Wednesday, November 29, 2017

El Lactario

86

Estábamos en una junta, alucinando del aburrimiento. Sin previo aviso, Lorena Aldo Durango, la única mujer de nuestra área, se paró e interrumpió cuando el jefe estaba a punto de dejarnos ir. Los otros 9 la vimos con horror, “pero qué haces” le decían nuestras miradas, pero rápido las desviamos, Lorena tendía a acusarte de acoso sexual a la menor provocación; vimos la mesa, la pared, la presentación de Power Point y esperamos a que no sea otro reclamo sobre como no se siente a gusto porque nadie la quiere y no era como si no tuviera razón, todo el mundo la odiaba por loca e incompetente, pero más que nada porque abusaba de que no la podían despedir porque todas las áreas tenían que tener por lo menos una mujer. “Tengo algo que anunciar” dijo pasando sus ojos por los presentes, “estoy embarazada” y se quedó callada esperando felicitaciones o yo que sé, pero todo lo que recibió fue ojos hacia arriba y resoplidos, era la décima vez ese año que Lorena sufría embarazo psicológico. “Bueno” dijo el jefe después de segundos muy incómodos “pueden ir en paz” anunció con una risita, chiste del que se arrepintió de inmediato; Lorena, la primera vez que escuchó el chascarrillo, se quejó con los que pagan y el jefe recibió una reprimenda humillante, “esta no es una iglesia” le dijeron y al pobre hombre se le rompió el espíritu. Ahora, temiendo lo peor, volteamos rápido hacia Lorena y más rápido todavía desviamos la mirada, seguros de que se avecinaba una tormenta, pero por lo poco que pude ver, Lorena, al parecer, no se enteró del chiste, estaba colorada juntando energía para berrinche. “¡Esta vez es en serio!” gritó, golpeando la mesa repetidas veces “¡y voy a necesitar un lactario para poder amamantar a mi bebé!”, “pero, Lorena” empezó el jefe, sin verla directamente, viendo, como la veíamos todos, un poco hacia arriba y hacia la izquierda o derecha, ya depende de cada quien, “no alcanza el presupuesto” decía con la voz cortada el hombre a cargo. A eso, Lorena contestó con su usual siempre a la mano discurso de discriminación por patriarcado y machismo y usualmente ahí nos quedábamos tres horas, pero, afortunadamente, mientras la demente mujer soltaba su discurso sin sentido, a mí, echado en mi silla, mordiendo un lápiz, viendo las venas y los tics del jefe callado soportando el abuso, se me ocurrió una travesura. Levanté la mano, “perdón por la interrupción” dije parándome, todos me vieron con sorpresa, “como ha sufrido mucho…” esperé para risas, hubo algunas “ ...me gustaría ayudar a pagar por el lactario”. Todos, menos Lorena, me vieron ya sabiendo que algo traía entre manos, reconociendo mi genio para la ocurrencia. Ella primero me vio sorprendida y luego me sonrió altaneramente como pensando que quería meterme en sus pantalones o alguna idiotez similar y ya me iba a decir alguna guarrada cuando “bien, asunto resuelto” dijo el jefe y todos salimos corriendo antes de que otra cosa pasara.
Con la lengua en el labio superior, enloquecido por la taurina y peligrosa cantidad de THC, diseñaba el lactario en Microsoft Paint. Lorena llegó y yo adopté una postura neutral. “Mi cuerpo te lo agradece” me dijo y yo, por casi no aguantar la risa, no pude evitar mirarla y en esa milésima que la vi, pude reconocer la locura plena, presencié lo que el poder descontrolado regalado puede hacerle a un ser humano, sus ojos eran abismos de demencia, su gesto revelaba que allá adentro no quedaba otra cosa más que disonancia, “madre santa” susurré y me llené de miedo. Me recordó a África después de que se fueron de repente los europeos, no hemos aprendido nada. “Sí, no te apures” balbuceé, viendo mi monitor sin mover un músculo, ella eventualmente se fue decepcionada de que se quedó sin rechazarme cuando, estaba segura, la invitara a salir. Acabé mi diseño poco después, lo imprimí y llevé con el ingeniero Villalpando. Él lo vio confundido unos segundos y “pero este es…”, “aja” le respondí emocionado, “de acuerdo” dijo haciéndome una caricia en la mano, dándome un guiño, yo sólo reí incómodo, un tanto halagado, pero no dispuesto, mi heterosexualidad había resultado gigantesco obstáculo en mi carrera. “Gracias, de verás” le dije yéndome carente de gracia. Llegué a la parte de atrás del edificio. Los muchachos y yo jugábamos básquet todos los jueves a la hora de la salida y hacía suertes con el balón, rebotándolo y pasándolo entre mis piernas, cuando se escucharon los primeros ruidos de la construcción. Tiré, encesté y sonreí viendo el edificio “ha empezado” dije mientras se metía el sol, con el cielo naranja, pájaros volando, el universo me saludaba respetando mi esfuerzo.

Al día siguiente, llegué con refrescos y tacos de canasta, era hora de convivio para celebrar el lactario. Lorena llegó corriendo haciendo el baile de ganas de hacer del baño y así descubrió que habían convertido en lactario al baño de mujeres, el único que había en ese piso, el otro más cercano estaba en el piso seis, en medio del área de relaciones públicas. Ahora, Lorena tenía que subir a esa área que, como suele pasar, está lleno de mujeres, donde, como sólo ellas pueden hacerlo, la destruirían por su horrible actitud, su ignorancia total de la moda o simplemente por diversión, todo ella era sangre en el agua para esas tiburones que disfrutan hacer pedazos a otras mujeres y tendrían incontables oportunidades mientras Lorena esperaba a que se desocupara el baño naturalmente siempre ocupado. Y yo reía a carcajadas en el convivio donde todos estuvimos muy contentos, todos menos Lorena. Uno de los síntomas del embarazo psicológico es la constante ida al baño y ella tuvo que bajar y subir toda esa tarde y resto del poco tiempo que le tomó renunciar. El lunes siguiente a la renuncia de Lorena, llegó Viridiana, una buena mujer con excelente sentido del humor a la que no le importaba compartir el baño de hombres. Se integró de inmediato y a todos nos caía muy bien. El lactario fue lo mejor que nos ha pasado.

Friday, November 24, 2017

No Podría Aguantar El Dolor

85

Estaba desnudo, tirado en el suelo, cubierto del pelo más parado hasta la uña más larga, de pintura. Tenía la cara sumergida en un charco de lágrimas. Frente a mí, un cuadro completamente gris. Hace unos días, estaba viendo mis cuadros de hace diez años y ay cuanto he cambiado, ahí frente a ellos me hicieron persignarme de la impresión, la libertad de la despreocupación juvenil que emanaban, vestigio de quien una vez fui, ahí, de mis dedos y cerebro y ahora me azotaba, chillaba y hacia berrinche, qué más da y el sentimiento empeoraba cuando me recordaba que las cosas podrían ser peores, que yo no tenía derecho a quejarme, mi vida era cómoda y había empezado ganando duro; yo estoy en ese pequeño porcentaje de la humanidad que no vive constantemente jodido y yo estoy de acuerdo, pero como sea, no importa cuánto intentaba convencerme de que bien podría ser el tipo más feliz del mundo, plenamente consciente de que reclamaba absurdamente el transcurso natural de la vida de un hombre de mi clase y tiempo, nada me quitaba la tristeza brutal que aparecía de repente y la pesadumbre de luchar contra ella y la falta de energía para hacerle frente y tenía que pararme, vestirme, peinarme e ir a trabajar o me volvería un vagabundo, cochina vida y sospechaba, aun cuando no había estudiado psiquiatría, que vivía deprimido, pero quien no sufre de depresión hoy en día y me decía, levantando la cara al cielo, sintiéndome un poco mejor, que por lo menos tenía mi arte, podía sacar el descontento en forma de cuadros grises que a nadie gustan; es un misterio el gusto popular y todo quien se ha atrevido sabe que producir no es ni un cuarto de la batalla, el verdadero esfuerzo está en ir y conocer gente, decirles “mira mi basura” y que ellos digan “ay está linda” y así, incansablemente, todos los días, hasta que un día, puede que sí, puede que no, pegas y vives de lo que te permite vivir, pero en realidad quien sabe, la verdad nunca he llegado tan lejos, yo sólo pinto y ahí se quedan mis cuadros grises a los que les saco fotos que pongo en internet y desconocidos de Centroamérica parecen disfrutarlos, un misterio esos centroamericanos, pero qué más da, siento que no hay muchos lazos entre yo y el resto de la gente, que estoy muy alienado, veo a las personas pasear por ahí contentas y no me puedo poner en su lugar, es como si hubiera gente que puede volar y yo caminando de aquí a allá, diciéndome que lo que hacen es imposible y me pregunto sobre el futuro, qué va a ser de mí, soy relativamente joven todavía, me quedan por lo menos otros 30 años de vida, y sospecho que sólo va a empeorar, que me volveré más raro todavía y es un círculo vicioso, mientras más raro más solo, mientras más solo más raro, y al final me da un poco igual la gente, lo que me preocupa es el arte, no puedo seguir produciendo cuadros grises para siempre, no por nadie más que yo mismo, si no pasa nada nunca, como parece ser una ley de este pequeño infierno en el que vivo, no va a cambiar mi salida artística, siempre igual y eso sí es motivo de desvelo, y por eso lo sigo intentando, no me canso de intentar cambiar lo que entra para que poder pintar sobre otra cosa, pero por el momento no hay señales de cambio y todavía hay algo peor, que me trague el mundo de verdad, que se me quiten las ganas de producir, que me vuelva un tipo serio, un súper adulto, que no encuentre la razón para cubrirme de pintura, ni gris, ni nada, sólo mierda mundana de lunes a domingo, y me da curiosidad si un día me preocuparé más por la reputación y el estatus que por la calidad de la obra, del siguiente cuadro, me cuesta trabajo imaginar vivir sin esa alegría que da encontrar un tema y empezar a imaginar cómo se vería, claro, ahora quedan grises, pero estoy seguro de que pasara mi etapa gris y, al final, porque no hay de otra, sólo queda seguir produciendo porque cuando la mierda de la vida llega hasta el tope no hay otro escape que el arte, sin él no podría aguantar el dolor.

Wednesday, November 15, 2017

Mega Mame

84

Me dieron un certificado. Decía “Maestro En Mega Mame”. Lo vi en mis manos, quería sentir orgullo, pero sabía que no me lo merecía, burbujeaba todavía en mí la neurosis, no había paz, sólo guerra y no estaba listo para salir, pero el curso se habían acabado y era hora de dejar el retiro donde había permanecido en silencio, tratando de domar a mis demonios clase media, pero los hijos de perra eran especialmente duros y ahí seguían, acechando, jodiéndome, diciéndome cosas como “te vas a volver vagabundo” y yo tragaba saliva, nervioso, escuchando los aplausos. “OK, está bien, lo que sea” les dije cuando me pidieron unas palabras; ni modo, allá voy.
Llegué y supieron de inmediato; no importaba cuántas sonrisas daba, no importaba cuanta técnica aprendida en el curso de mega mame aplicaba, sabían, la irremediable desgarradora incurable tristeza en mis ojos me delataba. “a nadie le interesa” me decían esos que fácilmente podrían ver pasivamente como se ahogaba alguien y he aprendido que no sirve de nada quejarse, es el viejo oeste, no importa que tan malcriado seas, no hay lugar para el berrinche y como sea, a pesar de todo, yo chillaba como el mariquita que era a la vez que me recordaba que si no perteneces, sólo queda el mega mame y yo lo aplicaba desesperado, lo accionaba ansioso, pretendía como me habían enseñado, pero los aparentemente gustosos participantes de la fantasía reconocían de inmediato a quien no estaba jugando bien, al no enajenado, quien no se ha perdido en su papel, no importa cuánto mega mame se aplique.
Repasaba y me decía, como una oración, como un mantra, que la dureza llegaría, que tuviera paciencia, que mi mascara, tarde o temprano, se volvería mi cara y yo tragaba saliva, con miedo en la mirada y decía “ok, está bien, lo que sea”, pero yo sabía que mi personalidad era la receta perfecta de defectos para no aprender nada y seguir haciendo tonterías. “Oh no” susurraba empapado en sudor, en el escenario, contra una pared, horrorizado y cerraba los ojos y trataba con todas mis fuerzas de contestar como debía, de no quejarme todo el tiempo, de reaccionar apropiadamente, pero me descubrían y yo ahora tenía que actuar acorde, tenía que verlos a sus caras monstruosas y decir “sí, estoy mega mamando, pero no hay nada que pueda hacer al respecto” y señalaba, impotente, a mis demonios, y los nativos de esta extraña árida fantasía me miraban con fastidio, me miraban como burros verían a una cebra tratando de pasar inadvertida, pero en realidad, pensándolo bien, quien sabe que mierda estaba pasando en esa cabezota troglodita y trataba, para salvar tantita autoestima, de descalificarlos de retrasados y, mientras tanto, con el orgullo en la basura, caían lágrimas sobre el teclado, “una vez yo me creí intelectual” y ya ni me daban ganas de burlarme de mí mismo.
Pasaban las semanas. Me miraba en el espejo, repasando mis lecciones en mega mame, tratando sin mucho éxito de mantenerme en personaje, casi siempre vencido por la impaciencia, el capricho y las ganas de llorar, pero a veces, de repente, con el dedo gordo del pie inhumanamente estirado, podía sentir el suelo del oh tan profundo océano que era el delirio permanente en cual descendía, y creía haber llegado y empezaba a sentir mi mascara formar parte de mí; “el mega mame funciona” me decía con esperanza, ya celebrando, pero al reconocer, todo se venía abajo, mi personaje se suponía no pretendía; mi personaje me choca, no puedo hacer las paces con este papel, pero los demonios y no hay derecho y etcétera y con el cachete recargado en la palma y el codo en el escritorio, veía genuinamente impresionado a los demás desempeñar sus papeles tan naturalmente y luego, como quien lleva demasiado en el calabozo del aburrimiento y se asoma de entre los barrotes para ver la repentinamente añorada pared de fusilamiento, yo veía a los viejos locos ya tan cómodos ya para siempre perdidos en sus papeles en esta larga y tediosa obra de teatro que es la vida que he elegido. “ok, está bien, lo que sea” repetía, con ganas de quejarme, pero también, de mala gana, reconociendo que no todo estaba tan mal, era sólo muy aburrido y allá iba, con terrible actitud, arrastrando los pies, esperando, pasando semana tras semana, viendo en mis manos, ansiando resignación, mi certificado en mega mame.