrosa cantidad de droga y no ser tratado con amenazas e insultos. mis compañeros se alegraban de mi popularidad, nos costaba menos hacer nuestro trabajo. contentos íbamos de planeta en planeta juntando información. así pasó el tiempo y la aventura continuaba.

miré mi reflejo en la ventana y me quedé viendo las lágrimas congeladas. en un punto de la misión, si me hubieran preguntando hubiera contestado sarcásticamente "no, no creo que los buenos tiempo duren para siempre... estúpido" y lo hubiera creído también. no había nada que se interpusiera en nuestro camino. los suicidios se habían detenido por completo y los planetas visitados nos recibían cada vez mejor. y de pronto, de la nada, como un balazo perdido cruzando la eternidad sólo para darme en medio de las cejas, llegamos al borde de una galaxia cuyo nombre no puedo pronunciar ni escribir tampoco. aterrizamos en un planeta bello, pasto verde, cielo azul etc y mujeres guapas por doquier. bajamos y echamos un vistazo, el protocolo era descuidadamente seguido y buscamos eso que me hiciera ganarme a la población. ya estaba contra la pared balbuceando carisma y encanto cuando la vi ahí parada sonriendo con los ojos brillando, irrumpiendo en mi alma, prometiendo obsesión, graffiteando en mi corazón su nombre y mis genitales, después de mucho tiempo de permanecer aletargados, rugieron furiosos buscando satisfacción y acabé completa y absolutamente enamorado. caí al suelo y me retorcí quejándome, maldiciendo al destino "todo está acabado" le dije a julian "he aquí mi fin" y fui tras ella. por supuesto, como asqueroso y miserable terrícola que soy, fui rechazo. en ese planeta perdí la dignidad y el respeto hacia mí mismo. hice cosas que jamás haría y todo para nada, ni un centímetro ganado, pura derrota. sonó la alarma en nuestros relojes que marcaban la hora de partida. fui a despedirme de ella y la encontré abrazada con uno de su especie. me sentí como un perro y, colorado y vencido, cantando canciones de desamor, ayudando por mis compañeros de tripulación, subí a la nave sin mirar atrás. nos elevamos y salimos del planeta. una ruina de hombre con la mirada fija en la nada. y así flotábamos casualmente por la oscuridad, mis compañeros me miraban con lástima, "para nunca regresar" me cantó alberto. todos, incluyéndome, sabían lo que iba a pasar, no prologué más lo inevitable y sin ceremonia salí al espacio. miré mi reflejo en la ventana y me quedé viendo las lágrimas congeladas.

Monday, March 31, 2014

vida burguesa: el desmadre

30

la miré a los ojos, me miré reflejado en sus pupilas, vi como me transformaba y desaparecí y fui sustituido por miedo y ruptura de corazón. lo había vuelto a hacer y esa verdad combinada con ser proclive a hacer tonterías, explotó y todo a mi alrededor salió volando y empecé a equivocarme, cada paso que daba era uno en falso. empezó el festival de las malas decisiones. otra verdad con la cual lidiar, otro problema que resolver, maldita sea, a correr sobre hielo. con el mundo girando descontrolado, con las manos temblorosas, abrí lo mejor que pude mi caja mental de herramientas que normalmente no está tan mal equipada, que normalmente me saca ileso, pero el tobogán de cagada no estaba listo para acabar y las malas noticias apenas empezaban. en lugar de arreglar, empecé a aventarle llaves y martillos y clavos y yo que sé al problema. la chispeada de mierda empezó a arreciar y me empapaba de lo que sólo puedo pensar era porquería invencible e inodora porque quienes me rodeaban, pero ellos que se jodan… ella nada más no entendía porque me comportaba como lo hacía y porque decía las cosas que decía y no es como si yo supiera mejor. pero lo último que soy es derrotista y supuse que había algo que salvar, supuse que tenía alguna prerrogativa, que a mí se me perdonaban cosas que a nadie más. traté de reagruparme, no iba a darme por vencido, y me lancé hacia adelante "hay que salvar lo que se pueda, reconstruir lo que se deshace en mis manos, recuperar el diminuto, pero súper valioso territorio que había perdido" era la orden primordial, tenía que escapar del deslave de la realidad que me caía encima, pero las cosas sólo empeoraban. 

me disculpé, traté de decir que lo sentía, que soy un tonto y que no había necesidad de que se fuera, que olvidara el romance, arriba la amistad y que podríamos olvidarlo todo y seguir tan bien como hasta entonces, que yo soy como todo el mundo y si me daba un segundo podía explicar, podía hacer las cosas mejores y, al parecer, lo dije en forma de algo imperdonable, algo increíblemente ofensivo, la boca se me había salido de control y lo que yo pensé chistes eran en realidad insultos y lo que yo pensé excusas, mentiras, pretextos eran vulgaridades, burlas, obscenidades y al final había revelado las desagradables cartas o mis asquerosos planes instintivos de lo que quería hacer con ella y las caras de confusión se volvieron de indignación y llegó por fin la confirmación de que ya no había vuelta atrás, todo estaba perdido. pero no había tiempo para lamentarse por mi pobre elección de palabras, era hora de atacar, pensé por alguna razón, era hora de cambiar la estrategia y decirle que se fuera a la mierda, que a mí no me importaba nada, que era una estúpida y que todos son un montón de hijos de puta como sea y acabé en la calle, sintiéndome como el peor boxeador de la historia después de mil rounds. regresé a mi casa, listo para volver a empezar, listo para perdonármelo todo, listo para no volver a saber de ella.

A KENDRICK LAMAR

Friday, February 28, 2014

vida burguesa: el despilfarro

29

la verdadera emoción, el verdadero entretenimiento, la palanca que libera la adrenalina es ir sobre la banda lenta de la vida, paciente, despilfarrando, sentando cómodamente, gastándolo todo, ignorando al futuro que agita aveces un cuchillo muy cerca de tu cara o aveces un par de tetas que te invitan a tomarlas, adentrándose poco a poco en la neblina del mañana, viendo de reojo lo que pasa alrededor, con la vista puesta en el cielo con una mueca, viéndolo cambiar de día a noche y de noche a día y así, con paciencia, despilfarrando, con el corazón vuelto loco, agitando un látigo, dominando al instinto que ruge furioso, despilfarrándolo todo; vida, tiempo, dinero, oportunidad, personas.

estaba sentado en una banca en un parque en algún lado. chiflaba contento con el talón sobre la rodilla, viendo a la gente pasar, con la palma llevando el ritmo en el respaldo de la banca. me sentía bien, estaba de muy buen humor, tenía la barriga llena y el corazón satisfecho, no había queja alguna y todo iba de maravilla, las cosas no podrían estar mejores. me paré de pronto y paseé por el parque, sintiendo, con los ojos cerrados y los brazos extendidos, la dulce brisa, detenido sólo por la vergüenza profundamente programada a dar vueltas, vulnerable ante las caricias del viento, aspirando graciosamente, imaginando mi copete bailando fuera de control al ritmo del aire. hacía muy bonito día, la luz se filtraba por las ramas de los árboles, iluminando estupendamente el paseo. el pasto verde, pajarillos por ahí y por allá gritando quien sabe que cosa, muchachas guapas de repente y gente amable deseándome un buen día. la placidez que corría libre por mi espíritu sólo aumentaba y el mundo, en esos momentos, se pintó todo de rosa. pero, antes de obligarme a mí mismo a reconocer lo bien que me la estaba pasando para luego, en esos tiempos oscuros, recordar que no todo siempre ha sido una mierda, me aburrí y, como hijo del siglo, automáticamente apareció en mi mente el cheque que me acababa de llegar y el antojo cerdo de gastarlo. "pero..." me pregunté a mí mismo parado a la mitad del parque con un dedo en el labio inferior, las pupilas hacia arriba y a la izquierda, en una pose muy coqueta "¿qué quiero? ¿qué necesito?" todo lo que quería lo tenía y la idea de consumir era terriblemente absurda. me sonrojé un poco por mi increíble suerte, soy tipo muy afortunado y no hay nada que quiera. vencido, me dejé caer en otra banca. vi el suelo como quien recibe terribles noticias, no podía ser que no necesitara nada, el dinero en mi bolsillo me quemaba el muslo y me resultaba repulsivo. "no!" grité asustando a un par de viejitas que hablaban sobre revolución, "no! no! no!" grité golpeando con mis pies el suelo, para entonces ya había saltado de la banca, "debo querer algo" y en mi mente, como abogado que descubre el argumento que gana el caso, apareció el despilfarro y en mi cabeza explotó la alegría y grité fuera de mí, señalando el cadáver de dios, "al centro comercial... al centro comercial que puedo gastar... puedo gastar en pendejadas!".

corrí afeminadamente hacia el centro comercial más cercano y paseé por las tiendas viendo porquerías inútiles que sólo un completo idiota querría. una lancha, una grabadora, unos manteles olor a plátano, para hacer el cuento corto, un sin fin de basura. sentí el freno en mi mente y el ruego a detenerme, lo sensato en mí me invitaba a escapar, pero reconocer que me jodía sólo aumentó la emoción a gastar excesivamente, innecesariamente, era justo lo que merecía. el sufrimiento al que me sometía le subía al fuego del entusiasmo y, parado en el borde del precipicio sin fin del desperfecto psicológico, me dejé caer. era hora de sentir de verdad, era hora de gastar y secretar una pus asquerosa y maloliente y bañarme en ella, enloquecido y ciego por el aturdimiento de la disociación, hundiéndome en la arena movediza que es la desesperación absoluta del aburrimiento irremediable. tras una serie de llaves a mi pequeña e inofensiva fuerza voluntad, con la cabeza dando vueltas, una felicidad artificial venció la última defensa que mi sentido común en ruinas ofrecía a la marcha imparable de la idiotez autodestructiva. empapado en sudor y temblando, dándome puñetazos en la panza para evitar que se me ocurriera salir corriendo a incorporarme de regreso a la cordura, llegué frente a una tienda de artículos electrónicos. "oh sí" dije en trance "oh sí", con los ojos muy abiertos, llevado por la fervor consumista, bajando por el tobogán del despilfarro. entré y compré la cosa más estúpida que encontré. al pagar, en lugar de la culminación rica que buscaba con tanta ansia, sentí como me arrancaba el alma, como la pisoteaba y, toda sucia y rota, acababa en la basura. al final, ya cuando todo estaba hecho, salí del centro comercial como un adicto al juego sale de un casino o una ninfómana de un hotel o un sucio adicto de un hoyo infernal. caminé a mi casa, ahora bajo el cielo nublado, cargando la bolsa de la tienda, maldiciéndome a mí mismo, esperando a que me lleve el despilfarro.

Thursday, January 23, 2014

8 años de locura y emoción VIII

qué?!
8 años de este blog, ya casi llega a la pubertad y el fin no se ve para nada cerca.
genial
8 años de cuentos y diversión y pasarla bien.
espero todo yo aquí en m.u.n. que dure todavía, por lo menos 8 años más y siga así hasta que el internet deje de existir.
eso
un súper violento e invasivo beso y un incómodo y sudoroso abrazo a todos quien leen y han leído y leerán un día.
mua!
sin ustedes no habría gran diferencia, pero de todas maneras supongo sería una pena que estos cuentos, según yo (el autor de este blog), algunos buenos algunos malos, se pierdan ignorados en las profundidades despiadadas del internet.
una disculpa, por cierto, por la pobre promoción, pero no todos podemos ser buenos para todo!
en fin.
en resumen, 8 años de este blog y una invitación cordial a que no lo abandonen por ese contenido reusado mil veces.
adios.
ah y esperen muchos cuentos más.

Tuesday, January 21, 2014

Grupo de control

28

Tomás estaba echado en su cama hurgando con vehemencia su nariz. el dedo se movía a una velocidad impresionante y la mirada ausente parecía la de un animal, como la de una vaca o la de una oveja, si alguien hubiera entrado en ese momento al grande y etéreamente iluminado cuarto aquella preciosa tarde de abril, no hubiera tenido problema en matarlo y comérselo al verlo ahí con la barriga de fuera, perdido el embrutecimiento de la exploración nasal, recordatorio de donde vienen los deliciosos bistecs que comemos sin piedad todos los días. de un segundo a otro, el dedo de Tomás no estaba más en la fosa y, en un glitch de la realidad, apareció frente a los cachetes y la papada, coronado por un moco enorme gris con verde y puntos rojos aquí y allá. Tomás se le quedó viendo un segundo, con gesto de absoluto desconcierto, a punto de entender al universo, el plan natural, y darse cuenta que todo está unido, que todos compatimos el mismo espítu y todas esas cosas que sólo lo ponen a uno contento un segundo para luego ser eclipsado por los problemas mundanos sin importancia, pero Tomás no llegó a enterarse de nada porque la sirvienta conchita gritó al pie de las escaleras "a comer! niño Tomás, a comer!". en los ojos de Tomás apareció un destello de alegría y en la boca una mueca de idiota emoción. el moco fue a parar entre la cama y la pared y Tomás se paró de su salto sorprendentemente ágil y salió corriendo a comerse una mediocre milanesa.

Tomás estaba con su novia marisa paseando por el centro comercial. Marisa hablaba y hablaba sobre alguna amiga que Tomás conocía, pero sería incapaz de reconocer, "mi amiga petra es una hija de puta, a veces me dan ganas de matarla" decía marisa una y otra vez. Tomás no ponía atención, estaba pensando en las tetas gordas, rebotando, de quien le dejaría hacerle porquerías dentro de poco, cada vez más poco, oh ansiando momento, oh preciado instante! pensaba en su trasero ancho y en su sexo oloroso y sudando. marisa creía, como un creyente casual y despreocupado cree en dios, en el amor, le habían lavado el cerebro más de la cuenta y ahora estaba destinada a una vida de insatisfacción emocional si corría con la buena suerte de nunca encontrar a algún monstruo que disfruta de mentirles a las ilusas, consumiendoles el alma. Tomás, como su mamá le había enseñado en la niñez, se esforzó en pensar en otra cosa para no impacientarse y así entretenerse en lo que la calentura juvenil de marisa llegaba. se puso a pensar, muy de pasada y nada analíticamente, sobre su vida. a Tomás no le importaba nada en realidad, sólo muy instintivamente él mismo. la vida de Tomás, qué cosa más rara, todo hedonismo, todo ocio, todo espera, todo inmediata intranscendental satisfacción de caprichos insulsos. Tomás pensaba lo anterior, viéndo a marisa comer un helado de frambuesa sin dejar de hablar, pequeñas salpicaduras de helado le caían a Tomás en la cara y en la ropa. la angustia existencial paseaba su dedo sobre el timbre de la puerta de la conciencia cuando marisa tomó a Tomás del pene, hizo "mmm" y pasó su lengua mojando sus delgados y malpintados labios. "sexo, Tomás, sexo" Tomás obviamente olvidó todos esos anteriores lunares sospechosos en la cara de su alma y salió corriendo con marisa a su cuarto.

Tomás estaba tomando con sus amigos, escuchando música brasileña. "qué curioso" pensó el más despierto de ellos, por qué no estaban escuchando los éxitos del momento, quien sabe, qué pereza todo. Tomás estaba terminando de un trago cubas libres, esperando al más vanidoso de su grupo, echado en un sillón de la sala típicamente clase media de alguno que qué importaba. ya un poco borracho veía una pintura que la mamá de uno de sus anónimos compañeros de alienación había comprado sólo porque sí. la pintura era de una cueva iluminada en su interior y gente saliendo de ella. terminó a quien esperaban y fueron, sin pensarlo dos veces, a un lugar con alcohol caro donde hace mucho calor y está lleno de gente igual, fueron al club a ver si podían conseguir una mujer o yo que sé. los amigos caminaron con pompa y circunstancia por la calle, con la esperanza brillando en los ojos de que esa podía ser una noche especial, a esperar en el frío a que alguno con poquito poder que no acabó la primaria les diera la oportunidad de entrar a gastar. entraron por fin y bailaron y tomaron y se emborracharon hasta que ya no sabían que era que. el amigo con problemas de alcohol de Tomás se le acercó y empezó a preguntarle que si esto era todo, si no había nada más, si de esto se trataba la vida, conseguir dinero, gastar dinero, conseguir dinero y gastarlo hasta que se acababa todo? "ese es el chiste de la vida, Tomás?" gritó el amigo en llanto, jalando el cuello de la camisa de Tomás. Tomás se vio a él mismo en la desesperación de los ojos de quien conocía desde el kindergarden y quiso simpatizar y unírsele y llorar juntos su falta de imaginación, pero fue interrumpido por el coro de todos en el lugar "malacopa! malacopa!" gritaba cada uno de los los presentes y Tomás, a punto de disculparse, pero sin lograrlo, se les unió. el amigo borracho cayó vencido hasta que llegó alguien a darle más alcohol y decirle que no los hiciera pasar vergüenzas.

Monday, December 02, 2013

almacén de inútiles

27

muriel, despeinada, demacrada y con mocos bajando de la nariz, esperaba a su marido, meciéndose, nerviosa, en su sala con sillones y alfombra blancos y lamparas rosas, con pinturas de caballos y payasos serios, iluminada bien por las puertas de vidrio que daban al patio. eran las 3 de la tarde de un jueves aparentemente ordinario. un señor calvo y flaco, pero panzón, entró con el saco desarreglado y el portafolio desbordándose de papel, había cansancio desgarrador en su gesto y prisa torpe en sus movimientos, parecía reflexionar sobre cada movimiento antes de hacerlo. dio unos pasos por el pasillo que separaba a la cocina de la sala/comedor de su casa tamaño regular y se quedó parado. "juaquin" le susurró muriel a su esposo, poniéndose de pie, dejando caer su pañuelo desechable; el perro de la familia, joselino, se lo comió sin que nadie se enterara. juaquin y muriel se quedaron viendo unos segundos, el corazón alocado, tics yendo y viniendo por los rostros, un segundo de suspenso insoportable y juaquin sonrió por fin, la primera sonrisa en 25 años, pequeños cúmulos de piel cayeron de su cara, muriel rompió en llanto, corrió hacia su hombre y se abrazaron con fuerza, se abrazaron como dos sobrevivientes de la peor guerra de la historia y se sintieron el uno al otro, celebrando la hazaña de haber sobrevivido, felicitándose y no pudiendo esperar a que empezara su futuro brillante. "tengo el maldito dinero... vamos a sacarlo de aquí" dijo juaquin en el oído de muriel antes de separarse y limpiar su cara, sonriendo como un niño.

"ramoncito..." muriel tocó la puerta tímidamente. no se podía hablar con ramoncito, nunca sabías cuando estaba ocupado con sus proyectos o cuando estaba dormido o viendo la tele. momento equivocado y ramoncito empezaba a gritar y a decir cosas hirientes y el día estaba arruinado. ramoncito llevaba años trabajando en lo que él decía era su obra maestra y eras llamado un estúpido ignorante si preguntabas algo más. una tarde, que ramoncito se fue de juerga, muriel se metió a su cuarto y descubrió con horror que ramoncito, abajo de su cama, en una caja, tenía un montón de espantosas figuritas hechas de alambre y cassettes con canciones horribles. desde niño había sido un tremendo hijo de puta y desde que pudo hablar muriel y juaquin fantaseaban con su partida, pero cumplió los 18, terminó la escuela, siguió pasando el tiempo y nunca se fue. por una mezcla de valores burgueses programados el disco duro primordial, de cultura incrustada como calzón en gordo, de culpa, de chisme familiar, de el-qué-dirán y miles de cosas más que tenían que soportar para pertenecer, no se atrevían a correrlo de su casa, además de que era un bueno para nada y mandarlo al mundo real significaría condenada de muerte. por eso, a través de los años, aceptaron con la cabeza abajo que su parásito hijo jamás se iría y las cosas seguirían de ese modo hasta el fin. pero una tarde, en el mercado, a muriel le dieron un panfleto. dejó el mandado a la mitad de la calle y corrió lo más rápido que pudo de regreso a su casa. juaquin estaba en el comedor con un vaso de whiskey, escuchando contra su voluntad el último paisaje sonoro de su hijo, maldiciendo la vida, perdido en muchos tipos de oscuridad. "juaquin!" gritó muriel al entrar kramerezcamente, "juaquin!" gritó con todas sus fuerzas, agitando la cabeza, "cállate, mamá" se escuchó a la distancia. con el panfleto memorizado y arrugado en sus manos, lloraron como refugiados que reciben la noticia de su regreso a casa. eso fue hace 4 años, el almacén cuesta mucho dinero y nuestros protagonistas apenas sabían jugar al capitalismo, así que se pusieron ahorrar pacientemente, a escarbar con temple, poco a poco, día a día, en la pared de su celda existencial, siempre con la esperanza de la libertad, esperando el glorioso momento de verse libres de su inútil.

abrieron la puerta despacio, con cuidado, sin hacer el menor ruido. muriel y juaquin, cada vez que tenían que tratar con ramoncito, se volvían dos inexpertos artificieros, uno pensaría que ya se habrían acostumbrado con 25 años de práctica, pero estas bombas eran siempre diferentes, siempre impredecibles y explotaban inevitablemente. se asomaron, ramoncito estaba dormido, se pasaba las noches haciendo quien sabe que cosa y dormía durante el día. muriel hizo una seña y retrocedieron, dejando pasar a tres tipos corpulentos con cara de hombres serios. "ramón!" gritó uno de ellos mientras lo zarandeaba, otro de los hombres guardaba ropa interior en una bolsa de basura, el tercero fue al baño por el cepillo de dientes. ramoncito despertó sobresaltado, los hombres lo agarraron y levantaron sin problema. ramoncito, que en cualquier otra época ya sería un hombre hecho y derecho, listo para tener familia y morir en la guerra y a los casi treinta años con fuerza suficiente para presentar el que sea tipo de pelea, no puso resistencia. sólo, primero, hizo cara de confusión y, después, se empezó a quejar, "ay déjenme dormir, quien son estos, ay, mamá, maldita sea, qué les pasa, déjenme dormir". sin dificultad, los hombres, cargando al bulto humano, bajaron las escaleras, atravesaron la casa y salieron. ramoncito miraba a su alrededor desorientado, tal vez pensando que era un sueño, a lo mejor no sospechaba que al fin sus padres se atrevieron a librarse de él, diciéndose a él mismo, tras increíbles acrobacias mentales, que seguía siendo el amo de su destino. muriel y juaquin se quedaron parados en la entrada, abrazados, con lagrimas de felicidad en los ojos, viendo a unos extraños llevarse a su único hijo como los de control de animales se llevan a una alimaña que ha estado molestado sin parar durante años. y allá fue ramoncito, a la parte de atrás de una camioneta, sin una palabra de explicación, sin idea de lo que le estaba pasando o a donde iba ni por qué, en camino sin regreso al almacén de inútiles.

Wednesday, November 06, 2013

rubén y patricio matan con baile a algún anciano

26

"rubeeeeen!" gritó patricio, bajando a toda velocidad por una colina en su bicicleta. iba tarde a ensayar. rubén y patricio tenían un grupo de baile, por el momento sólo eran dos, pero todos los días buscaban a un tercero, nada de suerte hasta entonces. rubén, un tipo con labios enormes como de pez gato y lentes de aumento escalofriante, estaba parado en su jardín delantero, viendo el cielo con la cara fruncida, con las manos en la cintura, sacando la barriga. patricio pasó con la bicicleta fuera de control, se fue a estrellar contra un árbol y se abrió la cabeza, sangre brotó de su frente, pintando de rojo su cara de rasgos infantiles, parecía más joven de lo que en realidad era. rubén corrió torpemente hasta su amigo de años, "oh crito! oh jesús" no era creyente, pero no había actualizado sus expresiones a su presente ateo. patricio, tirado en el pasto de la casa de enfrente, la casa de los rodríguez mendieta, una pareja de ancianos escuchando canciones viejas en su sala decorada en los años 60, no sabía que había pasado, la cabeza le daba vueltas y un pedazo de madera le salía de la frente. la víctima de la velocidad, desorientado, vio a rubén parado junto él haciendo una cara especialmente fea, se preguntaba sobre el dolor agudo en su cabeza, sobre que habrá salido mal, pero, pasó un segundo, y supo que no había tiempo que perder, que si querían ganar la competencia de talento de la prepa 16 tenían que ponerse serios y sacrificarlo todo en nombre de la perfección. "rubén" dijo con sangre coloreando su playera, "se nos hace tarde..." y un brillo de decisión resplandeció en los ojos color agua puerca del jovencito medio bruto, pero de buen corazón, una seriedad admirable explotó en su gesto y una hambre de triunfo era la conclusión que sacaría hasta el más despistado al ver aquel rostro ensangrentado, "se hace tarde para enseñar" terminó solemne, sentando en el pasto con hormigas mordiendo su pantorrilla. rubén, quien hasta ese momento estaba parado sin saber que hacer, nunca esperó aquella reacción de su compañero de baile, y, cacheteado por sorpresa, abrió los ojos por completo después de una vida de tenerlos entreabiertos, sacó los labios como perfilándose para un beso, y, cuando su cerebro terminó de computar todo lo que acababa de pasar, sonrió impresionado y orgulloso. "de acuerdo!" gritó rubén, ayudando a patricio a pararse y, ya en posición, permanecieron inmóviles, muy derechos, con la dulce brisa de primavera cooperando para que la escena fuera una genial. en la casa, los viejitos los miraban desde su sala, espantados por el ruido de cabeza contra árbol, preguntándose que hacían esos dos atolondrados, "mira, marta" dijo el viejo, "qué estarán haciendo esos dos ahí parados". de regreso en el jardín, junto al árbol, viendo hacia adelante, con cara de absoluta seriedad y concentración, "listo?!" gritó rubén, "listo!" contestó patricio en la misma pose, su herida ya había cicatrizado gracias a su fulgurante pasión por el baile, y contaron en sus mentes "y 1... y 2... y 1, 2, 3". la coreografía, diseñada con igual partes de corazón y cerebro, reflejaba la angustia adolescente del no precisamente bello, del socialmente torpe, del que se sienta frente los controles de la lujuria natural, quejándose por la falta de manual y sin la menor idea de qué le está pasado al cuerpo y mente al presenciar el desfile aparentemente interminable de criaturas mágicas que joden con lo más primitivo y profundo de uno, empezó y explotó en una serie de movimientos hermosos, los rodríguez mendieta, todavía asomados por la ventana, fueron agarrados desprevenidos. los dos amigos se movían exactamente igual, un reflejo el uno del otro, con gotas de sudor saliendo disparadas hacia el aire, con pujidos de esfuerzo resonando en toda la calle, con vapor olor a cheetos saliendo de sus cuerpos. los ancianos, boquiabiertos, nunca habían visto semejante espectáculo y al decrépito testigo de la expresión adolescente le explotó una embolia que llevaba años latente en su cerebro. "sí!" se escuchó desde el jardín, los dos muchachos celebraban, saltando, doblando las rodillas, sonriendo, con lagrimas de felicidad corriendo por sus caras, abrazándose, sintiéndose como dos jóvenes compositores después de terminar esa obra que les daría ansiado reconocimiento. rubén y patricio, sin darse cuenta de lo que habían hecho, fueron muy emocionados a la casa de rubén, intercambiando notas "sí, sí, pero en el paso 32 creo que deberíamos hacer esto" "de acuerdo, de acuerdo". al señor rodríguez mendienta se lo llevaron horas después, con la señora rodríguez mendieta viendo detenidamente el cadáver pálido con gesto deformado de su marido de 50 años. terminaron de meter al anciano y la señora se quedó parada unos segundos en la calle, viendo atónita como se alejaba la ambulancia. la viejecilla, sola por primera vez en décadas, cerró al puerta delantera lentamente, escuchó el refrescante y novedoso silencio, se sentó un poco nerviosa en su sala sin creer lo que acababa de pasar y "por fin", dijo con una sonrisa formándose en su cara "por fin... puedo cagar con la puerta abierta".

"sí!".

A COCOON CENTRAL DANCE TEAM